21.7.06

Peindre ou faire l'amour

No siempre sabemos qué hacer con nuestro tiempo. Ni con el que ya hemos vivido ni con el que nos queda por vivir. Algo así le sucede a la pareja protagonista de este film, unos juguetones Daniel Auteil y Sabine Azema, que en esta ocasión dan vida a un matrimonio inmerso en una sutil crisis de crecimiento. Prejubilado él y estresada ella, la vida se les escapa sin encontrar nada nuevo para llenar su lienzo. Aunque el cuadro, lentamente, encuentre nuevas formas para manchar su blanca superficie.

¿Se puede mantener intacta la fantasía después de treinta años de convivencia? Desde una apuesta naive, ingenua y, sobre todo, sensual, la película nos responde que sí. Basta con despojarse de los prejuicios y desnudarse de miedos y tabúes. Película, por tanto, no apto para parejas autocomplacientes o felices en su tedio vital. La naturalidad con la que los personajes de Daniel y Sabine viven e integran nuevos modos de relación emocional y sexual con otras parejas, con otros cuerpos, con otras vidas es, quizá, el secreto de la elegante sensualidad de esta película, traviesa en sus formas, en sus temas y, sobre todo, en su planteamiento.

Estética, conjuntada en colores y encuadres, decidida a plantearse como un filme más lúdico que trascendente, consigue -sin embargo- arrancar sonrisas cómplices y, sobre todo, fantasías adolescentes que reverdecen como el idílico entorno de la historia o los cuerpos maduros de los protagonistas, sabiamente aprovechados por sus intérpretes y su director.

Nos llega tarde, como casi todas esas películas diminutas que, sin embargo, encierran mucha más vida de la que podríamos pensar en un visionado rápido o superficial. Y, sin embargo, gracias a ese retraso en la distribución, la sensualidad del otoño que evoca el filme se recibe con agrado en medio del calor sofocante de este nuevo julio.

¿Y a la pregunta de qué hacer con el tiempo? Pues ya lo dice el título. O pintamos... o hacemos el amor. O, quien sepa, puede atreverse con las dos actividades a la vez. Y es que, normalmente, la exclusión nunca es la decisión más afortunada. Ni la más feliz.

2 comentarios:

Mart-ini dijo...

como la anterior, me la apunto...

Anónimo dijo...

Very pretty design! Keep up the good work. Thanks.
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