23.12.06

Mi ego y yo

Una pequeña -y previsible- confesión: siempre quise ser el profesor del que se enamoran sus alumnos.

En realidad, no es una idea nada original, es más, todos hemos tenido (¿o no?) ese personaje en nuestras vidas académicas. Hombres o mujeres que creíamos más guapos de lo que realmente eran -tal vez lo fueran- y a quienes convertíamos en una imagen más con la que habríamos decorado nuestras carpetas.

En mi caso, siempre fueron amores ambiguos, porque las idealizaba a ellas -aquella profesora de literatura que tantos pasos marcó en mi vida sin darse cuenta- y me excitaba con ellos -el mercado, en mi caso, no fue tan apetecible, pero supe aprovechar lo poco que se me ofrecía: uno de religión, uno de filosofía...-. Y con el tiempo, en la universidad, incluso hubo coqueteos, roces o juegos con algún profesor avezado cuyo nombre seguiré ocultando hasta que una revista en condiciones me ofrezca la cantidad necesaria para acabar con tanto secretismo vital...

Al empezar este año, en el que iba a ser mi primer curso como docente, me hacía gracia imaginar si alguien en una de esas clases decidiría elegirme a mí como representante de esa figura tan poco original pero tan gratificante para quien la ostenta, porque si de algo carece la adolescencia, es de la más mínima discreción... Y ayer, al fin, ocurrió.

En el recreo, en pleno barullo navideño, mi grupo de doceañeros -los pequeños que me sufren como profesor de Geografía e Historia, una materia ajena a la mía y que me tocó gracias a las estupideces de nuestro cutre sistema- me hicieron un par de regalos con los que no contaba. El mejor, una enorme tarjeta firmada por todos donde insistían en que era el profe más sexy y wapo (son incapaces de escribirlo con g) que habían tenido (?!). Al lado de cada adjetivo, un sinfín de corazones que habían dibujado -no fue difícil reconocerlas- dos niñas del curso, que me entregaron el regalo en representación de los demás con ojitos de cordero degollado... A mí, que no suelo ser tierno en estas ocasiones, se me despertó una vena entre ególatra y paternalista que casi me hace ponerme cursi, pero logré contenerme y, sin llegar a los extremos de distanciamiento (según para qué) de T-Bag, sí me mantuve recto y firme a pesar del embate emocional.

A última hora, ya con los mayores, entró en mi clase uno de los alumnos a los que más quiero. Un chaval conflictivo (dicen) y al que han amenazado con expulsar del instituto. El chico, la verdad, no tiene la culpa de que su situación familiar y económica sea una mierda (en mi centro la renta media es más bien elevada... muy elevada) y tampoco tiene la culpa de que le guste la estética punk porque, a diferencia de muchos de sus compañeros, sabe qué significa el punk y por qué se identifica con ello. Basta con dejarle hablar para darse cuenta de que su problema es que tiene más años de los que ha vivido y por eso le jode que le traten como un idiota o como un marginal sin darle opciones de demostrar que, tal vez, su problema reside en otros aspectos. Ayer, al entrar, me dio un abrazo y me dijo que había venido al instituto solo para desearme un feliz año y para charlar conmigo un rato. Lógicamente, no dimos clase y nos pasamos la hora hablando de temas que ellos mismos proponían (y que, digan lo que digan, no se limitan al botellón: aunque nos moleste admitirlo, piensan mucho más de lo que decimos). En ese momento sí que admito que me pudo una especie de sentimiento que debe llamarse emoción y que, debajo de mi epidermis de papel couché, debe estar más viva de lo que yo creo...

Menos mal que ahora vienen días de compras sin fin, comidas empachosas, decoraciones hórridas, galas televisivas alucinógenas y agobios infumables. Eso será bastante para devolver la acidez a mi espíritu. Y a mi estómago. Que ustedes -si la teleprogramación navideña y las reuniones familiares se lo permiten- lo pasen bien...

20 comentarios:

Mari dijo...

que tus alumnos te quieran y reconozcan es lo mejor del mundo...enjoy este momento y no espere por la acidez..que se nota de lejos que es un tierno

besos empalagosos

dreambear dijo...

HOLA!
Pasaba por aca con la finalidad de desarte una muy Feliz Navidad y agradecerte sinceramente el placer de leer este blog. Pocos blogs me atrapa en sus textos como el tuyo y por eso aunque no siempre comente estoy al pendiente de cada uno de tus post.
Por cierto no me extraña que causes ese efecto en tus alumnos, creo que al menos intelectualmente me podría enamorar de ti ( habría que ver una fotito a ver si lo demás es igual de interesante jejeje).
Un gran abrazo de oso y un beso.

Queer Enquirer dijo...

Pero a lo importante: el chaval ese ¿está bueno o no? Que mucho rollo sentimentaloide pero no cuentas nada de si hubo erecciones durante el abrazo!

Inquilino dijo...

Je je je, cómo molas cuando te pones tierno ;-)
Que sepas que la próxima vez que te vea pienso sonsacarte sobre esta cuestión para poderte ver esos ojillos de cordero :-)
Feliz Navidad, mi querido buzón de mensajes inconvenientes ;-)

PD. Aquí sigo, deshojando la margarita para esta noche. Eso es un no, ¿verdad?

SisterBoy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SisterBoy dijo...

Queer, convertirias en algo sexual el esquilado de copito de nieve.

Me alegra ver que quedará alguien en la blogosfera en estas fiestas, la mayor parte de la gente de mi órbita blogger han arrancado la caña :(

No recuerdo haberme enamorado de ninguna profesora, de hecho no recuerdo que ningún profesor hombre o mujer me haya influido demasiado con excepción de un enano barbudo que enseñaba filosofia y que estaba especializado en tocarnos los cojones provocandonos continuamente algo que con el tiempo he agradecido porque si uno necesita en la vida gente que le dé aliento también necesita gente que le de caña y le de una patada en el culo de sus convencionalismos.

Pero vamos, me imagino en tú pellejo y supongo que debe ser una gran satisfacción en un empleo con tan mala prensa como el tuyo.

Esta es tu pequeña historia de Navidad, y tener una merry little christmas es lo máximo que puede esperar uno en estas fechas tan jabonosas.

(el comentario de antes lo he suprimido yo)

Queer Enquirer dijo...

Copito de nieve también tiene su punto ¿O tenemos que explicarte lo del mundo oso? xd. Bah, si en el fondo me queréis porque digo tantas guarradas :D

Gunillo dijo...

Mira que puedo ser frío y distante; pero si a mí me hacen esos regalitos con corazones y me viene el malote de la panda a darme un abrazo...me deshago en lágrimas...!
Te escribo estas líneas mientras Raphael nos tortura un NocheBuena más, año tras año...(ayns, esos contratos blindados de la TVE-1...)

Cinephilus dijo...

Jajaja, no sé qué es más terrible, si el comentario de nuestro siempre brillante Queer o la presencia de Raphael que denuncia Gunillo en TVE-1...
Y sí, yo soy de los blogoesféricos que se niegan a irse, Sisterboy... Mi espíritu navideño no me da como para desconectarme, como mucho, me da para electrocutarme...

Besos para todos, y si alguien encuentra por ahí al chulazo de la nueva campaña de Dolce&Gabanna Jewels, que avise. Yo, de momento, lo tengo de fondo en la pantalla de mi navideño móvil...

NaT dijo...

Ahota no me voy a leer el post, lo dejo para más tarde o apra mañana en la oficina que estaré aburrida y sin nada que hacer.

Sólo vine a dejarte un saludo y a desearte una
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!

El beso de hoy... que sea navideño a lo que belllo es vivir

PIlar M Clares dijo...

¡Un abrazo que te enternezca, profe!
MUy bonito lo que cuentas, y muy real. Hay que tirar mucho tópico y mucho de mediático en la sociedad, padres, los mismos alumnos, los mimsmos profesores.

Yo me enamoré de mi profe de literatura, el problema es que tenía como competencia a toda la clase, qué digo, ¡a todo el instituto!
La emcoción es la mejor receta para conocer.
Otro abrazo de los mismos.

julia dijo...

Llego hasta vos a través de Mari...y me encuentro por aquí viejos conocidos, seña de que volveré.

Saludos desde Costa Rica

Max dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Max dijo...

Enamorarse de los profesores es un clásico y por ello no le hago objeciones al cliché, tuve una profesora absolutamente genial de Theories/Histories of Performance, que sedujo mi intelecto con su agudeza de orientación post-estructural, su sentido del humor y su sonrisa (lo de las panty medias de cocos no lo pongo, para mantenerme en una órbita muy romántica). Pero hay otro clásico, y es el enamorarse de los alumnos (alumnas en mi caso), pero claro, mis alumnas en la facultad tenían el buen tino de ser mayores de edad. Me gustó tu post, gracias.

Tratadelamerla dijo...

Ay, qué bonito parece tener un trabajo gratificante con hermosos punkarrillas. Y encima tienes 3 meses de vacaciones y trabajas 20 horas a la semana. Menos mal que existe el acoso a los profesores para establecer un poco de justicia poética.

Abad_de_Carfax dijo...

Me encanta leerte cosas así porque me haces recuperar la fe en el sistema educativo español. No en los profesores ni las leyes, sino en los estudiantes. Que yo ya la había perdido, tú.

3'14 dijo...

Confieso haber suspirado en mis tiempos de alumna por algún profe, pero, ¿Regalarle una megatarjeta con corazones? Estos jóvenes de hoy en día van muy lanzados.

En cuanto a la escena del punkie, a mi no me engañas, eso lo has sacado de algún episodio no emitido de "compañeros" o "los serrano". Ni que lo estuviera viendo, en uno de tus encuentros "promiscuos" sea el bus, el cine, la biblioteca, un entierro... te ligaste a algún guionista de una de estas series, y mientras te preparaba un suculento desayuno (con tostadas con mermelada y zumo de naranja incluídos), te inmiscuiste en su ordenador a la caza de material jugoso... :P

Cinephilus dijo...

jooo... qué escasa credibilidad le dais a mi lado más tierno... snif...

besos para todos (muchos besos y muy, muy promiscuos, claro) :-)

Mart-ini dijo...

Feliz navidad.

Un besote

Arual dijo...

Oye pues me encanta tu lado tierno, sinceramente, yo es que en la facultud bebía los vientos por mi profe de "Estructura económica" de una forma más bien platónica, la verdad es que estaba casado y tenía un bebé. Jamás me planteé un acercamiento, pero sí recuerdo que en una fiesta de la facultad una amiga y yo estuvimos un buen rato hablando con él de cosas que nada tenían que ver con contenidos docentes y bufff aquella noche no pegué ojo. Tenía 20 tiernos añitos y estaba en un período un poquito inestable de mi vida. Pero creedme que aún ahora recuerdo a la perfección aquel par de ojos preciosos oteando la clase mientras nos hablaba de la crisis del 73.