5.9.06

Máscaras

Hace poco escribía sobre las mujeres fatal y su omnipresencia en el cine negro. Un requisito argumental sine qua non para algunas de las mejores películas -y novelas- del género. Ese cine en el que la maldad venía envuelta en la más sofisticada belleza, incluso en rostros angelicales que, lentamente, daban paso a la perversidad más despiadada. Y, sobre todo, la más egoísta.

Tampoco el género de terror ha menospreciado la capacidad de la maldad para ocultarse tras formas inofensivas, ya sean niñas poseídas, bebés recién nacidos en los brazos de Mia Farrow o candorosas reencarnaciones del diablo con forma de repelente hijo de diplomático (espléndido Gregory Peck en aquella profecía setentera).

La maldad y el egoísmo suelen encontrar disfraces muy útiles para no ser vistos. Cuestión de inteligencia, supongo, porque ser malvado -al igual que ser ingenioso- requiere un cierto nivel intelectual. O, por lo menos, unos ciertos reflejos. Que Kathleen Turner se saliera con la suya en Fuego en el cuerpo no dependía solo de sus piernas, sino también de su capacidad para saber cuándo abrirlas y cerrarlas alrededor del cuerpo de aquel pánfilo William Hurt.

En otras ocasiones, esa maldad ni siquiera se molesta en esconderse, porque no es consciente de su existencia, porque se asume como normal, porque el egoísmo -insano y desmedido- no deja lugar a autocrítica alguna. Para qué hacer autocrítica cuando se tiene un concepto tan elevado de uno mismo y, sobre todo, una máscara de puritanismo eficaz, rotunda y farisaica. Una creencia de ser algo así como el sumum de la sensibilidad mientras se desguaza el entorno con la excusa de la pandemia emocional y la torpeza de los demás -siempre los demás- para asumir sus carencias.

A mí, esa bondad autobombástica proclamada desde una palabrería vacua, barroquizante y, cómo no, muy ñoña, es la que más miedo me provoca. Porque además de malvada y egoísta, también suele ser embaucadora. Basta con fijarse en el barroco y aletargante discurso de la Iglesia, que lleva años practicando ese noble arte del engaño masivo a través del sermón.

El cine negro, como casi siempre, tiene razón. Mejor no fiarse de las apariencias. Ni de las palabras. El lenguaje -sobre todo el barroco- no suele ser mucho más que humo. La vida -y sus miserias- laten justo detrás.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya, que reminiscencias... Creo recordar a aquella dama que lo mismo atravesaba la selva para adoptar a dos huerfanitos, que de un pestañeo (o de una puñalada) hacía perder el trabajo a 10 profesionales como la copa de un pino.
Aunque bueno, entre su triste figura y el encanto de Veronica Lake hay un enorme trecho, por fortuna.

Sinclair

Vargtimen dijo...

Precisamente sobre la maldad había una película muy curiosa, que era "Gracias por el chocolate". Allí la maldad era algo intrínseco al personaje, que surgía de manera natural, sin que ella pudiera comprenderlo ni evitarlo.

Claro que de máscaras nada. La Huppert tiene de inocente lo que yo de cura.
Si yo fuera un personaje de película y la viera aparecer a 50 metros a la redonda, ya me cuidadía de andarme con pies de plomo, los ojos bien abiertos y hacerme un seguro de vida.

Pero para máscaras y maldades, aparte de "Las amistades peligrosas" y sus mil versiones, la película que mencionabas el otro día de "Eva al desnudo", con Anne Baxter bordando el papel de perra miserable y trepa, oculta bajo el disfraz de mosquita muerta. Como me gusta esa peli.

Naxo dijo...

A mí quien más terror me ha dado nunca en una pantalla de cine es Ben Affleck. Pero porque es un pánfilo! jajaja
Y pensar que pueda estar casado con Jennifer Garner... En fin...
Un besote! (negro no, tan sólo de terror jajajaja)

Cinephilus dijo...

Ay, Sinclair, quién será esa dama de la que hablas... hmmmmmm... creo que tengo que pensarlo un poco... no pertenecería a una empresa superguay y supercaritativa y superimplicada en la que los que no éramos supermoldeables pasábamos por una especie de etapa mobbing supercaritativa también...? creo que eso me suena...

Totalmente de acuerdo, Vargtimen, nada más terrible que aquella Eva Harrington y fascinante ese Gracias por el chocolate (si revisas los posts iniciales de este blog verás que soy Huppértfilo).

Y sí, Naxo, es cierto: Ben Affleck produce auténtico pánico. Todavía se anda buscando en él alguna cualidad que justifique su presencia en el cine y no se ha encontrado. Bueno, eso sí, podemos salvar su culo en Darevil donde, por cierto, el culo en cuestión actuaba mucho mejor que él...

Anónimo dijo...

¡Qué comentarios tan espesos para demostrar lo mucho (o poco) que se sabe de cine y de todo en general!
¡Adelante muchach@s! A ver quién gana el primer premio y "epata" más a los otros y, por cierto, os veo a todos un poco besucones. ¿No habría que restituir al beso su valor? Con tanto beso a diestro y siniestro ya no se sabe porqué se besay no me salgáis con que es un acto de amistad u otra chorrada de esas que por ahí no va la cosa. ¡El beso sólo a quien se lo merece!
¡Qué os divirtáis tod@s un montón!
tanto como yo leyendo este blog y, sobre todo, lo bien que escribe su titular. Quiero ser alumno suyo.

Cinephilus dijo...

Querido usuario anónimo (por cierto, ¿para cuándo un nick de presentación?), ninguno de los que aquí escribimos intentamos epatar a nadie, sino tan solo compartir experiencias o puntos de vista. Al tener que condensar mucho en muy poco es normal que los comentarios resulten espesos, pero es un modo de aportar cosas. Si se relaja usted, seguro que los disfrutará mucho más.
En cuanto a los besos, en fin, qué le voy a hacer, es mi carácter. Uno es muy cariñoso y muy democrático para la cuestión del beso ;-)
En cuanto a lo de ser alumno, trato hecho, siempre que deje de usar esa arroba ortopédica y políticamente correcta para el plural, desde luego. Y es que de ese tema, precisamente, caerá un post en breve. Seguramente denso (lo advierto).
Un saludo / abrazo / beso (elija usted) :-)