24.5.06

Dobles consonantes

Tenemos monitor nuevo en el gimnasio. Empezó hace ya un mes y se nota una diferencia considerable entre él y todos los anteriores.

La diferencia considerable reside -exactamente- en dos grandes ventajas. La primera es su más que adecuado nivel de conversación con los clientes. Y la segunda, su más que abultado nivel corporal bajo la tímida camiseta y los insignificantes shorts que lo cubren sin demasiado éxito, porque la tensión de sus músculos evapora cualquier posible percepción textil.

Lo mejor, en cualquier caso, es su sonrisa. Suena tópico, ya lo sé, porque uno no le va mirando la sonrisa a hombres como él, pero es que gracias a la sonrisa en cuestión he podido mirar todo lo mirable sin sentir demasiado remordimiento o timidez por ello (porque uno, aunque tampoco lo parezca, sí que es tímido).

Sonríe mucho y se acerca a los más habituales -yo lo soy en un grado casi superlativo- para preguntarnos un qué tal en el que alarga y palataliza mucho la ele, como si lo dijera en un falso catalán o en un inventadísimo francés (el adjetivo francés lo evito cuando ando por allí, me trae ideas muy pérfidas a la cabeza.)

Desde que él entró, decidí adoptar aire de víctima. Pablo, saca tu aire de víctima, me dije con la taxatividad con la que me digo yo las cosas. La verdad es que se me da bien poner carita de niño bueno que no sabe usar las máquinas y que se ve acorralado por las masas de hormonas y batidos de proteínas del resto de los niños del gimnasio, mucho más macarras que yo y ante los que, obviamente, necesito dosis extra del cariñoso qué talll de mi monitor.

Cuanto más hablaba con él en este mes, más eles añadía, así que una vez decidí que podía aprovechar su prolongación consonántica para inmortalizarle con mi móvil nuevo. En realidad, nunca antes había sabido por qué necesita cámara un teléfono. O un mp3. Pero como soy caprichoso por vocación, el mío tiene de todo eso. E incluso más. Si lo dejaran, sé que mi teléfono también hablaría solo. Es más, puede que ya lo haga y por eso tengo que pagar cuentas telefónicas tan abultadas. Tan abultadas (o más) como los brazos de mi monitor, que casi no me caben en la pantalla extragrande, extraplana y extrabrillante de mi móvil.

Para fotografiarle sin que se molestase por ello me limitaba a fingir que recibía un sms justo en el momento en que comenzabala sucesión de eles de su qué tallllll que, con la confianza, iba ganando en la duración monosilábica. Mientras él enredaba y desenredaba la lengua con su frase habitual, yo desenfundaba el móvil y lo iba dirigiendo a cada una de las partes de su más que lograda anatomía. A fecha de hoy, por cierto, lo he fotografiado ya todo (salvo la sonrisa).

Pero -nada es perfecto ni dura para siempre, como dicen- ayer me pilló... Era inevitable. Aunque siempre tengo cuidado de desconectar el flash de la cámara, esta vez mis precauciones no se sucedieron con el orden y el cuidado habitual, y la cámara deslumbró a mi adorado monitor en mitad de su ele vespertina. Él, lejos de ofenderse, se sonrió, posó narcisista y continuó hablando. Incluso sumó alguna que otra nueva consonante. Una erre muy múltiple en Vamos a verrrrrrrrr y, aún mejor, una ese de lo más sibilante (y sibilina) en Podemos tomar luego unas cervezassssssss... Le dije que sí, pero que tengo novio (no me gusta que mi novio se pierda ciertas cosas), y él volvió a la ese descontrolada al confesarme que le gustaba mucho lo del número tresssssss...

Avisé de inmediato a Santi, le dije que se pusiera la ropa más deportiva que encontrase -para no desentonar con nosotros dossssss- y nos juntamos para esas cervezasssss mientras mi monitor hacía el numerito de la ele y la erre ante la mirada igualmente aprobatoria de mi chico.

Esta mañana, al levantarnos los tresssss, he visto que tenía llena la memoria de mi móvil. Al parecer, anoche nos entretuvimos haciendo fotos unos de otros mientras metíamos eles y erres dentro de la cama. Le he pedido a Santi -que es tan adicto como yo a las nuevas tecnologías- que me compre una nueva tarjeta de memoria, porque esta tarde, lógicamente, espero con ganas el momento de retomar mi consabida tabla de musculación. Y mis clases, aceleradas pero muy prácticas, de fotografía digitalllllll.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

necesito consejo urgente para comprar móvil nuevo... todas estas funcionalidades las desconocía y necesito tomar bien nota de todo. Lo de entradas.com ya lo practiqué y moló cantidad. Este blog es una joya, el superpop de la vida libidinosa.

Cinephilus dijo...

estimado usuario anónimo, seguiremos dándole buenos consejos igualmente trascendentes para animar sus veladas, madrugadas y despertares en compañía de quien más le guste... en el fondo, lo confieso, siempre quise fundar mi propia superpop... me ha pillado usted ;-)

Anónimo dijo...

Pues este blog ya debería estar cambiando de nomnbre, si me lo permite... Tanto prime time y tanto cinephilus... Cuando en el fondo, lo que hay es lo que hay. Yo acabo de abrir uno, pero aún no me atrevo a compartirlo.

Cinephilus dijo...

manténganos informados de la inauguración... ;-)