18.1.07

El lenguaje de las abejas

Siempre el mismo ejemplo. Las abejas. Mario no entiende muy bien de qué hablarán semejantes insectos ni para qué necesitan tantos signos, pero aprende sumiso que el código de las abejas es uno de los lenguajes no verbales más célebres del mundo animal. Lo ha memorizado todos los años desde que comenzó la secundaria y ahora, este primero de bachillerato tampoco supone una excepción.

Hay más opciones, piensa. Pero se las calla porque, generalmente, no comparte ese tipo de pensamientos con sus compañeros. Con ellos prefiere utilizar ese lado entre divertido e irónico que ha sido su escudo durante todo el instituto. Lo descubrió pronto y se cubrió con él, consciente de que cada cual -en esa jungla que es la adolescencia- estaba buscando y eligiendo el suyo.

Hubiera podido aprovecharse de ser guapo, incluso haberse erigido en el sex symbol de la clase, otro de esos rangos que proporciona un aura defensiva -incluso magnética- en la colmena. Pero no le apetecía convertirse en miel para tantas abejas cuando hacía ya dos cursos -tres, en realidad- que había decidido cuál era el panal -moreno, muy delgado y de ojos negros y profundos- donde prefería ahogarse.

Por eso, siguiendo los consejos de la unidad 1 de todos sus monótonos y nada imaginativos libros de Lengua, empieza a expresar esa decisión con uno de los lenguajes no verbales que jamás aparecían allí como ejemplos. La danza de las abejas le parece compleja y fatigosa, así que la sustituye por la selección atinada y traviesa de camisetas en las que dejar mensajes de lectura más o menos evidente.

Nunca emplea tácticas facilonas, como imprimir letreros o llevar sus ideas a los talleres de reprografía, sino que prefiere buscar dibujos, colores o palabras que algún diseñador haya elegido con un fin mucho más inocente y a las que Mario, en un instante, traviste de significados ocultos.

No ha tardado mucho en descubrir que la semántica de la camiseta posee un código extraño. Contundente. Un código que, repetido con astucia, acababa siendo legible. Incluso por el atolondrado de Sergio.

La primera vez que Sergio le dirigió la palabra fue, precisamente, después de haber interpretado -casi inconscientemente- uno de aquellos signos. El intercambio verbal fue breve. Apresurado. La vida urgía debajo de la ropa. Por eso ahora, cada vez que se besan, la mano de Sergio recorre la camiseta de Mario, buscando en ese braille apresurado de la inconsciencia, nuevos mensajes que le ayuden, a su modo, a saber orientarse.

15 comentarios:

Arual dijo...

Buff qué bonito!!! Saber que quien te gusta ha sabido interpretar los mensajes ocultos que le lanzas.... Me ha gustado la historia de Mario y Sergio. Hoy también soy la primera en comentar en un post tuyo, jeje!

dexter dijo...

Por lo visto os habéis propuesto entre todos hacerme llorar y demostraros que yo también tengo corazoncito y alma sensible. No imaginas cuan reflejado me he visto en tus palabras. Yo también era una abeja, sólo que nunca tuve ánimos para volar del panal, siempre con los oidos llenos de cera e incapaz de oir los sonidos que me llegaban del exterior.

Gracias por tu post. Un beso

Mart-ini dijo...

Me gustó el texto pero le falta...no se, algo que no sabría explicar.

Mari dijo...

beestung

Cinephilus dijo...

Qué puntualidad, arual! Deberíamos instaurar un concurso de first-comments entre los dos ;-)

Querido dexter, basta leer cualquiera de tus comentarios para darse cuenta de que esa etapa "cera en los oídos" está muy lejos ya, pues en todos tus textos se trasluce una persona capaz de escuchar, leer, interpretar y sentir entre líneas ya sea desde el humor, desde la ironía o desde esa sensibilidad que, i'm sorry, cada día nos muestras con más (y mejor) evidencia. En la colmena eres una abeja más que destacada. Toda una abeja vip ;-)

Tienes razón, Mart-ini, porque el texto no es más que un retazo elíptico en el que la narración, esta vez, es una excusa para hablar de otra cosa. Por eso notas ausencias en el texto, de todos modos, no pretende ser más que un conjunto de líneas con algo de sentido. Besos, wapo.

Gracias, Mari, la concisión te sienta tan bien como el lirismo :-)

klingsor dijo...

Anda! Estoy AHORA MISMO trabajando con un texto sobre la comunicación (lo de siempre, canal código, etc etc etc).
Joder con las abejas. Si encima pican las jodías!

Tú escribiendo un post tan delicado y yo llenándolo de cosas prosaicas... ;)

Por cierto, en mi blog de hoy también hay una lectura perversa de los tópicos de los Temas 1 de los libros de lengua. Te gustará ;)

coxis dijo...

qué texto tan bonito...
Cuántas veces nuestras camisetas han sido gritos pidiendo ayuda o pidiendo amor o simple reafirmación de nuestra persona

¿está basado en hechos reales, si se me permite la pregunta?

Vargtimen dijo...

Muy original, y es verdad que es distinto a otros relatos que has escrito antes por aquí.
No sabría explicarlo, pero lo has hecho tú antes. Es más elíptico, líneas más dispersas pero quizá por eso transmiten las distintas sensaciones con más fuerza.

Me ha gustado mucho y créeme, ya en la primera línea que hablabas de abejas y panales, sabía que de alguna manera acabarías ingeniándotelas para que hubiera sexo entre dos zánganos.

Si ya nos conocemos...

Cinephilus dijo...

Ay, Vargtimen, cómo me conoces ;-)

Sí, Coxis, hay elementos reales en el texto. Se nota que eres un buen lector, jeje.

Me ha encantado (una vez más), tu texto-imagen de hoy, Klingsor. Por cierto, tenemos que vernos prontito... que siempre se me quedan pequeños nuestros encuentros. Besos a repartir con ese bellezón con la que compartes vida e inquietudes :-)

w. dijo...

Orientarse puede ser tan fácil como difícil, pero cuando bajo las camisetas palpita una misma e inevitable electricidad, los mensajes blancos y los oscuros trazan un sólo camino posible... Los imanes de piel no entienden de falsos polos, ni de espacios en blanco entre las letras del mensaje... tan sólo dicen aquí, aquí, aquí... siempre.
Es la cosa, que hay mucho sexsymbol suelto por ahí, pero solo muy poquitos saben provocar tifones al llevar palabras sobre la camiseta ... Una vez, creo que conocí a Mario...

andrés dijo...

el manejar ciertos códigos y consensos puede devenir de la tranmisión de conocimentos sobre los mismos o, las menos veces (más cuando se encriptan por temor de la barbarie general), de cierta rara sensibilidad. Cosas que tienen los matices.

Dulce placer el de merodear por este panal, kisses.

Gunillo dijo...

Me ha gustado mucho. Tiene el toque misterioso de las historias contadas con breves pinceladas,que sólo adquieren sentido completo una vez leídas.
Es como impresionismo literario...

Mari dijo...

ncesito una brújula

3'14 dijo...

Estoy estéril en el lirismo y el análisis profundo y concienzudo de tu texto. ¿Te basta un me ha encantado la historia? Lo terrible del invierno es que el frío obliga a llevar jerseys que ocultan los mensajes de nuestras camisetas.

Besos!

JUAN dijo...

lo que le falta es explicar como es el lenguaje de las abejas