27.4.06

Razones para huir

Anoche lo intenté. Hice acopio de paciencia -no tengo mucha, así que cogí toda la que pude- y me mentalicé antes de intentar ver esa espléndida muestra del humor sofisticado que es Los hombres de Paco.
Al menos, pensé, uno de esos hombres era el apetecible Hugo Silva, a quien ya había padecido actoralmente -y disfrutado hormonalmente- en la tontísima e insufrible Reinas, de un nada inspirado Gómez Pereira.
Los he contado y creo que fueron, exactamente, unos quince minutos de perplejidad suma los que resistí -pese al bochorno- ante el televisor. Y lo peor no era el mal gusto, ni la zafiedad de un guión heredero de los peores momentos del cine setentero -de Los bingueros al tal Paco y sus hombres no veo yo mucho cambio-, ni siquiera el feísmo ramplón y casposo del conjunto... Lo más duro, sin duda, era la tristeza de contemplar actrices como Adriana Ozores o actores como Juan Diego ganándose el pan con semejante desaguisado.
Asistir al despliegue de guiones e intérpretes de la nueva edad de oro de las series americanas y compararlo con el empobrecimiento neuronal de las nuestras es, cuando menos, desalentador. Sobre todo, porque se toman demasiado en serio a sí mismas y ni siquiera el atisbo de un astuto distanciamiento salva al producto de la -inmediata- vergüenza ajena.
Decidí que -en el futuro, ya fuera próximo o lejano- a Hugo Silvia me limitaría a verlo en fotografías y que, de momento, era mucho más sensato seguir alimentando mi dvd con la (espléndida) segunda tempora de Lost, donde los guionistas cometen osadías como hablar de Hemingway, Dostoievsky, Rousseau u Orwell. Osadías que implican concebir un público inteligente o confiar -como antaño hacía la televisión ochentera- en que un programa puede ser un estímulo y no, necesariamente, una ratificación del feísmo imperante o de la vacuidad de nuestro alredor.
Unos temerarios los guionistas de Lost, desde luego, que mucho tendrían que aprender de los guionistas de joyas como este Paco. Valga como ejemplo la escena en la que un policía salía del armario afirmando que estaba cansado de esconder sus discos de Gloria Gaynor y cambiarlos por CDs de Leño cada vez que sus amigos iban a casa. Si hubiera sido un chiste -de esos que llevan sus risas en pack- hasta hubiera resultado gracioso, pero la escena era dramática, tal y como demostraban las lágrimas -viva el colirio- de sus partenaires y del madero gay en cuestión.
Obviamente, ahí se acabaron mis quince minutos de paciencia.
Tendré que seguir entrenando, supongo.

26.4.06

Huppertmanía

Perversa. Imprescindible. Sensual. Retorcida. Intensa. Hábil. Astuta. Malvada. Arrebatadora. Apasionada. Gélida. Terrible. Necesaria. Cruel. Inmensa. Lejana. Intelectual. Provocadora. Musa.
Exposición obligada para cinéfilos juguetones o jugadores aficionados al cine.
Si la partida es ella, me declaro ludópata.

Más información de la muestra fotográfica sobre Isabelle Huppert, aquí.