4.7.06

Cuarenta

Empezó hace ya dos meses. Y no le va mal. Es un tipo listo, uno de esos psicólogos intuitivos para captar problemas y ofrecer soluciones. No todos lo son. A ella, en concreto, no la han ayudado mucho en los últimos años. Visitó ya unos cuantos y en la mayoría solo obtuvo humo y consejos de barra de bar que, sin tanta terapia ni tanto pago, podía haberse dado a sí misma sin problema.
Esta vez es distinto. Él parece entender lo que intenta contarle. Y eso que ella, cuando pidió cita, insistió en que quería una mujer. En que no podía hablar de sus cuarenta a un hombre. Porque ellos no entienden de según qué cosas. Ellos, a veces así lo piensa, no suelen entender de casi nada.

Mientras está allí, deja a su niño con su madre. El crío está acostumbrado a deambular por manos y casas diversas, porque el trabajo no les deja tiempo para hacerlo más suyo. A ella, a su modo, eso la desazona, porque le pesa el hecho de no estar ejerciendo bien su rol. ¿Cuál es? ¿En qué consiste? Y se atribuye, sin compasión alguna, cuanto fallo o problema encuentra en su pequeño. A Carlos no le pasa lo mismo. Carlos vive la infancia de su hijo sin grandes dramatismos. La interpreta sin culpa. Pero ella, aunque no quisiera que fuera así, no puede hacerlo.

Este tipo lo entiende. Al menos, esa es la sensación que saca tras sus sesiones. Incluso entiende su obsesión por la comida, por las tallas, por sentirse mirada. Entiende que, de repente, se vea atrapada en una sensación de elecciones conclusas y herméticas donde ya ningún otro hombre podrá tener cabida. Desea con furiosa inclemencia una infidelidad. Incluso comprendería una de Carlos. Llevan juntos doce años y ahora quiere más nombres, más hombres, más experiencias. No quiere esperar a dejar de sentirse deseada y su cuerpo -el femenino habla sin diplomacia cuando necesita decir algo- parece que inicia un declive que no está dispuesta a asumir.

Él sonríe cuando le escucha contar lo del declive y hasta lo de la decadencia. A él le parece una mujer muy atractiva y sabe -lo intuye- que lo seguirá siendo dentro de cinco, diez, quince años. Él, a sus cincuenta y dos, está en ese tramo de hombres maduros e interesantes que, en el mercado sexual, están en alza. Curiosa paradoja, piensa ella mientras le mira con atención. Curioso que su madurez sea mejoría y la nuestra, declive. Y entonces se indigna y se enfada porque por su culpa no está en casa y ha tenido que dejar al niño con su madre una vez más.

Llevan dos meses de terapia y, sin darse cuenta, acaban las sesiones con un sutil intercambio de miradas que a ella, cuando regresa a casa, le sigue produciendo un cierto cosquilleo. Intenta olvidarlo haciendo los deberes con el pequeño, jugando con él los diez minutos que tiene tiempo de hacerlo antes de la rutina diaria: bañarlo, darle la cena y acostarlo. Se está perdiendo su infancia, se dice, y Carlos no lo entiende porque la infancia la emiten en tiempo directo cada día y él, a su modo, preferiría saltarse algún capítulo.

Cuando se acuestan y hacen el amor, ella cierra a veces los ojos para pensar en los hombres que aún se siente a tiempo de conocer. Desde hace dos meses siempre imagina el mismo rostro. Y el mismo cuerpo. Pero eso, lógicamente, no piensa contárselo a Carlos. Ni a su psicólogo.

7 comentarios:

NaT dijo...

NaT abre el telón que hay ante la blanca pantalla y se asoma discretamente, es muy tímida ella... tantos asientos, tanta gente la abruman. Saluda. ¡HOLA, HOLA! y mira al público, no ve la cara que busca y se esconde de nuevo tras el telón...

Bueno, ya lo vera mañana... ;)

Saludos!!!!!

Cinephilus dijo...

Cinephilus saluda con una sonris a Nat y localiza su presencia en la sala. Le reserva, desde ya, una butaca para que la use cuando quiera y le apetezca ;-)
Un abrazo sonriente

ma´heona´e dijo...

La constante sensación de que nos perdemos cosas...

Y lo único que conseguimos dándole vueltas, es perdernos todavía más.

Un besote cinéfilo.

NaT dijo...

Una pena que ayer al final no vinieras... lo pasamos fenomenal, yo al menos y me encantó conocer a Naxo, a Javier y a Efesor.
Espero que la próxima vez nos veamos.

Saludines!!
Volveré a hacer cola "en este tu cine"

Anónimo dijo...

Algunos se lo pierden todo por ser clasicos conservadores empedernidos que se pierden cualquier ocasion de vivir la vida. Y lo peor es que no se arrepienten de ello.
C'est la vie!
Besos desde el pais de las maravillas

Anónimo dijo...

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