30.8.06

Violencia desde el absurdo

Un buen guión suele ser, al menos, una premisa necesaria para una buena película. En este caso, La noche de los girasoles presenta una base literaria sólida, bien construida e incluso sorprendentemente eficaz si tenemos en cuenta que se trata de una ópera prima. Su director y guionista, responsable de algunos de los diálogos de aquella memorable Al salir de clase (de la que han salido tantos pseudo-actores e incluso algún actor de verdad), demuestra que no solo sabe hacer folletines casposo-juveniles, sino que ha aprendido algo del director de Amores perros e incluso del Christopher Nolan de Memento.

La película, fragmentada en diversos puntos de vista, tiene una primera mitad deslumbrante y una segunda mitad algo más floja, tal vez por la necesidad de cuadrar y encajar todas las piezas del puzzle que se han ido entregando y del que, quizá, no se coloquen algunas de las caras más interesantes o menos obvias.

En cualquier caso, es una propuesta interesante y, sobre todo, demuestra que es posible rodar una buena película con Mariano Alameda sin que Mariano Alamade la destroce, a pesar de que se pasee por ella con su ausencia de carisma habitual y sus nulas formas interpretativas. El reparto, en general y con su excepción, se adecúa bien a los personajes y, sin deslumbrar, no chirrían. Ah, y encima hasta se les oye y se les entiende, lo que en el último cine español es también algo novedoso, acostumbrados como estamos a esos sonidos infames donde desearíamos subtítulos para entender qué dicen los personajes...

Lo mejor, el tema y su desarrollo. Esa violencia que se desata y encadena desde el principio y que recorre tanto la historia como los elementos paraargumentales (la televisión, la radio, las noticias...). Una violencia que no nace del destino, sino del absurdo, y que nos sitúa en un paraje de amoralidad que no siempre resulta fácil de asumir como espectador y que, por ello mismo, me parece especialmente interesante. La reacción de los personajes, desmedida, se cuenta lo suficientemente bien como para que resulte creíble y los juicios de valor se dejan al público, salvo en una escena final donde, tal vez, se acuse algo de moralina.

De todos modos, la película merece la pena, quizá porque se acerca a ese realismo brutal que siempre ha caracterizado la narración española y que algo tiene, en versión posmoderna, de Los santos inocentes, donde la violencia -de otra naturaleza pero igualmente absurda- era otro de los protagonistas de la novela y de su excelente versión cinematográfica.

Además, la semana cinéfila se cierra con las imágenes de mi adorada Scarlett Johanson (si fuera hetero, creo que me casaría con ella, lo admito) en la alfombra roja de Venecia, presentando una película de Brian de Palma (La dalia negra) que promete ser, cuando menos, interesantes y hasta glamourosa. Para colmo, y a pesar de que mis expectativas sobre Alatriste son contradictorias, Viggo Mortensen se pasea de televisión en televisión y de telediario en telediario presentando su película. Ahora mismo, por ejemplo, he estado hipnotizado gracias a los primeros planos del actor que nos ha regalado la 1 y es que, desde Una historia de violencia, supe que era uno de mis mitos erótico-cinematográficos del nuevo milenio.

Ah, y por ahí en no sé qué pueblo están de tomatada y otras estupendas fiestas populares de esas que tanto dicen sobre nuestro europeísmo y modernidad... Ejem... Voy a ver si me restriego una lata de Orlando mientras veo la segunda entrega de Supermodelos. Todo es cuestión de probar, supongo.

29.8.06

Cine de verano

No ha sido una gran cosecha la de este año, ni siquiera ha habido blockbuster divertidos y gamberros que sorprendieran una cartelera agostada hasta el aburrimiento más profundo... Piratas clónicos (¿¿¿alguien entiende la nominación al Oscar de Johny Depp por su papel de loca de los mares...???), barcos hundidos (al menos Poseidón nos ahorra la moralina aunque nos obligue a volver a encontrarnos con Kurt Russell...) y superhéroes en horas bajas (ahora ya sabemos quién era el auténtico enemigo de Superman: no se trataba de Lex Luthor, sino del director Bryan Singer, que con una entrega más lo mata seguro).

El cine español, desde luego, ha dejado amplia memoria de sí mismo con títulos tan significativos como Desde que amanece apetece (no creemos que sea necesario apostillar nada a algo tan sugerente como eso) o Locos por el sexo, donde lo único relevante es confirmar que un chico que apuntaba algún que otro destello interpretativo, Jordi Vilches, ha decidido consagrarse a este tipo de, ejem, sub-cine para desperdiciar el posible destello en cuestión. Si Antonio del Real sigue, ejem, rodando películas, al tal Vilches le auguramos un gran futuro. También se ha estrenado la más que floja El próximo Oriente, del siempre sobrevalorado Colomo. En esta ocasión, traza un retrato del Madrid multirracial con la misma sutileza con la que los Morancos hacen radiografía social en sus programas, así que la película, pese a algún que otro momento ameno, no deja de ser algo burda, simplona y, sobre todo, pueril.

En el apartado de cine serio, tenemos un par de películas que se aproximan al hecho homexual y transexual desde un lirismo impostado y afectadísimo: C.R.A.Z.Y. (ya comentada en este blog) y Desayuno en Plutón, donde Neil Jordan demuestra que es un sabio director de actores y que sigue teniendo talento, pero falla la estructura y, sobre todo, la perspectiva. La película adolece de cierto amaneramiento y, personalmente, no entiendo por qué la homosexualidad requiere siempre un tratamiento tan excesivo y se olvida una espontaneidad con la que, yo al menos, me identificaría mucho más. Poco hay en Plutón (lástima de explaneta, la verdad) de esa joya -más olvidada de lo que debería- que fue Juego de lágrimas, donde el amor y el sexo se contaban de manera mucho más libre, eficaz y directa.

También dentro de las películas serias destaca ese United 93 que, aceptémoslo, no habría llamado tanto la atención si no fuera por su condición de "primera película sobre el 11-S". La realización es correcta; el punto de vista, sereno; las interpretaciones, ajustadas; pero el guión... Priman las discusiones de los operadores y controladores aéreos sobre las escenas dentro del avión, lo que no deja de ser un intento algo frustrado de aproximación a unos hechos que, tal vez, requieren más perspectiva para convertirse en asunto narrativo. Aún así, la película -si se ve sin demasiadas expectativas- sí merece la pena verla.

Y cerramos con la confirmación de algo que, francamente, no sabemos por qué ha sorprendido tanto: La joven del agua es un coñazo. Se podría disimular más esta afirmación, incluso asentir con los críticos en su hábil razonamiento de que es un capricho de su director y que debemos entenderlo como tal. El capricho en cuestión es una fábula (y admito que yo tiemblo cuando alguien define un libro o una película como una fábula de algo) donde se cuenta una historia insulsa y pretenciosísima que recuerda a una especie de Cocoon new-age y en la que nada se salva del ridículo. De todos modos, que este director de nombre intranscribible (me da pereza confirmar su grafía en google, así que cada cual que lo escriba como le plazca) haya realizado semejante ladrillo no es de extrañar si atendemos a la evolución de sus últimas películas. Sin duda, nos quedamos con ese pastiche llamado El bosque, donde Willliam Hurt se paseaba con cara de ¿qué hago yo aquí? y se nos contaba una versión tediosa y solemne de una Caperucita Roja gótica. Por no hablar del personaje de la joven ciega y sus paseos por el bosque como el mismísimo Tarzán por la selva... En fin, que este director siempre me pareció un bluff (será porque no sé escribir su nombre) y lo de su última película me ayuda a darme a mí mismo la razón (actividad, por lo demás, muy gratificante).

Visto lo visto en la gran pantalla, hay que agradecer a Cuatro que se preocupe por nuestra salud mental y nos regale el reality filo-queer más simple de la televisión: Supermodelos. Un evento mediático presentado (es un decir) por Judit Mascó y secundado por una serie de chicas anoréxicas (y que luego me digan que el programa no tiene un lado sexista) que se llaman a sí mismas tías continuamente aderezando el diálogo con muletillas igualmente elocuentes. Jo tía, mierda tía, guay tía y otros sintagmas no identificados son los guiones que componen esta joya catódica de la que nadie debería perderse un solo minuto, aunque solo sea para echar de menos subproductos como Confianza ciega, donde al menos se ponía más carne en el asador (literalmente).

Y de momento, nada más, como ni el cine ni la tele me contentan hoy, me dispongo a salir de comida, merienda y cena con sucesivos grupos de amigos para dejar bien pulidita mi cuenta corriente y darme un baño de multitudes y de absoluta y callejera frivolidad.

27.8.06

Back

Con cierta frecuencia, al regresar de las vacaciones, encuentro pequeños cambios en mi entorno. Alguna calle más en obras, alguna tienda que acaba de abrir en mi barrio o algún vecino que se muda a otro piso donde será tan anónimo como lo era en el bloque anterior.

Sin embargo, nunca había vuelto encontrándome un planeta menos, más que nada por el trastorno rítmico que supone a la escolar memorización de los nueve planetas del Sistema Solar, uno de los escasos conocimientos de cultura general que todavía no había olvidado. La degradación de Plutón me ha dejado un tanto perplejo y todavía intento adaptarme mientras deshago la maleta.

En lo intelectual, tampoco la situación pinta mucho mejor con la estéril polémica sobre G. Grass y su pertenencia las SS. Una pertenencia lamentable que, sin embargo, no debe empañar su magistral labor literaria e histórica a lo largo de todos estos años, en los que ha sido clave en la evolución de una conciencia, la alemana, que le debe mucho a su fustigación y a su impulso. Triste que su acto de honestidad sea oportunista y sirva para multiplicar las ventas de sus memorias, pero triste también las ganas de restarle mérito a un trabajo de tantos años por parte de sus acérrimos enemigos que, en realidad, son quienes -en lo intelectual- sí que siguen perteneciendo a esas SS que aún subsisten en callejones morales sin salida.

En lo teatral, anuncio inminente de una función con mi grupo el próximo 13 de septiembre con una de nuestras obras predilectas, El sexo que sucede, uno de mis textos en los que, obviamente, el tema de la función no necesita mayores aclaraciones...

La verdad es que son las primeras vacaciones en las que regreso sin un planeta y sin un mito, pero imagino que ambos, a su modo, siguen ahí, solo que han perdido su rango mítico y se han humanizado o, en el caso de Plutón, enanizado.

Por lo demás, comienzo el mes -y el año: siempre celebro su inicio real en septiembre- con un ánimo excelente y con una insistente recomendación literaria: Mauricio o las elecciones primarias, uno de los análisis más lúcidos sobre qué pasó en este país durante los ochenta, especialmente en la política y en la economía. Eduardo Mendoza, una vez más, vuelve a estar entre los grandes por méritos propios. Y esta novela lo demuestra.

Mañana, cuando haya colocado la ropa en su sitito, puesto las pertinentes lavadoras y asimilado el cambio de la playa y sus cuerpos por Madrid y los suyos (más vestidos pero igualmente apreciables), retomo la actividad blogoliteraria... ;-)

17.8.06

Lo prefiero

Acabo de aterrizar en Madrid después de París. Desde mañana toca sol, mares, bronceador y, hmmmmmm, cuerpos...
Para celebrarlo, hoy ponemos un tema discotequero-pachanguero de Bea Bronchal, lleno de mala leche, ironía, estribillo facilón y, cómo no, despecho. Una especie de Gloria Gay-nor de andar por casa.
Que ustedes lo bailen bien. Yo, lo admito, este verano soy incapaz de dejar de moverme. Como decía otra de mis adoradas reinas de la horterez, que el ritmo no pare... ;-)

Chic

Siguen sin ser los hombres más guapos, aunque me encante su forma aparantemente descuidada de combinar tejidos y colores; siguen sin ser los más simpáticos, aunque me divierta esa elegante pose suya de sentirse ajenos a todo y a todos; incluso sigue sin ser el mejor de los climas, con esos claros y nubes que se alternan juguetones y revoltosos día tras día. Pero, sobre todo, sigue siendo la ciudad que más me apasiona, la que más representa en mi biografía, el lugar del que nunca podría ni sabría prescindir.
También esta vez, paseando por sus bulevares, curioseando sus museos, cruzando sus puentes y reflejándome en su río, he vuelto a sentirme felizmente anónimo, tiernamente enredado en la historia de una ciudad donde no puedo evitar un puntito cursi a lo Ingrid Bergman en Casablanca mientras agarro, sin que él lo note, la mano de mi chico.
Quizá quiero tanto esta ciudad, tan gélida en su belleza como la mismísima Deneuve, porque es una de las que descubrí con él, porque es quizá la que más veces hemos recorrido juntos, porque por culpa de él y de París acabé aprendiendo a hablar (mal, para qué negarlo) el francés que necesitaba para sentirme más parisino y menos turista. Porque, en definitiva, él es mi propio París y solo sé recorrerlo desde la mirada que hemos construido juntos frente a esta ciudad.
Desde aquí, en este lugar y en estos días, siento que esos puentes tragan las sombras de los meses pasados y las hunden en un río del que no habrán de volver. Y ante mí, tan llamativo como el nuevo museo de Jean Nouvel (el Musee du Quai Branly) al borde del Sena, el futuro de unos meses de los que espero mucho a mi regreso. Meses de nuevo trabajo, de nuevos hábitos, de nueva vida... Meses de vocación cumplida y de riesgos nuevos. Meses ante los que no puedo negar que soy todo ilusión (de nuevo, el espíritu cursi de la Bergman me persigue).
En un par de días, cambiaremos París por mi capricho tinerfeño (no conozco la isla y estoy deseando hacerlo), pero no podía dejar de visitar este verano la ciudad donde me encuentro con lo más esencial de mí mismo, quizá porque aquí suelo apagar el móvil y despojarme de todo artificio.
En Tenerife, eso sí, espero compensar la ausencia de la arquitectura parisina y sus tiendas absolutamente chic con la observación de los monumentos (humanos) locales que, confío, lucirán apretados shorts, musculados pectorales y pícaras sonrisas, porque entre los hombres canarios siempre ha habido dignos aspirantes a posar para un nuevo discóbolo. Por si acaso, ahí sí que llevaré el móvil conectado, ya que siempre es más fácil hacer fotos robadas desde el teléfono que desde la cámara y, puestos a robar una foto, mejor que sea de un hombre guapo. No suelen pagarte la exclusiva, pero provoca una morbosa e íntima satisfacción...

13.8.06

Civilizacion y barbarie

Me habia prometido estar en silencio mientras durasen mis vacaciones, pero las portadas de los periodicos me han impedido hacerlo. Asi que escribo ahora con un teclado frances que no domino y sin las tildes de rigor, porque no las encuentro en el teclado en cuestion.
Sea como sea, me parece necesario poner un cortafuegos mas, insignificante y probablemente inutil, en este blog, donde desde siempre he intentado que se alternase lo personal, lo erotico, lo cinematografico, lo ludico y, como no, lo social.
Por eso esta noche, en plenas vacaciones, he tenido que romper la promesa de no escribir para dejar testimonio de esas tierras arrasadas por el fuego y la barbarie de quienes lo provocan.
No hare ningun analisis de la situacion, pues me faltan datos para ello, me limitare a dar mi mas sincero apoyo a quienes luchan por frenar esos fuegos, a quienes defienden la tierra con tanto coraje, al pueblo que, una vez mas, esta muy por encima de las circunstancias.
De nuevo, una vez mas, es Galicia la que llora y la que sufre. De nuevo, una vez mas, todos nos sentimos gallegos y parte suya. Ojala ese sentimiento no se olvide, ojala dejemos de ponernos muros. Ojala nos olvidemos de enncerrarnos en comarcas, pueblos, regiones o naciones. Ojala lo que se quemen sean todas las banderas y solo queden sentimientos de solidaridad con quienes lo precisen.
Ojala las llamas abandonen de una vez por toda una de las tierras mas hermosas que conozco. Ojala.

10.8.06

Drama queen



Buscaba una película interesante con la que colgar en este blog el Cerrado por vacaciones de rigor, pero mi intento ha resultado un tanto fallido.
La opción elegida: la canadiense C.R.A.Z.Y., de título tan tramposo -con un poquito de perspicacia se adivina el truco a los quince minutos de metraje- como su guión. Un melodrama escrito con la intención doble de hacernos reír y llorar a un tiempo y sin conseguir, en mi caso, ninguno de sus dos propósitos.
El humor le debe mucho a cintas como Léolo -símil que le queda un tanto grande- o a Billy Elliot -de nuevo, la comparación es excesiva para este filme- y el drama se inspira en el folletín de toda la vida y se limita a intentar emocionarnos sin ningún pudor, tocando cuanta fibra sensible se le ocurre al guionista y a su director.
La banda sonora, absolutamente genial, no cuenta con una dirección que la convierta en algo más que un buen disco de fondo, así que no encontramos secuencias musicales tan novedosas como las de aquel Billy Elliot, sino mediocres karaokes -bastante gratuitos y muy en la línea de Viva el espectáculo, con Miriam Díaz Aroca- en los que se saca partido a lo que han costado los carísimos derechos de autor de cada tema(zo).
Por lo demás, la humanidad de la cinta -que la hay, aunque mucha menos de la que sus autores pretenden- se basa en elementos que hemos visto una y mil veces -el dejà vu no abandona al espectador durante toda la proyección-, y no se sabe hacer elipsis en aquellos momentos narrativos donde agradeceríamos que no se subestimase nuestra capacidad y se nos evitasen ciertas reiteraciones.
Pese a su buen arranque, el ritmo se ralentiza y se hace cíclicamente tedioso conforme avanza la película, hasta desembocar en un desenlace que, pese a su intento onírico, no deja de ser grotesco. Entre este final y el de bodrios mucho más breves como Poseidón, casi prefiero el del segundo, donde -al menos- el desenlace es coherente con la estupidez previa y, además, llega media hora antes que en C.R.A.Z.Y.
También me llama la atención la cantidad de violencia de la película. Mucha más violencia que sexo en un filme que, supuestamente, relata momentos de la infancia, adolescencia y juventud de un chico que no admite su homosexualidad. Sin embargo, la violencia debe ser más rentable y menos morbosa, así que vemos unas cuantas peleas -todas iguales, todas ñoñas, todas más o menos predecibles- y ni un solo polvo en condiciones -sensualidad, cero, la verdad-. Personalmente, no he tenido ocasión de pelearme tantas veces por mi condición gay, pero será que no he reivindicado esa naturaleza con la suficiente energía...
Y como corifeos de esa violencia o de ese drama o incluso del humor, un grupo familiar donde los padres tratan de hacer interpretaciones soberbias a base de mohínes -la madre ha podido con mis nervios: a su lado, Meryl Streep es inexpresiva- y los hermanos son un conjunto de estereotipos andantes sin ningún tipo de diferenciación -salvo los tatuajes del macarra, el bigote del intelectual y los biceps del deportista-. La caricatura no funciona en una película con tantas pretensiones, que no acaba de quedarse en ningún lugar y, en el fondo, tampoco cuenta casi nada.
La verdad es que, antes de tomar mi avión de mañana, me apetecía escribir sobre una película que me hubiese sugerido o motivado y no sobre esta fusión de dramatismo, victimismo y melaza familiar que se acerca más a La casa de la Pradera que a la original Ma vie en rose, otra de las referencias -supongo- ocultas de la cinta.
En general, su exceso dramático-onírico (no todos somos Fellini, eso es algo que muchos directores deberían tener en cuenta más a menudo) me ha resultado tan poco realista como las preocupaciones superficiales de los protas de Queer as folk, que -a propósito- cada día me recuerdan más a los personajes de Al salir de clase por la vacuidad de las tramas, la repetición de los ambientes (Babylon-el gimnasio-la cafetería-el piso de Brian) y la simpleza de la moralina que cierra cada episodio.
Afortunadamente, la sensibilidad gay es mucho más compleja, mucho más rica, mucho más sensual y mucho más crazy (sin puntos, sin siglas y sin tanto dramatismo) que todo eso.

Felices vacaciones.
Nos vemos -tras Bruselas, París y Tenerife- a finales de agosto... ;-)

8.8.06

Cuando fui cantante...


El de arriba soy yo. Sí, ese que está tocando la guitarra. Ahí tengo tres años y canto con emoción un tema de los Pecos que, por aquel entonces, eran mis favoritos (para que luego digan que lo de ser gay no es genético). Aún guardo casettes -objetos que hoy ya son reliquias- grabadas por mi tía donde se atestigua mi chorro de voz infantil digno del mismísimo Eurojunior.

El de abajo también soy yo. Sí, ese que está con dos adolescentes -mis primos- en remojo. Ahí tengo veintinueve años y trato de sobrellevar lo mejor posible el calor jiennense del pasado fin de semana.

En realidad, entre ambas fotos lo único que ha pasado ha sido el tiempo. Que no es poco. Veintiséis años entre ambas, veintiséis años que sería difícil resumir en fotografías, porque la vida da para mucho y yo, que soy más bien intenso, la exprimo hasta donde se deja. O incluso hasta donde no se deja... El caso es que la exprimo.

Esta noche, después de una tarde absolutamente deliciosa con dos amigos a los que adoro -y ellos lo saben-, he sentido la tentación de sumergirme en otros años -en otros recuerdos- a golpe de instantánea. Y lo mejor ha sido que, pese a la nostalgia de los que no están, de los que se fueron de un modo u otro, de las pérdidas que la vida trae siempre consigo, no he podido reprimir una alegría traviesa y rotunda al comprobar que, a pesar de los años y las fotos, sigo siendo el mismo que cantaba a los Pecos mientras mi tía me grababa en un radiocasette que hoy sería una antigualla.

No he cambiado mucho -mis muñecos, mi videoteca llena de clásicos de animación y mi pasión por el chocolate dan fe de ello- y quizá por eso me ilusiona eso de empezar a ejercer de profe en septiembre, eso de comenzar un nuevo camino rodeado de adolescentes tan perdidos y tan curiosos como mis primos, eso de ser adulto entre chavales que tienen tanto que aportar y que ofrecer.

Sí, supongo que algo de adulto hay en mí -en el yo que paga las facturas, que revisa la nómina o que cede el asiento en el autobús-, pero el niño revoltoso -el que pone los pies en el asiento justo antes de cederlo, el que se resiste a fregar los platos, el que no se prohíbe ni un solo capricho, el que hace fotos sin permiso a los chicos que le gustan y que ve por la calle- sigue ganando en mí. Por eso, cuando menos me lo espero, me sorprendo tarareando horrores como Acordes o, si el ataque peterpanesco es agudo, canciones aún peores. Pero eso, ni siquiera en un blog como éste, es confesable.

7.8.06

Dos hombres y un destino

para Mart-ini

Allí estaba yo, pasando tanto calor como el mismísimo Gregory Peck en Duelo al sol y con tan poca ropa como la etérea Marilyn de La tentación vive arriba (menos mal que los pantolones no podían jugármela como lo hicieran con su falda o con la de la mismísima Leti hace solo unas semanas). Unos pantalones cortos y una camiseta ajustada que, si hubiera sido el comestible prota de 54 (nunca Ryan Philippe estuvo tan guapo en una pantalla de cine), no hubiera dudado en quitarme, porque el calor asfixiante de Jaén -estoy poco acostumbrado a los rigores térmicos del sur- invitaba a ello.

Entonces, ocurrió lo esperado, algo así como la versión casera de De repente, un extraño. El extraño, que lucía sus esperadas gafas de sol negras como accesorio indispensable de todo Men in black, borró en solo unos trazos cualquier posible extrañeza con tan solo un par de sonrisas, un par de comentarios y un par de gestos que demostraban que bajo el duro hombre de negro había una persona realmente especial, de esas que transpiran ternura y generosidad aunque las gafas intenten ocultarlo.

Y allá nos fuimos, Buscando a Susan desesperadamente, transformando a Susan en una cafetería donde quisieran atendernos. Disfruté con auténtico placer mi batido en mi particular homenaje a la Tita de Como agua para chocolate -qué bello el galán de esa peli, por cierto- y nos dimos unas cuantas confidencias en una conversación que podemos calificar de Íntimo y personal, siempre respetando el espacio del otro y colándonos, con delicadeza, en pequeños pliegues vitales. Pareja, trabajo, costumbres y algún que otro guiño deducido de nuestros respectivos blogs que podremos seguir analizando en los futuros Tienes un e-mail que deseemos compartir.

Al batido y al café, le siguieron las copas y el Martini que exigía un encuentro tan señalado. A falta de las camareras de El bar Coyote -y teniendo en cuenta que nuestros gustos homoeróticos yo creo que se acercan más a los camareros de Cocktail- nos metimos en un garito medio vacío y muy bien refrigerado donde dejamos testimonio gráfico del encuentro y dimos un buen repaso a la actualidad musical del momento, dejando claras nuestras preferencias de Fiebre del sábado noche y analizando, una a una, las versiones de Ana Torroja, que -por si alguien todavía no se ha enterado- ha regresado para seguir siendo la de siempre.

Yo, en mi afán de escritor y profe pesado al más puro estilo de El club de los poetas muertos, me permití darle a Mart-ini un ejemplar de mi último texto teatral publicado. Mart-ini, con una educación exquisita, incluso fue capaz de agradecerme esa tortura y lo guardó con cautela en su bolso para futuras noches de insomnio.

Después, vino la despedida y el retorno a nuestras obligaciones, aunque a mí el encuentro me dejó un muy buen sabor de boca en el que el Martini Rosso deshacía las arenas de Casablanca que me hacía imaginar el calor de Jaén.

De algún modo, de camino a casa, supongo que parafraseé la eterna frase del pícaro policía francés de la película más imperfectamente perfecta de todos los tiempos y me dije aquello de Creo que este es el comienzo de una gran amistad.

The End

2.8.06

Deconstruir la familia

Lo mejor del cine en verano -además de poder elegir sitio para sentarse junto al espectador solitario más guapo que encontremos y que, tal vez, quiera jugar con nuestras manos o nuestros pantalones mientras clava su vista en la pantalla-, es que, como por arte de magia, llegan a nuestra salas todas esas películas que los piratas caribeños, hombres de acero, jim carreys varios y demás eventos mediáticos han tenido retenidas en los almacenes de las distribuidoras durante meses.

Y a veces, entre bodrios pedantes y ladrillos pseudometafísicos, aparecen obras tan emocionantes, sinceras e inteligentes como esta. Una historia de Brooklyn (surrealista traducción de su título original: El calamar y la ballena) es una de esas películas recomendables, necesarias, valientes y transgresoras. Sobre todo porque plantea un tema cotidiano -el divorcio- desde el realismo. Sin maniqueísmos innecesarios ni utópicos planteamientos conciliadores. El guionista, que se basa en su infancia, sitúa la historia en 1986 y convierte su relato en un retazo de una verdad que, por momentos, llega a ser insoportable.

No necesita más que una hora y media escasa para contar magistralmente su historia, sin agotar los diálogos y usando silencios y elipsis que explican y sugieren con la misma rotundidad que la metáfora que encierra el título original y que aquí la distribuidora se ha cargado por algún motivo que escapa a la comprensión de este bloguero.

Custodia compartida, soledad, infidelidad, necesidad, cambio, adolescencia, comunicación, indolencia, sexo. La suma se resuelve sin fórmulas mágicas, con la solvencia de una puesta en escena sobria pero eficaz, con unas interpretaciones contenidas pero magníficas, con un guión al borde de lo melodramático pero mesurado.

Hay temas cotidianos que, lamentablemente, no son bienvenidos en el arte. No queda bien hablar del divorcio si no es para montar un folletín a lo Kramer contra Kramer o una memez bienintencionada como la insufrible Quédate a mi lado. Pero hablar de la familia desde dentro, desde la verdad de lo sórdido, son pocas las películas que se atreven a hacerlo. En ese sentido, Una historia de Brooklyn pasa, desde ayer, a formar parte de mi terna de películas deconstructivas más admiradas, junto con la hipnótica Gente corriente de Robert Redford y la gélida Tormenta de hielo, de Ang Lee.

En mi sala, por cierto, el único espectador guapo, morboso y -momentáneamente- solitario era yo ;-)

1.8.06

Estoy bailando


Estoy bailando

Si lo dejamos bailando,
será más fácil que hablar,
tú bailas con cualquier rubia,
y yo me dejo llevar...


Me bebo tu coca cola,
te dejo el vaso vacío
y sigo bailando sola,
o con cualquier ligue mío.


ESTOY BAILANDO,
CON DIENTES Y UÑAS YO ME DEFIENDO,
Y EL CORAZÓN ME LATE AL TIEMPO DE LA MÚSICA,

Y ALLÁ EL MUNDO,
QUE ES NEGRO COMO EL MAR MÁS PROFUNDO
CUANDO,
ESTOY BAILANDO, COMO SONÁMBULA
QUE NO DESPERTARÁ...


PORQUE BAILANDO,
COMO EN BRASIL DE LA TRISTEZA ME ESCONDO,
DESPUÉS DE TODO CADA CUAL LLEVA SU MÁSCARA,

Y YO ESTA NOCHE ME LIBERO AL FIN DE TI, BAILANDO

QUE LENTO ES ESTE TRÁGICO TANGO,

DESPUÉS DE TODO CADA CUAL LLEVA SU MÁSCARA,

Y YO ESTA NOCHE ME LIBERO AL FIN DE TI, BAILANDO...


Me miras muy fijamente,
vente conmigo a bailar,

la noche es joven bailando,
mañana ya se verá...
Shimai

Una noche perfecta -nada como las madrugadas estivales en Madrid- para quemar bares, pubs y discotecas... Una fecha perfecta para una noche salvaje sin otro propósito que no sea el placer... ¿Alguien se apunta?

Y yo esta noche me libero al fin de ti...
bailando

Preguntas y respuestas

Debido a mi natural complaciente, jeje, no puedo dejar de seguir las indicaciones de mi querido Mart-ini y responder a la encuesta que plantea en su blog.
Por supuesto, todo lo que diga es susceptible de ser cierto. O de ser falso.
A veces, como diría ese gran filósofo llamado Dinio, la noche me confunde...

¿Cuánto tiempo llevas blogueando?
Un año, con interferencias ajenas a mi voluntad. Ahora, sin interferencias, el blog se plantea longevo y cotidiano.

¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y por qué te animaste a participar?
Me enteré buceando en la red, con una búsqueda en google. Me animé porque escribo hace años (novela y teatro) y me pareció que este era un buen medio para dejar caer todo aquello que nunca incluiría en una novela o en una obra teatral y que, sin embargo, me apetecía contar. No tenía pretensiones e incluso no aspiraba a tener lectores, era como la hoja en sucio que emborrono en mis ejercicios de redacción. Luego tuve la suerte de conocer indirectamente a gente estupenda -Naxo, Mart-ini, Nat...- y decidí quedarme por aquí.

Cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia...
En realidad, todos los que figuran en los enlaces. Siempre miro los de Mart-ini, Naxo, Inquilino, Nat y Vulcano. Y disfruto como un niño con los momentazos frívolos de El calentito, que ha suplido en mi existencia al mismísimo Vanity Fair :-)

¿Eres lector anónimo de algún blog?
Sí, el blog de deckard y algún que otro más. Me gustan pero no me atrevo (aún) a comentar. No lo parezco, pero puedo ser tímido (?)

Nombra cinco autores que te despierten especial simpatía
Naxo, por la ternura, la espontaneidad y el talento (creo que no es consciente de todo el potencial que tiene). Nat, por su mezcla de pasión y dulzura. Mart-ini, por su asombrosa generosidad y su capacidad de apostarlo todo por aquel a quien ama. Inquilino, porque es mi alma gemela (y ella lo sabe). Vulcano, porque la lava suma dos de mis colores favoritos, el naranja y el amarillo.

¿Qué blogs consideras con mayor calidad?
El de Mart-ini (es justo mencionar al maestro gráfico, jeje) y el de vi230850, que es con diferencia el mejor blog de poesía que me he topado en la red. Escribe con un estilo nada ampuloso pero absolutamente certero y lleno de ritmo y de emoción. Teniendo en cuenta la confusión habitual entre cursilería y lírica, su hallazgo me ha reconciliado con el verso en estos meses. Lástima que se prodigue poco en los textos.

¿Con qué blogueros te irías de borrachera? (de 3 a 5)
Con Inquilino (cómo no!!!!), con Lady Laura (saber que compartimos el amor por Dani-ECDL me ha unido aún más a su blog si cabe, jeje) y con J. H. (me gustan sus textos y supongo que, como todo autor, ebrio debe ser aún más interesante).

¿Con qué tres blogueros pasarías un noche de locura sexual?
Con Naxo (admitamos que ha vuelto muy morenito y muy guapete de la playa, jeje), con Mart-ini (porque si es como el tío del anuncio no podría resistirme: uno tiene principios, pero también tiene corazoncito) y con El Calentito (porque si el sexo no funciona seguro que nos lo pasamos bien comentando las nuevas tendencias de Louis Vuitton).

¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?
No, aunque si las circunstancias hubieran sido otras podría haber sucedido. Las palabras me seducen mucho más que un buen culo (aunque nunca me pasa desapercibido lo segundo...)

¿Conociste a alguno más allá del teclado? ¿A cuáles?
A algunos ya los conocía antes, como Inquilino (que es más parte de mí que yo mismo...) Luego conocí a Vulcano, estuve a punto de conocer a algunos como Nat, Naxo y J.H. (la próxima vez sí que me apunto) y tal vez en breve me tome un Martini con el señor de negro. También conocí a algún otro bloguero pero, en fin, mejor no recordarlo. Afortunadamente, ya son pasado.

¿Te consideras satisfecho con tu blog? ¿Qué cambiarías?
¿Satisfecho? Yo, por principio, no me considero satisfecho con nada de lo que hago. Soy el rey de la autocrítica, me temo. Sin embargo, en este caso, jamás me he planteado si estoy contento, si cambiaría algo... En realidad, no escribo aquí con ninguna finalidad ni pretendo que sea algo serio o muy estructurado, solo es cuaderno en blanco donde dejo caer palabras que me asaltan, historias que me suceden o recuerdos que literaturizo. Lo que más disfruto son los textos eróticos y lo que menos, tener que hacer referencias a la realidad cuando la realidad -como la de hoy, con 27 niños muertos en el Líbano- es una mierda.

Pasa este meme a un mínimo de tres personas y un máximo de cinco.
Dejo que las tres personas se elijan a sí mismas... Cada cual que conteste lo que quiera.

Y, por último, que se mojen los lectores y digan una virtud y un defecto de este blog
Lo de la virtud, genial. Lo del defecto, incluso puede omitirse. Es más creo que después de publicar este post voy a habilitar la función de moderar comentarios IPSO FACTO. Por cierto, NO A LAS PALABRAS DE VERIFICACIÓN... Es agotador escribir 56 veces cosas como jfu7ythgidos cada vez que quiero dejar un comentario... ;-P