El otoño no me ha sentado nada bien... y llevo en cama desde el viernes. De momento, me esperan unos días más... Soy un pésimo enfermo y echo de menos el trabajo, a mis alumnos, el barullo de la ciudad y entrar y salir normalmente. En fin, una lata.
Al menos, he podido ponerme al día con unas cuantas series y ya solo me quedan dos episodios para terminar las magistrales seis temporadas (con esa intensísima, oscurísima y peculiar sexta-bis) de
Los Soprano. A ver qué tal ese comentadísimo episodio final del que no he querido saber nada, a pesar de que ha sido más que difícil no enterarse de su contenido, ante los ríos de tinta que generó en su momento y que aún pueblan la red.
En cuanto a los vicios televisivos de este mes -algunos nuevos y otros, no tanto-, aquí van algunos apuntes...
Me divierte
Miénteme. Su planteamiento imita punto por punto el esquema de CSI, sustituyendo la investigación científica por el lenguaje no verbal. Entre sus defectos, además, hay que admitir que sus técnicas de investigación son tan pobres que parecen sacadas de los capítulos más flojos del libro de Flora Davis y los secundarios sobreactúan para que notemos sus gestos en todo momento, de modo que todos sabemos que mienten en cuanto lo hacen. Sin embargo, su ritmo es ágil, sus personajes no funcionan del todo mal -muy mono, por cierto, el chico que solo puede decir la verdad- y, ante todo, sale
Tim Roth, uno de los actores que más me gustan -enorme carisma y fuerte personalidad escénica- y al que podría soportar hasta en un remake de
Aquí no hay quien viva si fuera necesario. Solo por verlo a él sigo la serie, con la esperanza de que los guionistas descubran que su prota es un punto fuerte y se despeguen de CSI para ofrecernos otra cosa. De momento, ya han creado un misterio en su pasado -el porqué de su interés en el lenguaje gestual- y hasta lo han aproximado a la línea de series como
House en algún capítulo. Supongo que lo que les falta es decidir un camino y otorgar al producto una auténtica personalidad. Veremos.
Me interesó (a medias)
Flash Forward. La obsesión de su equipo -y de su cadena, ABC- por convertirla en la nueva
Perdidos, me chirría en exceso. Seguramente porque
Lost no pretendía ser
Lost, pero se convirtió en un hito televisivo por sí misma, a pesar de sus trampas y sus retruécanos de guión. Da igual. Somos una legión de fanáticos los que contamos los días para ese enero de 2010 en el que comenzará la última temporada. En
Flash Forward también se nos ofrece un piloto espectacular -aunque no creo que sea comparable al accidente inicial de
Perdidos- y una idea inteligente, pero es todo mucho menos natural, menos complejo y, a estas alturas, menos sorprendente. Además, Joseph Fiennes (todavía no he visto un solo papel de este chico en el que me convenza) no es tan sexy como Jack o Sawyer y la protagonista, la Penny de
Perdidos, no tiene el carisma ni de Kate ni de Juliet (¿quién ha hecho un casting tan anodino?). La serie -aunque sea también coral- tiene una estructura mucho más sencilla que
Lost y empezó con una trampa tan pueril (ese vídeo captado por las cámaras de seguridad y, alehop, cazado casualmente por la policía: parecía hecho de coña) que hace prever un desarrollo quizá precipitado, al estilo de la última y patética temporada de
Prison Break (con lo geniales que fueron , en sus subgéneros, las dos primeras). De momento, habrá que seguir viendo cómo evoluciona la serie, pero no acabo de saber si este cruce de
Memento-
Lost-K.Dick funcionará como pretenden.
Me provocó curiosidad el arranque de la nueva temporada de
House. El hecho de que sigan inventando y sorprendiendo al espectador es más que meritorio en una serie que comienza ya su sexta temporada. La duda es hasta cuándo pretenden alargarlo... Ojalá decidan parar en un momento en que serie y personaje aún mantengan su dignidad. De momento, el episodio de hora y media con House en el psiquiátrico es, cuando menos, interesante. A ver qué viene luego...
Me aburre -infinitamente- la segunda temporada de True Blood. Tampoco me entusiasmaba la primera, pero al menos era brutalmente sexy, muy atrevida y, sobre todo, funcionaba como una crítica durísima y gamberra de todo tipo de fanatismo. Ahora, de repente, desaparece la oscuridad turbia y real de los guiones del principio y se convierte en un serial teen tontorrón y sentimentaloide de vampiros-niñatos y víctimas-niñatas. Qué pena que se haya preferido lo comercial a lo transgresor. Tal vez, en una tercera temporada, se recupere el malsano criterio original.
Me alegra -sobremanera- que hayan echado a Violeta de
Física o Química. La serie -todo un sacrilegio mencionarla en este post, lo sé, pero la fiebre es lo que tiene- ha empezado este curso con guiones aún peores que los de la temporada anterior (¡y parecía imposible!), repitiendo las mismas tramas y alargando hasta la náusea historias de nulo interés (el fanático religioso que quiere cantar ¡con Nacho Cano! y otras ideas igualmente brillantes). Para colmo, se han montado su propia versión de
Juno (peli moralista y sobrevalorada, he de decir) con la tal Angy, una de las actrices más inexplicable de ese gazpacho folletinesco (¿quién le ha dicho que colgarse todas las muñequeras de su barrio y mirar al suelo con cara de bizca es actuar?). De momento, Blanca Romero sigue actuando (¿no se han dado cuenta de que es un peligro para la salud pública?) y hasta ha estrenado una película (sin comentarios), con lo que el virus FoQ parece ir más allá del televisor. Yo, de momento, sigo consumiéndolo como mi dosis de telebasura semanal (qué le vamos a hacer, no tengo fuerzas para desengancharme), incapaz de dejar de reírme ante las frases de sus personajes (sobre todo, de las supuestamene dramáticas) y las situaciones que se plantean. Como ejemplo, me quedo con los cuadros perpetrados por el supuesto profesor de Arte: ¿no había dinero en producción para encargar algo mínimamente digno? Digamos que parecen pintados por la mismísima Belén Esteban después de un maratón en
Sálvame...
Y, por último, volviendo a eventos más, digamos, culturales, me muero de impaciencia por ver tanto la tercera de
Mad Men -que me espera seductora en mi pc- como por saber qué hace la Adrianna de
Los Soprano en la nueva temporada de
Desperate Housewives. El fichaje -con guiño autorreferencial y televisivo incluido- promete...
Por ahora, poco más, me vuelvo al sofá, manta y mando de televisión en mano, deseando que la salud posea mi cuerpo cual Megan Fox en
Jennifer's body para retomar la normalidad. Quién me iba a decir a mí que iba a echar tanto de menos a mis alumnos... Con lo felices que deben de estar ellos sin aguantar al pesado de su profe de literatura...