29.5.06

Diferentes... y mutantes

Comencemos por una simple comparación.

De un lado, tenemos una película pretenciosa, sin ritmo, llena de secundarios accesorios y mal elaborados, basada en una obra literaria que desguaza sin piedad y sostenida en la interpretación histriónica de su protagonista que, por supuesto, ganó su correspondiente Oscar. Su título, Capote. Se supone que hablaba de Truman Capote, de su fascinación por la sordidez, de la diferencia y, en realidad, no hablaba de nada y se limitaba a guiñolizar un personaje que merecía mucho más que un guión de sesudos -y vacuos- silencios.

De otro lado, tenemos una película aparentemente simple, trepidante, de acción y base subliteraria, como se suele calificar (con poco acierto) a todas las sagas de los comics de superhéroes. En este caso, se trata de X Men III, tercera parte de una franquicia del llamado cine palomitero con un reparto tan coral como bien seleccionado. Sirva como ejemplo Ian Mc Kellen, inolvidable protagonista de Dioses y monstruos y carismático Gandalf en la saga de Peter Jackson.

No soy amigo de prejuicios culturales, así que suelo devorarlo todo con igual ansiedad. En su momento, me atraganté con Capote. Y en este caso, me relamí ante el retorno de Lobezno -su torso justifica una saga por sí solo- y sus compañeros de aventuras. X Men III no es una película de autor, sino de oficio. Un solvente director, un guión inteligente y adulto (el público infantil se aburrió hasta el dolor en la proyección a la que asistí) y un aprovechamiento excelente de la información de las dos partes previas. Esta vez ya sabemos de qué hablamos, así que el filme se centra en la acción y en sus consecuencias, despegando del tono un tanto solemne que lastraba algunos momentos de la primera secuela.

Y en un relato intrascendente, sin embargo, se nos plantean temas como el del respeto al otro y a su diferencia. ¿Aceptaríamos una vacuna que nos hiciese iguales? Una vacuna que, en este caso, convertiría a los mutantes en no mutantes. Una vacuna que, en una sociedad conservadora (lamentablemente, en alza), podría convertir gays en heteros, por poner un ejemplo. Uno entre tantos otros...

Aquí no hay silencios, ni interpretaciones de Oscar, ni frases grandilocuentes para no decir nada. Aquí solo hay una historia que deja tras de sí un poso de cierta amargura. Una galería de personajes -no siempre aprovechados, lamentablemente- que retratan la soledad y la marginación en trazos minúsculos, sin necesitar del metraje de la fallida y sobrevalorada Capote.
¿Somos capaces de aceptarnos sin pretender cambiarnos? X Men III respeta la oscuridad de su original y no duda en saltarse las normas del cine familiar en pro del argumento. Así, en el filme más oscuro de la saga, se suceden muertes y desapariciones de personajes con las que no contábamos. Y como colofón, una escena insospechadamente reveladora. Un canto de amour fou que recuerda a la mismísima Duelo al sol y que demuestra que este cine palomitero guarda, como hicieran los westerns de John Ford, mucho más de lo que aparenta.

No es una gran película, ni siquiera pretende serlo. Pero, al igual que el cómic del que nace, sí encierra una alegoría de la tolerancia y el respeto mucho más eficaz que la de tanto bodrio pseudointelectual como anega nuestras pantallas. Y, además, ellas son guapas, ellos están tremendos y la factura visual es impecable.

Si le hubiesen quitado mucho antes la camiseta a Lobezno, habrían rozado la perfección.

4 comentarios:

El Calentito dijo...

Este género no es de mi preferidos. Aunque estoy a la espera de SuperMan, para confirmarlo.
Spiderman me lo pudo confirmar al 50%... Vaya película más mala!!!
Y bueno si ya hablamos de la que hizo Ben Afleck....

saludos!!!

El Calentito Digital

Naxo dijo...

La sociedad tiene una asignatura pendiente en cuanto al respeto de lo diferente, de lo que se sale de la norma... En la diversidad muchas veces se esconde la belleza de las cosas.
Un abrazo, cinéfilo! ;)

inquilino dijo...

Pues, frivolizando un poquitín, yo resumiría X-Men III como una guerra de mutantes guapísimo contra mutantes feísimos ;-)

Yo lo pasé pipa. Los mutantes, junto con los atormentados Spiderman y Daredevil (lástima de bodrio que le hicieron al pobre Matt), siempre fueron mis criaturas Marvel preferidas. Y no por sus poderes, sino porque tradicionalmente han gozado de grandes guionistas que les dotaron de personalidades llenas de conflictos internos. Son, a menudo, personajes completos, llenos de pasiones, incertidumbres, miedos y debilidades; personajes dibujados a veces con una maestría que ya querrían lograr muchos de los popes de nuestra literatura patria. Con esa materia prima, sólo hacía falta un director con oficio y con gran amor y respeto por los comics.

¡¡Exijo una cuarta parte ya!!

Mart-ini dijo...

Estoy contigo (en que tenían que haberle quitado antes la camiseta a lobezno)