27.5.07

Virtudes de lo esférico

Noche ochentera como preámbulo a una intensa jornada electoral que, pese a lo previsible de algunos resultados (¿alguien salvará a los madrileños de la des-esperanza...?), se promete interesante. Obviamente, si esto fuera un blog snobísticamente correcto estaría despotricando contra las elecciones, criticando la ingenuidad de los que votamos y demás monsergas panfletarias que quedan fenomenal en cualquier reunión intelectualmente aceptable. Como de intelectualmente aceptable tengo poco, admito que sigo con interés el día de hoy y que me gusta saber que sumo un uno más (el uno es un número mucho más nutrido de lo que parece) con cada papeleta. Hay vuelcos, como el 14-M, que no se hubieran conseguido de otro modo.

Anoche, tocó renfe, buses y taxis para llegar a la casa lejana pero -sobre todo- cálida de mon frère David, hermanito mayor por cuestión de días (te pillo el mes que viene para sumar ese tres que tanto vértigo nos da este año...) quien, como siempre, se desvivió por y para todos los que allí fuimos. El color de la velada, por cierto, fue el coral, impuesto por las atrevidas camisas de mi chico -no soy objetivo, pero estaba guapísimo, as usual- y del anfitrión -también estupendo, comme d'habitude-, que debieron ponerme de acuerdo sin avisarme aunque, por ser quienes son, no me sentí celoso de tanta afinidad cromática y ni siquiera les reproché que no me avisaran de la tendencia coralista. Quizá por eso, por la afinidad y por el cariño, todo salió tan bien. Seguramente es que David, como es una de las mejores personas que conozco, merece que todo le salga bien. Sí, yo creo que va a ser eso.

Y después, aunque decepcione a mi querida Pal (que espera un post sobre la tiranía de mis amigas y el estrés que me provocan con sus demandas), pude disfrutar de dos de esas personas con las que la comunicación no admite etiquetas porque, simplemente, es excepcional. Porque no fue estresante ir a veros, my girls, sino todo un regalo de esos que de vez en cuando te caen por sorpresa y ante los que solo cabe disfrutarlos con toooooda la delectación posible. Así que allí nos fuimos los tres, a buscar un Morocco que se había escondido en una bocacalle tramposa y a sumergirnos en risas, anécdotas y confidencias mientras el dj se divertía con sus packs de revivals, demostrándonos que en ese local la música la pinchan por tandas y la reciclan por toneladas. El mejor pack, sin duda, el ochentero, justo antes de que viviésemos el flash-back brutal hacia los sesenta y comprobásemos que, al menos en el Morocco, los hombres hetero no saben qué hacer con semejantes músicas. Natural, porque los hombres no hetero tampoco lo tenemos muy claro.

Ritmos aparte, la noche acabó sonándome a Radio Futura, a Alaska, a Los Zombies. Y por eso, en homenaje a una noche redonda, opto por el más esférico de los símbolos ochenteros. Se trata de una bola de color transparente que, en este caso, está en manos de Santiago Auserón. Seguramente el voto sirva para que haya décadas como aquellos ochenta y ciudades como aquel Madrid. Aunque eso, lástima, siga sin ser snobísticamente correcto. Qué le vamos a hacer.

6 comentarios:

Lydi dijo...

El Deivid es, constato, una de esas personas maravillosas que, por fortuna, se cruzan en la vida de una.
Queridísimo Deivid, si lees esto (creo que sí), recibe un abrazo enorme y muchísimas felicidades.

SisterBoy dijo...

Lo único que recuerdo de los ochenta es un grupo de chicos de primero de BUP cantando "Escuela de calor" en la guagua del instituto.

Anónimo dijo...

Temo que yo también esperaba el susodicho post, en una de esas punzadas de culpabilidad que a veces entran cuando te lo pasas realmente bien - cosas de las chicas y la educación judeocristiana - y sin embargo... Una vez más gracias por la sorpresa y gracias por el tiempo que tan bien gastamos anoche.

Besos ochenteros

Sinclair

PS: ya sabes que estoy de acuerdo también en lo demás. ¡Me encantan las elecciones! Aunque también temo no me van a encantar los resultados.

2º PS: David, seguro que los 30 te sientan fenomenal, felicidades guapo!!!!!!

Mari dijo...

ahhhhhhhhhhhhhhh
quisiera ser una de tus girls
juro que no lo explotaré.

Anónimo dijo...

De vuelta a Sevilla, me actualizo leyéndote y ¡oh, sorpresa! El temido post de reproche de los reproches no aparece por ninguna parte… ¡Y yo que me alegro! Celebro la ausencia y revivo la festiva coyuntura pre-electoral del sábado. Pero sobre todo celebro la sólida estructura esférica de nuestra amistad a tres bandas. Somos magos de la geometría, porque hemos conseguido formar un magnífico (modestia aparte) triángulo equilátero perfectamente redondo (no temáis: aunque lo parezca por mis palabras, no me he contagiado del triunfalismo genovés). Tan redondo como los momentos que pasamos juntos. Y encima, hemos reformulado el concepto “distancia”, porque ni el espacio ni el tiempo logran que se resquebraje un ápice el cariño, la comprensión, la sintonía y otras tantas cosas.

¡Ay! Qué lejos se sienten muchos amigos que viven en ciudades de menos de un millón de habitantes… y qué desazón me produce oír sus continuas reivindicaciones esgrimiendo facturas pendientes o caducadas (estos delitos también prescriben) por los déficit de atención y/o tiempo cuantificados en llamadas, sms y mails… Ser el vértice de un círculo tiene este inconveniente: te hace completamente inmune a la distancia con los otros dos y cada vez entiendes menos a quienes se empecinan en trazar figuras perfectas e imposibles a base de lo del principio, a base de reproches.

Cinephilus dijo...

Hermosísimo texto, Pal... Qué hermoso es ser vértice de nuestro triángulo contigo y con Yolanda. Qué extraordinario saberos parte tan cercana y tan generosa de mi vida.
Ya sabes cuánto os quiero. Besos rumbo a Sevilla.