14.7.06

En llamas

El cine, según con quién, debería estar prohibido.

Eso pensé cuando me propusiste la primera película juntos (¿o la propuse yo?), porque sabía que si luego ocurría lo que iba a ocurrir (siempre ocurre lo mismo) esa película quedaría marcada y anotada en mi lista de las que jamás sería capaz de ver de nuevo.

Por eso es mejor el cine a solas, o con amigos, con amigos de mis amigos, porque así la película no se convierte en símbolo ni el símbolo en recuerdo. Tengo muchos recuerdos, tantos que a ratos no doy abasto para dejarme romper en pedazos por todos ellos. Pedazos que, una vez desparramados por el suelo, corren a esconderse en los dvds -cientos, en realidad- que cubren las paredes de mi apartamento. Porque aunque no las vea, aunque no sea capaz de abrir sus cajas, compro las cintas y las atesoro como testimonio último de lo que fue y de lo que todavía -eso de que el tiempo lo cura todo es una gilipollez- siguen siendo.

Intento que no ocurra, pero las películas eligen sus dueños, sus lugares, incluso sus momentos. Y entonces, cuando reaparecen ante mí, se ubican en esa dimensión que ellas escogieron por puro capricho y a la que me transportan contra mi voluntad. Porque a ellas yo no puedo engañarlas. Ellas saben bien que mi voluntad es de futuro, pero mi sensibilidad es de pasado.

Estos días he empezado a quemar parte de esas películas. Algunas las regalo. Otras las revendo. Las más, las tiro. Puede que me las cruce alguna vez -el azar tiene sus propias leyes- pero no seré yo quien provoque el encuentro. Ellas me acusan de ingrato entre las llamas y se quejan de mi actitud hostil. De mi voraz deseo de aniquilarlas. Yo les oculto la impotencia y hasta las lágrimas mientras continúo mi plan con férrea determinación. Una tras otra. Allá, dentro de esa hoguera donde nada volverá a tener la forma que tuvo entonces. Un incendio en el que arden otros tantos fuegos que quemaron en butacas y camas, en sábanas y pantallas gigantes. Nada, salvo cenizas, quiero dejar de todo ello. Nada salvo un fundido en negro que ponga fin a la hoguera del recuerdo. Y de sus nombres.

11 comentarios:

*Lady Laura* dijo...

niño yo fui el martes al concierto si bajas ne mi blo podrás ver las fotos que le hice a ese estupendisimo hombre!!, ains dios.

Cinephilus dijo...

corro a ver esas fotos ;-)

J. H. dijo...

A mí me pasa lo mismo que a ti, pero con las canciones.

Naxo dijo...

Hay recuerdos (que pueden estar encerrados en libros, fotos, cartas, DVD, CD, VHS, cassettes o incluso vinilos) que es mejor no guardar porque carecen ya de sentido y tan sólo suponen un lastre para nosotros. Así que a la hoguera con ellos!!!
Por cierto, si vas a tirar alguna peli así maja, mejor me la pasas jajajaja
Oye, felicidades por la nota, que lo acabo de ver! ;) A ver que tal la segunda parte!
Y nada, eso, que ya he vuelto!
Venga, un besote! :-)

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trementina dijo...

Yo prefiero no relacionar ninguna película a algún recuerdo.
Por que a la larga, el recuerdo te produce tristeza u odio, auque también puede darse el caso de alegría.
Y cierto, si alguna hay que no me gusté recordar el momento prefiero no verla a ver ... ahí esta El Profesional, que aún recuerdo cuando la vi, y nunca más la he vuelto a ver.

Aunque supongo que es cuestión de superar esos recuerdos y no mezclarlos con el buen cine. ¿Como es que te estás deshaciendo de tus películas?

Seguiré revisando tus días anteriores, me voy ya a dormir.

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