27.6.06

Verbo e instinto

No encuentro entre mis apuntes de editor aplicado, de estudiante rebelde nada que no sea tu cuerpo. Aquí, en este deseo desbocado que es mi sed, en esta noche sin tregua que son mis días. Intento concentrarme en libros y en palabras de las que solo recuerdo las curvas de letras que se asemejan a tus piernas. Eles torneadas. Emes esquinadas en su cuadrado imposible con las que dibujo tu espalda mientras dejo que mi fantasía se desboque -desacompasada y ageométrica- sobre cada una de las zonas de un cuerpo que conozco mucho mejor de lo que jamás he llegado a conocer el mío.

Atesoro, fetichista, tus rincones y los escondo sin que te des cuenta, tensando las cuerdas del pentagrama para que la música -la que tú me has enseñado a amar en estos años- suene rápida, intensa, atronadora. No lo notas, pero te persigo en el calor de este verano, de esa ventana abierta tras la que, en tus noches de ausencia, presiento que espías mis movimientos, mis búsquedas, también mis erecciones. Y el sudor, el del verano, el de mi cuerpo, el de mis fantasías empapa una sábana que multiplica las curvas de esas letras que ya no recuerdo porque no me sirven para resumir la necesidad. Ni la obsesión. Ni la voracidad.

Por eso, tan pronto como las palabras -aquellas palabras virtuales que luego se hicieron físicas al conocernos- trenzaron su puente de proximidad, conseguiste invadirme con la única certeza que de mí tengo y que de mí obtuviste. La que dedujeron tus manos al arrancarme la ropa, al desmayar las frases que no dijimos porque, de repente, nuestra lenguas se negaban a hablar mientras recorrían animales los itinerarios que aún hoy siguen sorprendiéndoles en su tacto. En su aroma. En el sabor rotundo de la carne. En la certeza de una animalidad consciente, necesaria, omnipresente. La certeza de que, en el fondo, todo lo que no es sexo en mí -y ese sexo en mí es siempre sexo contigo- no significa más que un intento de estilización -intelectualización, tal vez- de mi propio instinto, de ese que late rotundo bajo las palabras que, envidiosas de la piel y de su evidencia, se deshacen por culpa del sudor.

1 comentario:

Mart-ini dijo...

Voy a tener que decirte como me dice wave a mí... que vas a tener que poner 2 rombos en el título....

Un abrazo, con tu permiso.