22.10.06

Bajos instintos

Si tuviera que elegir un género de la historia del cine, no dudaría. El mío, desde que tengo uso de (cinéfila) razón, ha sido el cine negro. Tal vez porque su origen está en algunas de las mejores novelas norteamericanas (condenadas a ser subliteratura por ese edén de inframentales que son los snobs y culturetas varios) o porque en ellas viven los personajes más descaradamente sensuales y eróticos del celuloide, convirtiendo en mojigatos y beatas a las mismísimas estrellas del porno.

Amores homosexuales y políticamente incorrectos (inolvidable la pasión inconfesa -con bastón fálico por medio- entre aquel intrigante magnate y el apocado Glenn Ford de Gilda), mujeres fatal capaces de todo con tal de salirse con la suya y pánfilos que las persiguen hasta los abismos para quedarse, al final, sin otra cosa que la humillación y su derrota.

Algo de eso hay en La dalia negra pero, tristemente, se queda en ese algo sin llegar, en sus dos horas de metraje, a traspasar la barrera de lo correcto para conseguir ser, por una vez, brillante.
Y es que este De Palma no es el de tiempo atrás. Recordemos, aunque nos duela, que por él han pasado horrores como aquella Femme Fatale (tan mala que parecía cine español y todo) y se ha empeñado esta vez en un esteticismo que no siempre está exigido por una película donde se agradecería, en más de una ocasión, una sobriedad como la de Curtis Hanson en aquella (sí) brillante L.A. Confidential.

Dejando a un lado las trampas del guión (algo enmarañado al principio y abrupto al final, ¿no podía haberse resuelto la historia sin tratar de hilvanar todos los cabos y, sobre todo, sin hacerlo en unos tristes diez minutos?), lo más flojo de la película son, seguramente, sus intérpretes. Veamos...

Estupenda la Swank, que al fin acierta en la elección de un personaje después de ganar un Oscar (la estatuilla anterior la tiró directamente por el wáter gracias a bodrios diversos). En esta ocasión, se adueña de un papel breve que consigue sobredimensionar y dotar de unos matices que, hasta la fecha, esta actriz no nos había ofrecido.

En el polo opuesto, Scarlett Johanson, que repite cliché, mohínes y tics de la mujer fatal que quiso ser en Match Point. Aquí, sin embargo, lejos del talento de Allen y apartada de su morboso compañero de juegos (el nunca bien ponderado Jonathan Rhys Meyers), su maldad resulta demasiado marujil y su morbo, un tanto limitado. La chica, por cierto, amenaza años de futura vulgaridad y algún que otro aspecto matronil que no hace preverle grandes logros salvo que los nip/tuckianos de rigor se hagan cargo de sus operaciones. Y, por supuesto, confiamos en que guillotinen a su peluquero en el filme, que se ha encargado de afearla con auténtica saña y auténtico talento.

Junto a la sosa Scarlett, el sosísimo protagonista. Un actor descafeinado de esos que gustan a los yanquis y cuyo éxito nadie se explica. Claro que aquí nos pasa lo mismo con gente como Noriega, experto en joder películas allá donde aparece su culo de tónica. En este caso, se trata de Josh Harnett, con un cuerpo interesante pero blandito (mucho más interesante su compañero Aaron, con una virilidad más que deleitosa) y una capacidad de expresión nula, tanto que a su lado el mismísimo John Wayne parece un imitador de Jim Carrey. En una escena, el tal Josh incluso llega a llorar, pero por lo demás, experimenta y transmite las mismas emociones que mis pinzas de la ropa cuando dejo que disfruten del tacto de mi ropa interior.

Ni mis pinzas ni Josh saben aprovechar sus oportunidades (este es el sentido del símil que cerraba el párrafo anterior, por si quedaban dudas), así que la película cuelga sobre los hombros de este muchacho sin sal y sin atractivo que solo se salva por parecer tan pánfilo como mandan los cánones del cine negro, aunque le falte llama, algo de vello pectoral (¿qué coño hace un detective duro de los años cuarenta totalmente depilado?) y, sobre todo, química con las mujeres que lo acosan.

En el bando contrario, la fabulosa Mia Kirschner, una excelente Betty Short, que roba cuanta escena le permiten meterse en el bolsillo (y en su escote). Inmensa en las interpolaciones narrativas que se permite De Palma y en las que, de veras, demuestra que sí es un gran director. Lástima que eso no se mantenga durante los 120 minutos de película.

Aún así, y teniendo en cuenta que este fin de semana desembarca la choni de Bigas Luna (¿por qué sigue estrenando este individuo?) y que Pajares va a estrenar también una película (confiamos en que al menos sea una autobiografía, por aquello del morbo familiar), esta Dalia negra sigue siendo una de las mejores opciones de la cartelera. Así que, a pesar de la permanente de Scarlett y del careto de Josh, recomendamos su visionado. Porque al menos los personajes fuman, el sexo no se condena (aunque no veamos tanto como quisiéramos), la violencia no siempre se oculta y los instintos humanos, como corresponde al cine negro, no se disimulan, sino que se exhiben y se ostentan.

Y si alguien quiere más, que busque la novela. James Ellroy no defrauda nunca las expectativas que levanta. Exactamente igual que la sordidez de la existencia... Ella, tampoco.

9 comentarios:

coxis dijo...

acabo de descubrirte vía sr_skyzos y prometo volver (y también intentaré ver La black dahlia)

SisterBoy dijo...

Cinephilus dime si hay spoilers o si se puede leer sin temor

Vargtimen dijo...

Cinephilus, ya te encargas tú de ponderar a Jonathan Rhys Meyers por todos aquellos que no lo hacen...

Completamente de acuerdo contigo en todo: la dirección de De Palma, el guión, la Swank, la Scarlett, la Kischner.

A Hartnett ni siquiera lo he mencionado en mi blog, de puro insulso que es el pimpollo. Eckhart, desaprovechado.

Por cierto, uno de los polis del departamento era el tipo que tenía pesadillas con la mendiga de detrás de la cafetería de "Mulholland Drive".

Y qué punto ese pub de lesbianas, todo lujo y glamour, con K.D.Lang y sus chicas del coro. ¿Así eran los pubs de lesbianas en los años 40?????
Desde luego, las lesbianas ya no son lo que eran...

Reality Bit dijo...

Yo tengo muchas ganas de verla, aunque no sea del todo perfecta, como dices. Sería difícil quedarme con un género, pero sin duda el cine negro es uno de los que más me apasionan. El Josh está ahí porque está de moda y hay que poner a alguien para que las niñas vayan a verla, porque este tipo de cine engancha más a otro público y no hay que cerrarse puertas. Por cierto, y si un detective de los años 40 no tiene vello en el pecho? Porque yo soy del siglo XXI y no tengo vello ni me depilo, no podría haber sido detective? Saluditos apretados

3'14 dijo...

Uff... con esta peli no se qué me pasa que a ratos me apetece ir a verla y a ratos me da una pereza terrible...
El caso es que la última razón por la que iría al cine a verla es precisamente por el protagonista. No es ese el criterio que sigo a la hora de escoger qué peli consumo (salvo en las de Nacho Vidal, por la evidencia :P). Tengo la extraña manía de fijarme en qué actores salen por su talento escénico, si es que soy rara...
En fin, que si mi pareja me arrastra al cine para ver precisamente esta peli, iré, y siempre que pague él, no por machismo, si no por falta de liquidez por mi parte, jeje..
L.A me pareció una estupenda película, y eso que sale Russell Crowe ;)

Cinephilus dijo...

No, no hay spoilers... Yo, a pesar de Josh, recomiendo ir a verla.
Muchos besos para todos (apretados, jeje, como dice Reality Bits).
En un ratito me pongo con el siguiente post... Estoy deseando escribirlo ;-)

coxis dijo...

somos colegas de profesión...

SisterBoy dijo...

A pesar de todo prefiero esperar a ver la pelicula. Yo estoy deseando leer ese post que anuncias con esa sonrisa tan enigmatica

Cinephilus dijo...

no lo sabía, coxis! qué bueno ;-)

ok, sisterboy, pero cuando la veas, comenta, vale? que tus comentarios sobre películas son muy bien valorados por aquí :-) En cuanto al nuevo post, en fin, no sé si será apto para lectores sensibles... Es uno de mis temas favoritos: el mundo gay visto desde una óptica autocrítica que, en fin, los gays parece que hemos perdido en el túnel del tiempo la capacidad para emitir,debatir o asumir...

p.s. varg, qué razón tienes en eso del pub para lesbianas... A su lado, el pub gay de Lejos del cielo es más inocente que la panadería de Chema en Barrio Sésamo...

p.s.2. varg, qué grande esa cita-símil tuya de "más generosa que Roser en la final del Popstars". A veces creo que ese momento televisivo lo soñé y que solo lo vi yo... Menos mal que tú lo compartiste también