17.7.06

No guilt

Some would call me a cheat, call me a liar
Say that I've been defeated by the basest desired.
Yes, I have strayed and succumbed to my vices
But I tried to live right.

But I have no regrets, no guilt in my heart
I only feel sadness for any pain that I've caused
I guess I wouldn't bother to worry at all
if I'd lived right.
From Unsung psalm
Tracy Chapman
Tú no tienes la culpa, se dice. Y Raúl se observa fijamente en el espejo. Porque para eso sirven los espejos, para culparnos o para absolvernos. Para contar con un testigo y juez que nos haga el favor de reciclar nuestros fantasmas con tan solo mirarnos en él.
Tú no tienes la culpa, se repite. Y escucha la respiración acompasada de Álvaro un poco más allá. Desnudo y enredado en esa sábana que agita con tanta torpeza cada noche. Duerme inquieto, como un niño revoltoso incapaz de calmarse. Raúl lo abraza aunque Álvaro no se deje. Lo sujeta de madrugada en un intento más de retener sus sueños, sabiendo que Álvaro, en el próximo giro, volverá a deslizarse entre sus brazos y dará una vuelta más sobre la sábana.
Tú no tienes la culpa, se absuelve. Y recuerda ahora la cama de la noche anterior. De la madrugada en que volvió a mensajearse con ese chico del que solo sabe su nombre y su teléfono. Del que no podría enamorarse aunque quisiese hacerlo. Porque a él le gustan los amores difíciles, como el cuerpo lagartija de Álvaro, que se escabulle entre sus dedos cuando intenta hacerlo sentir suyo.
Tú no tienes la culpa, se perdona. Y reconoce que, en realidad, aquel chico podría no haber contestado su sms vespertino. Que, en el fondo, se había limitado a proponerle un plan ante el que nunca tuvo por qué ceder. Que, de todos modos, ambos deseaban el sexo que les sucedió en ese piso de las afueras donde acudía por tercera o cuarta vez.
Tú no tienes la culpa, se convence. Y piensa en la huida, en cómo se levantó a las siete y media -tal vez un poco más tarde, tal vez un poco más temprano- y se vistió sin hacer ruido. Está acostumbrado a no hacer ruido en la oscuridad. Es el único modo de que Álvaro no se despierte, de que consiga descansar en medio de las turbulencias de su sueño. Por eso esta vez tampoco le resulta difícil escabullirse sin dejar rastro, sin que aquel chico se despierte, sin que le pida explicaciones o le proponga un desayuno. En aquel chico, mientras follaban durante horas, notó alguna que otra mirada que escondía sentimientos, emociones, posibilidades. Y cada vez que le sorprendía alguno de esos fogonazos, él corría a esconder la cabeza entre sus piernas, sorbiendo su sexo con fuerza, agarrando sus muslos con violencia y obligándole a olvidar todo intento sentimental a base de orgasmos continuados y mamadas voraces.
Tú no tienes la culpa, se autoafirma. Y vuelve a la cama con Álvaro, intentando abarcarle con unos brazos que no dan para retenerle del todo, sabiendo que quizá la de anoche no sea la última de las madrugadas con ese chico. O con cualquier otro. Que quizá repita la imprudencia de desear otros cuerpos aunque solo sea capaz de amar a quien ahora tiene entre sus brazos.
Tú no tienes la culpa, se adormila. Y escucha otra vez esa canción de Tracy Chapman. Esa letra que alguien le regaló una vez y con la que tanto se identifica. A fin de cuentas, a aquel chico le regaló una noche y un cuerpo, si no sabe agradecérselo ni entenderlo, será cosa suya. Porque su ser, todo lo que es y lo que siente de verdad, solo a ese niño travieso que se enreda en las sábanas quiere y puede dárselo.

7 comentarios:

J. H. dijo...

Tracy es una de mis diosas!!!

Buen relato.

Mart-ini dijo...

Fuertecillo este....

Un abrazo o un beso, como quieras (creo que ya no hace falta permiso ¿o si?)

Cinephilus dijo...

No, claro que no hace falta permiso ;-)

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