11.5.06

Crisantemos

Ju Dou, semilla de crisantemo, La linterna roja... Joyas de Zhang Yimou que la FNAC edita en su filmoteca particular y que este mes salieron por primera vez a la venta. Joyas que nacen de dolores ancestrales que descubría, hace algunos años, desde mis ojos de adolescente con ganas de devorar todo cuanto fuera una novedad. Hoy esas mismas ganas se mantienen, aunque el paladar se haya hecho más selectivo y haya sabores que prefiera evitar.
Historias contadas por hombres donde la mujer es eje del argumento, el tema y hasta de la emoción. Opresión, búsqueda, lucha, libertad, sacrificio, castigo, verdad, coherencia, posibilidad, sociedad, encierro, fatum, brutalidad. Los conceptos se suman como un cliché en historias que, pese a repetir esquemas argumentales, resultan únicas por su puesta en escena, su exquisita filmación y su concepto interno del tiempo, donde la vida se sucede ante el espectador con la rápida morosidad que tienen nuestros días. Con elipsis evitadas que se convierten en relato de un detalle que significa y pesa tanto como un diálogo que no llega a producirse. Que ya no es necesario.
Hoy, gracias a sus recientes y cuidadas ediciones en dvd, uno puede sentarse ante ellas con distancia. Como el espectador de una obra de arte que disfruta de la belleza del cuadro en la tranquilidad de su hogar. Que lo observa con frialdad y autosatisfacción.
Aunque uno también puede sentarse ante ellas con el mando del dvd en una mano y el periódico en la otra. Entonces tal vez no las contemple como una simple pieza de colección, sino como una constatación de un horror que sigue sucediendo. Todo depende de si abrimos el periódico por la misma página donde ayer se hablaba del hallazgo de una mujer asesinada y descuartizada por su marido. En ese caso, el dolor de esas películas -trágicas sin excesos, terribles y delicadas como un relato de Mishima- se nos hará reciente, y próximo, y cercano.
Uno puede creer que Ju Dou, semilla de crisantemo o La linterna roja no son más que testimonios del mejor cine oriental de los primerísimos noventa. Demostraciones de que hay arte y narración más allá de Hollywood y de Europa.
Uno puede creer lo que más le convenga, pero el dolor -el horror cotidiano- sigue sucediendo en las páginas del periódico que tal vez dejemos cerrado bajo el mando a distancia. Y ese recorte en la sección Sucesos no es ninguna leyenda ancestral. Es el crisantemo fúnebre y doliente de nuestro ahora.

1 comentario:

inquilino dijo...

ummm, la trilogía roja de yimou... Sin duda, tres títulos imprescindibles en mi vida: el cromatismo, la luz, el ritmo, la forma de desgranar la historia... Todo un punto de inflexión en mi historia cinéfila.
Me alegro de que, por fin, se hayan dignado a editar esta maravilla en DVD.