17.8.06

Chic

Siguen sin ser los hombres más guapos, aunque me encante su forma aparantemente descuidada de combinar tejidos y colores; siguen sin ser los más simpáticos, aunque me divierta esa elegante pose suya de sentirse ajenos a todo y a todos; incluso sigue sin ser el mejor de los climas, con esos claros y nubes que se alternan juguetones y revoltosos día tras día. Pero, sobre todo, sigue siendo la ciudad que más me apasiona, la que más representa en mi biografía, el lugar del que nunca podría ni sabría prescindir.
También esta vez, paseando por sus bulevares, curioseando sus museos, cruzando sus puentes y reflejándome en su río, he vuelto a sentirme felizmente anónimo, tiernamente enredado en la historia de una ciudad donde no puedo evitar un puntito cursi a lo Ingrid Bergman en Casablanca mientras agarro, sin que él lo note, la mano de mi chico.
Quizá quiero tanto esta ciudad, tan gélida en su belleza como la mismísima Deneuve, porque es una de las que descubrí con él, porque es quizá la que más veces hemos recorrido juntos, porque por culpa de él y de París acabé aprendiendo a hablar (mal, para qué negarlo) el francés que necesitaba para sentirme más parisino y menos turista. Porque, en definitiva, él es mi propio París y solo sé recorrerlo desde la mirada que hemos construido juntos frente a esta ciudad.
Desde aquí, en este lugar y en estos días, siento que esos puentes tragan las sombras de los meses pasados y las hunden en un río del que no habrán de volver. Y ante mí, tan llamativo como el nuevo museo de Jean Nouvel (el Musee du Quai Branly) al borde del Sena, el futuro de unos meses de los que espero mucho a mi regreso. Meses de nuevo trabajo, de nuevos hábitos, de nueva vida... Meses de vocación cumplida y de riesgos nuevos. Meses ante los que no puedo negar que soy todo ilusión (de nuevo, el espíritu cursi de la Bergman me persigue).
En un par de días, cambiaremos París por mi capricho tinerfeño (no conozco la isla y estoy deseando hacerlo), pero no podía dejar de visitar este verano la ciudad donde me encuentro con lo más esencial de mí mismo, quizá porque aquí suelo apagar el móvil y despojarme de todo artificio.
En Tenerife, eso sí, espero compensar la ausencia de la arquitectura parisina y sus tiendas absolutamente chic con la observación de los monumentos (humanos) locales que, confío, lucirán apretados shorts, musculados pectorales y pícaras sonrisas, porque entre los hombres canarios siempre ha habido dignos aspirantes a posar para un nuevo discóbolo. Por si acaso, ahí sí que llevaré el móvil conectado, ya que siempre es más fácil hacer fotos robadas desde el teléfono que desde la cámara y, puestos a robar una foto, mejor que sea de un hombre guapo. No suelen pagarte la exclusiva, pero provoca una morbosa e íntima satisfacción...

3 comentarios:

Fabro dijo...

Paris.. que ciudad, me enamoré de ella. Qué contradictorio que a mi amor francés lo conocí en Barcelona. Otras noches mágicas fueron esas :)
Suerte allá y traer muchas fotos de Canarias.

Mart-ini dijo...

JAJAJAJAJAJA

Al menos etás disfrutanto de lo lindo ¿no?

Pues sigue haciéndolo

Un beso, con tu permiso.

Naxo dijo...

París, una de mis asignaturas pendientes... No creo que tarde demasiado tiempo en conocerla. Eso sí, antes tendré que preparar un vestuario completamente chic, acorde con la ciudad jejeje
Pásatelo muy bien por Tenerife (de allí sólo conozco el aeropuerto, por un trasbordo), haz fotos a los macicillos y ponte todo lo moreno que puedas!
Por cierto, la canción de las Shimai es tremenda, me la llevé en el mp3 a Jávea y la adoro jajaja
Un besote!