12.7.06

Rousseau vs. Hobbes

Nunca he entendido la misantropía. Nunca he sido capaz de comprender ni valorar a la gente que se enorgullece de sentirse ajeno a todos los demás. A quienes presumen de no mezclarse con nadie, de no creer en nadie, de tener fe nula en el género humano. Y no es que yo sea un optimista nato, pero me interesa más Rousseau y su buen salvaje que Hobbes y su lobo-hombre o su hombre-lobo. Porque hay lobos, claro que los hay, pero también hay -existen, me consta- personas fabulosas, excepcionales, próximas. Personas -muchas más de las que creemos- que nos sorprenden en determinados momentos.
A mí, en estos meses, me han llegado muchas de esas sorpresas. Sorpresas por vías tan curiosas como un servidor de internet o unas oposiciones. Personas tan generosas como para regalar un diseño bloguero o tan cálidas como para dejar mensajes y comentarios llenos de empatía desde otros blogs amigos donde también me gusta colarme como polizón o espectador en la última fila. Personas como las chicas que se examinaron ayer conmigo en la oposición y con las que he abordado cada una de las fases, que han demostrado en todo momento un compañerismo a prueba de bomba. Y es que, frente a las caras largas que veía entre los rivales (así debían sentirse) de otros tribunales, en el nuestro solo había intentos de ayudarnos, de aconsejarnos, de intercambiar ideas y propuestas. Incluso conseguimos relajarnos y hacer algo agradable de lo que, en su origen, es una pesadilla.
Claro que hay lobos, claro que Hobbes tenía razón, claro que es imposible no decantarse hacia la náusea sartriana más de una vez... pero ese no puede ser mi principio ni mi insignia vital. Porque estoy convencido de que Rousseau tenía razón. De que hay que tener fe en la gente. Y es que, en estos extraños y convulsos meses de mi vida, han llegado hasta ella -directa o indirectamente- muchas personas diferentes -especiales- que le dan la razón.

3 comentarios:

SULTANA dijo...

Sin duda, en la fe, en esa extraña vecina que siempre está dispuesta a darnos un puñadito de sal, reside la incongruencia de necesitar llamar a su puerta todos los días...

Me encanta que la necesites porque gracias a ella, te tengo más cerca que nunca.

Te quiero , nuevamente pegada a tu blogg.

Sultana

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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