10.9.06

Sin preguntas

No suelo hacer muchas preguntas y, cuando las hago, prefiero a los tíos que no las contestan. No necesito rellenar ni proponer un cuestionario previo para compartir un buen rato en la cama. Por eso, cuando empiezan con el instinto periodístico y su retahíla de lugares comunes acostumbro a moverme en dirección opuesta, avanzando o retrocediendo en la pista del local donde halla dispuesto mis redes. Salvo cuando me topo con esa estirpe de los encuestadores nocturnos -cómo te llamas, qué edad tienes, a qué te dedicas-, se me da bien cazar, tal vez porque soy práctico, porque la experiencia siempre supe aprovecharla a mi favor o porque el alcohol, en las dosis adecuadas, hace que los contornos se difuminen y las miradas se mezclen con más facilidad. Luego basta bailar mínimamente bien, moverse con cierta soltura, deslizarse hasta el rincón exacto y dejarse llevar por el azar de un encuentro casual absoluta y fervientemente premeditado.

Hay noches en las que la presa es tán hábil o más que el cazador. Hombres que se saben hacer desear y que se sitúan bajo el foco perfecto para ser descubiertos por aquel a quien eligieron unas canciones antes. Aguantan con estoicismo el consabido revival de himnos gays y fingen la pose que más les convenga para agradar a su cazador. Virilidad seca y casi agresiva esquivando el petardeo musical o connivencia plena con los megahits de la Carrá y sus secuaces para dar una imagen amaneradamente divertida. En el fondo, elijan la actitud que elijan, tan solo es un disfraz. Otra forma de disparo, solo que la suya está basada en la actuación.

A mí me pierde mi lado director, así que suelo escoger a los que hacen mejor su papel. A los más verosímiles. Por eso mi lugar es el del cazador, porque soy quien observa desde el borde del escenario, fingiendo ser uno más en la compañía pero creyéndose diferente. Incluso -ingenua y estúpidamente- superior. Entonces, el actor, que simula modestia aunque se sigue creyendo un dios, se deja seducir sabiendo que, en realidad, es él quien domina la obra. Sin su presencia en el reparto no habría función, se dice, y elige la cama, el lugar y hasta el juego erótico. Al menos, al principio.

Luego, una vez acabado el rito de la caza (cada vez pienso que cuanto más breve, mucho mejor), cada cual deja su máscara a los pies de la cama y se limita a desear -a ejercer su propio deseo- con todo el egoísmo -incluso la brutalidad- que favorece la anonimia. Quizá por eso nunca recuerdo las caras de esos cuerpos, porque mi memoria se ciñe exclusivamente a la piel, al tacto, al mordisco, a la saliva y al dolor. Todo lo demás, sobre todo si son palabras, cae rápido y certero en el olvido.

6 comentarios:

Vargtimen dijo...

Si yo fuera el DJ del local, nada más verte entrar por la puerta, en vez de himnos gays de la Carrá te pondría la música de "El hombre y la tierra" de Felix Rodriguez de la Fuente.

"El depredador nocturno de los pubs de ambiente". Menuda fauna. De aquí al waku-waku.

Cinephilus dijo...

Jajaja... qué maldad la tuya, Vargtimen. Mira que mandarme a concursar al Waku-Waku... No tienes corazón ;-)

trementina dijo...

Y este escrito de cuando es??
de domingo tarde??

Los domingos tardes deberia estar prohibido escribir.
Te has leido cuantas cosas tuyas has dicho??
A ver si resulta ser que eres malo, que normalmente los cazadores lo son, eres malo?? jejeje
Piensa que en una caza siempre esta el cazador y la presa, esta claro que nadie quiere ser presa, pero si te pones en el papel de cazador no piensas en tu presa?'

Buenas noches de domingo, mañana lunes y madrugar toca ya!!

NaT dijo...

¿Puedo preguntar? ¿puedo preguntar?
esto... yo...
la verdad es que no sé que preguntar... me acabo de quedar en blanco
jajajajaja

Bueno cazador... quizá un día cambien las tornas y seas el cazado :P

Un beso... de cineeee

Cinephilus dijo...

En el fondo soy un pobre lobo feroz que, como todo cuento, acaba siendo atrapado por el leñador. Hmmmm... Por cierto, ahora que lo pienso, creo que siempre me dio cierto morbo la figura del leñador. ¿Será que por eso me gustaba tanto el desenlace de Caperucita...?

Vargtimen dijo...

Pues lobo feroz, ándese con cuidado y recuerde lo que le pasaba al lobo en "Hard Candy". Que a veces no hace falta ni leñador...

Trementina, ¿cómo que a nadie le gusta ser presa? ¿qué dices? Con lo divertido que es...