14.5.07

L'ivresse du pouvoir


Árida y densa. Como las perfidias más afiladas de Chabrol -¿qué sería del cine europeo sin su retrato de nuestra sociedad?- y las miradas profundas -esta vez, menos turbias- de la Huppert.
Y de un guión lento, sin más acción que la verbal, sin más personajes que los estrictamente necesarios, sin más hechos que los previsibles desde el primer minuto de película, se teje -sin embargo- un retrato sólido y asfixiante de eso que nos rodea y que, entre todos sus camuflajes, acaba teniendo siempre la misma esencia: corrupción, manipulación, poder.

L'ivresse du pouvoir, inteligente en planteamiento, no se queda en el escándalo puntual -aunque se ambiente en los escándalos financieros de la era Chirac-, sino que -más allá de las operaciones Malayas de rigor- ataca dos dianas mucho más complejas. Una, la más lejana: los círculos intocables que sustentan ese circo de corruptelas y sobornos, la infraestructura que se mantiene ajena a la justicia y a su acción, el bosque que -como en el plano que metafóricamente cierra la película- sobrevive al talado de algún que otro árbol con el que contentar a las masas.

Otra diana, la más arriesgada, mucho más próxima: la del riesgo de autoembriagarse, emborracharse, enajenarse. La posibilidad de perder los límites de la ética personal al vernos con el más mínimo poder. Con la más mínima opción de ejercerlo. Y ahí, en ese juego de identidades, es donde el filme gana su mayor baza. Porque se atreve con un tema demodé: la ética individual, pero necesario. Y si no, basta con escuchar a todos los que ponen el grito en el cielo por el precio de la vivienda y, acto seguido, confiesan que están comprándose un piso como inversión. Para alquilarlo o para revenderlo. Pero como inversión... La suya es una especulación minúscula, casi invisible, pero real y palpable. Otra forma de corrupción que toleramos y ante la que asentimos convencidos. Haces bien, responderemos, haces bien en contribuir con tu granito de arena a esta sinrazón del suelo inasequible y la vivienda digna como utopía irrealizable para la mayoría de la población.

La película, desde luego, no parece tener gran fe en el ser humano, aunque personajes como la jueza compañera de la Huppert y el sobrino de su marido -un estupendo secundario cargado de ambigüedad/humanidad- nos permitan respirar con cierto alivio y sentir que, tal vez, ser fiel a uno mismo sí es posible.O, por lo menos, merece la pena intentarlo.

7 comentarios:

SisterBoy dijo...

No me gusta nada el cine de Chabrol, lo encuentro cínico y chirriante. Pero tengo tanta hambre de cine que acabaré viendola. Bueno, quizás lo haga y si así es te diré lo que pienso

3'14 dijo...

Tengo que verla, tengo que verla! Y mas despues de tu comentario :))

Sisterboy, jeje... una vez mas en desacuerdo, las pelis que he visto de Chabrol me han encantado. ;)

dexter dijo...

A mi sí que me gusta Chabrol pero no soporto a la Huppert, así que no sé que haré.

Besos de vuelta, Cinephilus

Cinephilus dijo...

la verdad es que tanto chabrol como la huppert son de los que despiertan pasiones o fobias... yo, ya lo veis, soy de los mitómanos consumados... qué le vamos a hacer ;-)
besos a todos

dexter dijo...

Yo tengo un problema. Odío a la Huppert, aunque en su descargo he de decir que no es la Isabelle más detestable del séptimo arte- que es Adjani por supuesto. Que sea la musa de Chabrol me impide disfrutar con plenitud de la mayoría de las obras del cineasta. Si hasta me parecido indigesta Une question de femmes, con eso te digo todo. Eso sí, que nadie me quite La ceremonia (en esa hago un esfuerzo y la aguanto).

Cinephilus dijo...

Bueno, está bien, por ser tú, dexter, te perdonamos ;-)
Y sí, La ceremonia es, simplemente, extraordinaria...

SisterBoy dijo...

Acabais de nombrar dos de las de Chabrol que no me gustan :)