7.7.07

Aurea mediocritas

Al fin. Ahora que Marta Sánchez se ha apuntado a una academia de inglés para poder hacer el rídiculo con más propiedad el año que viene y que todos los eurogays se han vuelto a sus casas y han dejado de darnos el coñazo a los gays de siempre, esos que vivimos de acuerdo con nuestras ideas sin hacer tanto ruido ni invadir el centro de Madrid durante una semana, ni ejercemos de personajes de Ralf König ni -de momento- necesitamos subirnos a una carroza junto a Malena Gracia y otras glorias patrias para -juas- reividindicar nuestros derechos, (eso lo hacemos en el día a día con menos purpurina y mucha honestidad), en fin, ahora que ha pasado el torbellino de estereotipos, simplezas y actos supuestamente progres y decididamente automarginales, ahora ya podemos volver a escribir sobre otros temas. En este caso, sobre la mediocridad.
Mediocridad que empaña la vida cultural en nuestro tiempo y de la que se obtienen ejemplos por doquier. En este caso, me quedo con tres desilusiones de diversa índole pero igual calado: el del más férreo gris. Y sí, en lo cultural he mezclado un cantautor, una película, una ópera y dos programas televisivos. Si esto fuera un blog serio, lógicamente, no se consideraría cultural nada que fuera más allá de Cortázar, pero como creo que la cultura es algo más complejo y de difícil definición, opto por la fusión, como de costumbre...

1. Una de música contemporánea: Jorge Drexler.
De acuerdo, mi nivel de expectativas en este concierto tal vez fuera desmesurado. No había podido verlo en público antes y confiaba en que su actuación me emocionase tanto como la mayoría de sus letras. Sin embargo, un repertorio arbitrario, caprichoso y mal seleccionado se sumó a una puesta en escena simple, gris y falsamente cómplice, sin capacidad para hilar ni narrar nada de lo que se quería contar. Ni trascendió su vena reivindicativa -que se quedó en lo panfletario- ni asomó su capacidad para transgredir sentimientos y amalgamar experiencias con esos silencios que tan bien modula en sus canciones. En su directo en el Conde Duque, sin embargo, no se contó nada. Tan solo se reprodujeron unos cuantos tracks de otros tantos cedés con una banda de músicos estatuarios y ajenos al público y hasta a sí mismos. No sonaron Antes, Me haces bien, Un lugar en tu almohada, Horas... Solo estribillos cansinos y versiones absolutamente vanas e inútiles... Menos mal que la compañía era estupenda, menos mal...

2. Una de cine: Propriedad privada.
Lástima no haber sabido antes que lo que parecía una nueva experiencia francesa de la Huppert era, en realidad, un filme belga. Y lógicamente, recogía en todo su esplendor el feísmo bruselense en un largometraje absolutamente falto de ritmo (Le fils, otra belga, a su lado parecía un thriller trepidante), reiterativo, obvio y, lo que es peor, hueco. Con un desenlace simplón y que roza lo hilarante, unos personajes mal dibujados y unas situaciones más pueriles que emocionantes. La coartada argumental: una madre desea echar a sus dos hijos -recién cumplidos los treinta- de su casa para comenzar una nueva vida. Lo que se anuncia como una metáfora de una generación apegada a la casa familiar y bla, bla, bla... no es más que un simplista estudio conductista de unos cuantos personajes-máscaras que deambulan por el guión como almas en pena. En este caso, solo dos alicientes. El primero, poder mofarme de semejante tostón a la salida con el mejor compañero posible en una butaca de cine (el mejor compañero posible en todo...) y el segundo, bastante más superficial, que los hermanos, especialmente el moreno, son monos y evitaban, a su manera, la tendencia narcoléptica del público.

3. Una de ópera: El trovador.

Como ya no se pueden hacer adaptaciones fieles de los textos teatrales y operísticos, todo el mundo se cree con derecho a reinventar escenarios, personajes y lugares. Sin embargo, esto requiere un profundo conocimiento de la historia cultural que estos modernos jamás suelen tener (no es moderno jactarse de una sólida formación). Así que, en este caso, el director escénico se mofa del respetable con una versión que anula todo lo que de romántico tiene El trovador y lo convierte en un espectáculo también feísta, de escenarios pétreos y asemánticos, con coros que se mueven con torpeza escolar y con ideas tan brillantes como sustituir la hoguera donde se celebran los ritos mágicos de los gitanos por... chimeneas industriales. Ni siquiera la participación de Pepón Nieto en el pregón europridegay fue tan ridícula. Bueno, es un decir, porque Pepón también tuvo lo suyo... Al menos, la gitana Azucena estaba interpretada por una voz portentosa que consiguió emocionar más allá de los desaciertos generales y de la también torpe voz del tenor, que se ahogó -literalmente- en algunas de sus supuestas intervenciones memorables.

4. Una de televisión: VV.AA.Sí, varios autores, porque no sé si quedarme con el bodrio de telecinco Nadie es perfecto o con la insulsez de Antena 3 Si yo fuera tú. Nadie es perfecto tiene numerosos ingredientes para convertirse en el ladrillo del verano: su presentador -el omnipresente y cada día más empalagoso Jesús Vázquez: ¿cuánto resistirá sin quemarse del todo?-, sus concursantes -frikis de toda índole- y su argumento -o se está buenorro y se es tonto como un cubo (equipo de los guapos), o se es inteligente y se tiene el mismo sex appeal que un mosquito (equipo de los listos). No words... En el caso de Si yo fuera tú, destacaremos la pésima labor de otro guapo catódico, Aitor Trigo, que demostró el día de su estreno -con una invitada como ¿¡Bárbara Rey!?- ser merecedor de una plaza en el concurso de Jesús Vázquez, porque fue el más guapo de los guapos y el más tonto de los tontos (equipo de los guapos en el quiz show citado). Algún día puede que se decidan a dejar a estos guaperas de azafatos o de adornos -no dan para más, pobres...- y empiecen a poner en la tele a verdaderos comunicadores, o incluso a guapos que piensen (equipo sin representación en el concurso pero que sí existe, doy fe). De momento, en el culto al estereotipo que nos invade, eso es algo así como ciencia ficción. Igual que un relato de Bradbury, solo que con TDT en vez de marcianos. Ah, y con la euro-orgullosa Marta Sánchez. Faltaría más.

8 comentarios:

SisterBoy dijo...

Tomo nota de lo de la peli, de todos modos tampoco es que estuviera en mi lista precisamente

inquilino dijo...

Je, je, claro, tú lo que quieres es que te saquen un concurso de listos-guapos contra tontos-feos para abusar. Qué morro!!

La "compañia" promete buscar el concierto más coñazo del verano para arrastrarte con ella. Eso sí, después habrá copitas :-P

Cinephilus dijo...

Haces bien, Sisterboy, no pongas en tus listas pelis como esta ;-)

Jeje, Inquilino, nada de vengarse por el concierto drexleriano... que yo no sabía que... en fin... Menos mal que luego hubo copas :-) Por cierto, está usted fenomenal y muuuuuuuy guapa en las fotos que me ha enviado hoy ;-)

Queer Enquirer dijo...

Querido cinephilus, ¿son cosas mías o últimamente estás más destroyer que de costumbre? Relájese hombre, que le vendrá bien.

Slurpss y muackas diversos.

Siempre tuya,

La Queer.

Cinephilus dijo...

Jajaja, es que ser destroyer es, querido Queer, muy divertido a la par que liberador ;-)

Besos igualmente diversos

coxis dijo...

la Bárbara King se merendó por completo al Aitor éste...

Arual dijo...

Todo esto necesitabas soltarlo, dí que sí Cinephilus, ¿a que ahora estás mejor? Esto es terapia veraniega y lo demás cuentos chinos!!!

Vargtimen dijo...

¿Pero es que Jesús Vazquez no conoce términos como "vacaciones" o "saturación"?

A Drexler no le sigo la pista, nunca he ido a la ópera aunque no me importaría y la película que comentas si tenía interés en verla, como todo lo que hace la Huppert, pero me has quitado las ganas.
Hace poco la ví en "La borrachera de poder" y estaba como siempre espectacular, aunque la película no sea de las mejores de Chabrol.