2.4.07

Como cabras

Pues no. No soy moderno ni tolerante. Eso es lo que he deducido esta noche. Y lo he deducido porque me temo que yo solo creo en la libertad, en el deseo, en la pasión compartida por todos aquellos que, voluntariamente, deseen compartirla entre sí. Creo en la heterosexualidad, en la homosexualidad, en la bisexualidad, en la pansexualidad. Creo que somos un 99% sexo y que, probablemente, el 1% restante también lo sea, solo que no lo sabemos o, si lo sabemos, lo callamos. Creo en la monogamia, en la poligamia, en el trío y en la orgía. Creo que nuestra vida se basa en el deseo, que nuestras acciones son consecuencia de su sed, que el amor y el cuerpo y el alma son conceptos que se anudan con fuerza entre sí. Creo que el placer nace de la fantasía, de la imaginación, de la libertad de cada cual para atrapar sus delirios de belleza o de instinto. Creo que el sexo va más allá de la piel y se interna en el campo del intelecto, que es sofisticación, que es Sade y es dieciocho francés, que es fetichismo y es obsesión. Y creo en todo eso, supongo, porque siempre lo he pensado así y porque tengo la inmensa suerte de compartir mi cuerpo, mi vida y mi cama con alguien que no deja de abrirme caminos de tolerancia -sexual, sentimental, personal- desde que empezamos a andar juntos.

Por eso, en mi nada moderna forma de ser, no creo que la zoofilia planteada en la obra teatral La cabra sea una metáfora válida para hablar de esa libertad. No creo en las formas de sexo donde uno de los participantes no escoge su presencia en el acto. No creo en la violación de animales como no creo en la violación de niños. No me parece que aplaudir algo así sea un ejemplo de modernidad. Por eso, supongo, no soy moderno.

Por eso y porque el montaje La cabra -que sufrí ayer con toda la dignidad que pude- es, ante todo, un espectáculo ajado y cateto, con interpretaciones histriónicas y desmedidas, con una dirección ramplona y con un nivel actoral más que insuficiente, con ejemplos como el supuesto hijo (que me hizo añorar a los pseudoactores de Al salir de clase), el simple del amigo o la histérica y vulgar esposa del, por otro lado, desubicadísimo protagonista.

La obra, que se afana por demostrar su vertiente inteligente y transgresora, se compone de una sucesión de chistes dignos de Aida en sus peores momentos y se ve aún más castigada gracias a la traducción de su director, que ha decidido llenar de tacos el texto en un intento de convertirlo en un diálogo cercano y espontáneo. Como siempre, la densidad mata la intensidad, así que uno acaba sin inmutarse ante tanto grito y tanto insulto. Los gritos, eso sí, abundan. Y, para colmo de males, se ven acentuados por la presencia de unos micrófonos escénicos (¿por qué ya no quedan voces teatrales de verdad?) que hacen metálicas las, de por sí chillonas, voces de los cuatro protagonistas.

Y lo peor, lo más nauseabundo, lo que más me enojó, fue el aplauso hipócrita de la sala. Los bravos ante un montaje más que mediocre -malo, realmente malo- de todos los espectadores allí presente. Porque estoy seguro que todos esos que ayer veían tan moderno y tan tolerante la metáfora del hombre que se acuesta con una cabra pondrían el grito en el cielo si su hijo o hija les contase algo tan sencillo como que es gay. Muchos de esos que aplaudían con tanto entusiasmo la zoofilia jamás concebirían que un trío o una sesión de sadomaso fuera una forma digna o decente de sexualidad. La mayoría seguirá mirando hacia otro lado hacia asuntos como la prostitución que es mejor dejar pasar para no pringarse demasiado.

Es fácil, y hasta cómodo, hablar de la tolerancia sexual desde la aberración con la excusa del humor del absurdo. Pero lo valiente, lo realmente osado, es plantear la sexualidad con naturalidad sobre el escenario. Sin explicaciones. Sin debates. Sin justificaciones. Eso, aunque suene mal, lo hicimos en mi grupo con El sexo que sucede, y era curioso observar las reacciones de algunos públicos ante la bisexualidad de una de sus protagonistas. No pretendíamos nada más que plasmar situaciones cotidianas y ni siquiera había un solo desnudo en escena, pero todo lo cargamos de sensualidad. De normalidad.

El problema es que el sexo, cuando es normal y múltiple, sí que escandaliza. Y se ponen carteles prohibitivos como los que acompañaron al estreno de la poco y mal apreciada Shortbus. No, es mucho más moderno plantear el tema de follarse a una cabra. Dónde va a parar...

17 comentarios:

Mari dijo...

Amen a todo cinephilus. ver escenas de violaciones es el pan de cada día. Y, como muy lacanianamente dijo usted, lineas arriba, el sexo es la matriz, la base, el deseo nos mueve, es el origen de todo. Pero concensuado. Ni cabras , ni niños, ni mujeres, ni hombres, violentados representan esa libertad de goce.

Anónimo dijo...

La obra es decididamente mala, la interpretaci�n mala, la direcci�n y la adaptaci�n peores. Una de las peores obras que han pisado y pisan los escenarios espa�oles. �Porqu� se premi� Supongo que el mundo del teatro en Espa�a est� a la deriva y, s� como Cinephilus, coincido en que decir en escena, tacos a mansalva (sin venir a cuento, esto es), plantear una situaci�n "chocante" (y mal resuelta) que deriva peligrosamente hacia temas que deber�an tratarse con mucha mayor delicadeza de esp�ritu y no de forma superficial, peligrosa por banal al abordarla con el �nico objetivo de "�pater le bourgeois", intentar resolver el conflicto teatral a voces (de hecho no se resuelve nada)y de forma tosca (la disputa matrimonial, a base de una mujer hist�rica tirando objetos al suelo para romperlos y mostrar as� su enfado (creo que es un recurso de teatro de bulevar malo y trasnochado), con unos actores que van de lo malo a lo detestable, sin control de dicci�n ni respiraci�n (�qu� desgradable oir las voces a trav�s de un altavoz, en especial la de la �nica actriz, persona ordinaria de aspecto, gestos, expresi�n). Vestuario de mal gusto, nada verosimil para los personajes que se supone que son. En fin, un derroche de mala calidad , un desastre total, digno de un p�blico que aplaude a rabiar crey�ndose que ha visto algo inusual, osado, moderno.�D�nde est� el Edward Albee de �Qui�n teme a Virginia Woolf? o incluso el de Tres mujeres altas? No en esta obra, ciertamente.

SisterBoy dijo...

En el sexo cualquier cosa es admisible excepto la que esta viciada de consentimiento.

O parafraseando a Hichcock "Nunca te acuestes con niños, con animales o con Charles Laughton" (bueno con Charles Laughton todavia)

Me apunto la obra para no verla.

inquilino dijo...

Jo, vaya un finde de bodrios que te has metido ;-)

La que sí que es estupenda es Shortbus. Cada día que pasa me gusta más.

Arual dijo...

Se puede decir más alto pero no más alto, totalmente de acuerdo contigo Cinephilus, en el sexo vale todo mientras las partes consientan, lo demás desde luego no vale, y si verlo así es síntoma de no modernidad, me temo que me pasa igual que a ti, qué poco moderna soy, besos y celebro tu vuelta!!

Queer Enquirer dijo...

Chico, vaya reentré (¿se escribe así no?). Sinceramente es la primera crítica mala que leo de esta obra y pensaba ir a verla, pero a última hora y por causas desconocidas, se suspendieron las representaciones previstas.
Entre lo que has escrito y que Josep María Pou me cae gordo... Aunque me encantaba aquel programa que tenía en RNE sobre musicales.

bigotudo dijo...

Entonces supongo que serás vegetariano,porque tampoco es que los animales presten su consentimiento para ser degollados.

Cinephilus dijo...

Gracias, bigotudo, echaba de menos ese argumento demagógico para seguir alimentando -y nunca mejor dicho- este debate ;-)

3'14 dijo...

Celebro tu rápido regreso, sin tiempo a responder tu anterior post (mi tiempo también se me escapa) que entro y me encuentro con este nuevo.

También estoy de acuerdo en todas y cada una de tus palabras.

Y como carne, pero es que resulta que es un alimento básico para una rica y equilibrada alimentación. Además de que en otros argumentos le pueden refutar a bigotudo que la "matanza" de ciertos animales es necesaria por el simple mantenimiento de la cadena trófica.
Luego lo que es justificable es que existan seres humanos con el mismo nivel de conciencia que una cabra. Lo cual explicaría las relaciones sexuales entre ambos.

Estoy en contra de las corridas de toros (asistir a una muerte agónica de un animal por el mero disfrute de presenciar un "espectáculo" me parece una atrocidad) Tampoco estoy a favor de la indiscriminada matanza de focas, por la crueldad con las que se les mata, ni con la caza y despellejamiento de algunos animales sólo por su codiciada piel para hacer abrigos que no sirven sólo para resguardarse del frío, existiendo otro tipo de material alternativo y que sirven encima para potenciar desigualddes sociales. Ni la persecución de elefantes para la adquisición de sus preciados colmillos para crear objeto decorativos... podría seguir, preo son razones obvias que desmontan, como dice Cinephilus ese demagógico comentario.

3'14 dijo...

ah! en el post que escribiste sobre Shortbus ya hice mi comentario respecto a la peli. Por si no lo habías leído. ;)

coxis dijo...

peliagudo este asunto...
También he visto "La Cabra" y reconozco que no soy muy espectador teatral y todavía no sé ver con demasiado espíritu crítico las obras.
Ahora bien, estoy de acuerdo en que el que hacía de hijo lo hacía fatal, muy histérico, y parecía muy mayor para la edad que representaba...
A mí sí me gustó cómo actuaba la madre y esposa, me gustó su tono de voz que casi se quebraba, casi se ahogaba, como reprimiendo el monumental cabreo que tiene al enterarse del affaire de su marido...
El final te lo ves venir, de tragedia griega, diría yo...
No es la obra de mi vida pero tampoco la veo tan mala, a mí me hizo preguntarme si vería bien la zoofilia (no la homosexualidad, la bisexualidad o los tríos) y desde luego no la vería bien, pero si lo hiciera una persona de mi familia no sé qué diría ni que haría... Y esas preguntas que me formulaba a medida que la obra iba pasando sí me motivaron las meninges...

...Claro que para gustos los colores.

Saludoides y siempre un placer leerte

Mart-ini dijo...

valeeeeeeeeeee... no la vemos.

Abad_de_Carfax dijo...

Anda, se tragó mi comentario estupendo :(

Cinephilus dijo...

que conste que esta es solo mi opinión y, por supuesto, no se trata de disuadir a nadie... simplemente, es que en cuestiones teatrales, soy muy visceral ;-)

besos para todos

Anónimo dijo...

A mí también me parecieron pésimas la obra, la dirección y la interpretación. El hijo es un bodrio de actor y la madre o esposa....¡Con esa respiración que se oia gracias a la amplificación! ¡La pobre no tiene capacidad para decir una frase entera sin que se la oiga repirar! Su aspecto bastate ordinario, al igual que sus posturas al sentarse, no cuadra con lo que se supone que es...El "amigo" es una caricatura de los personajes del Paralelo barcelonés. Lo dicho, que me pareció un bodrio a mí también.

Maria Del dijo...

Eso es porque Las Artes, como la moda, estarán siempre muy relacionadas con el cuento del nuevo traje del emperador

Anónimo dijo...

Cómo es pathetic. Él comió como un ser humano grueso que el comería. Como una mitad libra de tocino cada mañana -- no incluyendo la salchicha y los huevos él comió.