2.8.06

Deconstruir la familia

Lo mejor del cine en verano -además de poder elegir sitio para sentarse junto al espectador solitario más guapo que encontremos y que, tal vez, quiera jugar con nuestras manos o nuestros pantalones mientras clava su vista en la pantalla-, es que, como por arte de magia, llegan a nuestra salas todas esas películas que los piratas caribeños, hombres de acero, jim carreys varios y demás eventos mediáticos han tenido retenidas en los almacenes de las distribuidoras durante meses.

Y a veces, entre bodrios pedantes y ladrillos pseudometafísicos, aparecen obras tan emocionantes, sinceras e inteligentes como esta. Una historia de Brooklyn (surrealista traducción de su título original: El calamar y la ballena) es una de esas películas recomendables, necesarias, valientes y transgresoras. Sobre todo porque plantea un tema cotidiano -el divorcio- desde el realismo. Sin maniqueísmos innecesarios ni utópicos planteamientos conciliadores. El guionista, que se basa en su infancia, sitúa la historia en 1986 y convierte su relato en un retazo de una verdad que, por momentos, llega a ser insoportable.

No necesita más que una hora y media escasa para contar magistralmente su historia, sin agotar los diálogos y usando silencios y elipsis que explican y sugieren con la misma rotundidad que la metáfora que encierra el título original y que aquí la distribuidora se ha cargado por algún motivo que escapa a la comprensión de este bloguero.

Custodia compartida, soledad, infidelidad, necesidad, cambio, adolescencia, comunicación, indolencia, sexo. La suma se resuelve sin fórmulas mágicas, con la solvencia de una puesta en escena sobria pero eficaz, con unas interpretaciones contenidas pero magníficas, con un guión al borde de lo melodramático pero mesurado.

Hay temas cotidianos que, lamentablemente, no son bienvenidos en el arte. No queda bien hablar del divorcio si no es para montar un folletín a lo Kramer contra Kramer o una memez bienintencionada como la insufrible Quédate a mi lado. Pero hablar de la familia desde dentro, desde la verdad de lo sórdido, son pocas las películas que se atreven a hacerlo. En ese sentido, Una historia de Brooklyn pasa, desde ayer, a formar parte de mi terna de películas deconstructivas más admiradas, junto con la hipnótica Gente corriente de Robert Redford y la gélida Tormenta de hielo, de Ang Lee.

En mi sala, por cierto, el único espectador guapo, morboso y -momentáneamente- solitario era yo ;-)

6 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Sí, es sorprendente encontrar estas joyitas para el cinéfilo en el destructivo (por calor y aburrimiento mediático) verano madrileño... Tomo nota, será una refrescante sesión de piscina para el intelecto... un día de éstos.

sigues yendo a los mismos cines?

trementina dijo...

No había oido hablar de ella, la apunto para verla en un futuro.
Aquí seguro no la traerán para verla en el cine.
Gente Corriente, ya tiene años pero es una película que me quedo con tu adjetivo, ...hipnótica.

Cinephilus dijo...

Sí, Vulcano y Trementina, la recomiendo de verdad.
Y no, cambio mucho de cine, así varío el tipo de público por si la peli es aburrida, jajaja
Bueno, hoy abandono ya el chiringuito, que viene mi chico y estoy como loco por recibirlo...

NaT dijo...

A mi ni me llama la atención esa peli, pero para cualquier otra y si es de miedo, terror; psicologico o no u gore... llamame,yo voy contigo, así losmas guapos del cine: nosotros, jajajaja

Un besazo... de CINE!!!

El Calentito dijo...

Eso porque no estaba yo... que para morboso y guapo... jajajajajaja!!
Saludos!!
;-)

dreambear dijo...

Hola!
No conocia tu blog y he pasado por aqui...debo decirte que me parece excelente y me tomaré el atrevimiento de link-earte en el mio. Te invito a visitarme cuando gustes.