17.5.06

De cómo Caperucita se encontró con el lobo

Hard Candy -triunfadora en el último Sitges- no es una película cómoda, ni siquiera es una película redonda. Su ritmo presenta altibajos, su guión tiene aristas de difícil resolución, su puesta en escena ronda la trampa en algunos instantes... Sin embargo, su intensa capacidad perturbadora, su perverso tramado, su inteligente apuesta permite dejar a un lado sus imperfecciones -a fin de cuentas, es una ópera prima- para disfrutar de un filme mucho más inteligente -y osado- que la media.
En tiempos de corrección política (que no de corrección ideológica: no es lo mismo), resulta atrevido hablar con tanta desnudez de temas como la pederastia y, aún más, plantear asuntos como la venganza, el rencor o la violencia sin excusas morales que las amparen. El juego de esta Caperucita deconstruida consiste precisamente en eso, en la duda -que solo se nos resolverá al final- de si la violencia que los personajes ejercen entre sí es válida o no.
Quizá el mayor acierto -de guión, interpretación y dirección- consista en un habilísimo intercambio de empatías entre la cinta y el espectador. Empatías que van de ella a él y que se convierten en antipatía y simpatía según avanza la película. El director no juega tanto al suspense del qué paso, como a la manipulación consciente de nuestras filias y fobias.
A mí, que siempre me gustaron los cuentos perversos y el lado margin -por qué no- de la vida, esta Hard Candy me parece uno de los caramelos más amargos y sabrosos del cine reciente. En ella, destacan por encima de todo, una protagonista espléndida y un Patrick Wilson que ha sabido cómo quitarse de encima al mormón de Angels in America para afrontar un personaje tan mítico como el del temido lobo feroz.

1 comentario:

inquilino dijo...

vaya, este post me ha recordado a cierto capítulo de nip tuck que vi hace unos días. Esa continua huida hacia adelante de Troy no podía más que tener una causa puramente determinista (determinismo social, claro, no divino). Y es que para saber amar primero es necesario que le hayan amado a uno, ¿no crees?