19.7.06

Tiemblo, luego existo

Esta mañana siento con fuerza el mismo nerviosismo de siempre. La misma impaciencia que vive en mí desde hace ya cinco años. El mismo temblor en la voz cuando hablamos por teléfono la noche que precede a tu viaje, la madrugada que antecede a tu aterrizaje en nuestra cama, esa que se me quiebra -que me rehuye- cuando no estás, cuando te alejas, cuando la vida -en su itinerante devenir- nos obliga a rehacer nuestro mundo a distancia.

Hoy amanecí resacoso de expectativas. Eufórico de ideas con las que llenar esta semana. Esa exposición de Picasso a la que dedicaremos dos días y donde espero seguir aprendiendo de arte -tu especialidad, ya lo sé- contigo. Esa película francesa que ambos tenemos tantas ganas de ver. Esas sesiones cinéfilas o melómanas que nos regalamos en casa con la complicidad curiosa -y felina- de nuestra gata. Y entonces, mientras lleno con tu nombre las horas de la agenda, vuelve a arrasar mi serenidad ese cosquilleo, esa impaciencia, esa necesidad de que el tiempo se diluya para que luego, cuando aterrices, vuelva a detenerse.

Sin embargo, yo sé que no lo hará. El tiempo no se detiene nunca. Y aunque he aprendido a vivir en el ahora sin obsesionarme con el después, sabes que siempre me rondará esa vaga melancolía que es tan mía, que es tan inevitable, que es tan incómoda. Una vez más -como las anteriores- tendrás que hacerla desaparecer con sexo y con ternura, con sábanas tiradas en el suelo y caricias firmes sobre mi piel, con sudor compartido y con miradas que maten el miedo que, a ratos, invade mis sueños.
Si alguna vez cesa este cosquilleo. Si alguna vez cesa este nerviosismo. Si alguna vez no aprieto los puños de pura rabia cuando te secuestra el siguiente avión. Si alguna vez no siento este temblor de piernas, manos y alma que siento hoy... Pero algo en mí me dice que esa supuesta vez no ha de llegar, porque el temblor que me provoca tu presencia es demasiado intenso. Tanto que necesitaría más de una vida para lograr calmarlo.

7 comentarios:

inquilino dijo...

Olvida el mañana, Cinephilus. No existe. Somos todo ahora y tú, querido Cinephilus, posees un ahora de los más bellos ;-)

NaT dijo...

¿Qué haríamos si tuviéramos más de una vida que vivir? ¿Haríamos las mismas cosas? ¿Conoceríamos a la misma gente? ¿Tendríamos los mismos sentimientos? ¿Cometeríamos los mismos errores y haríamos las mismas locuras?

Como no lo sabemos a ciencia cierta, hay que aprender a disfrutar este tiempo que se nos ha otorgado, aún si no somos capaces de calmar esos temblores...

Un beso... d cine, claro!

Anónimo dijo...

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