31.8.07

Ciudada-¿no?-s

El comienzo de este nuevo curso escolar está marcado, sin duda, por los siguientes hitos:

1. El estreno de la película más tonta del año: Bratz, the movie. Su eslogan y grito de guerra, "No tengo nada que ponerme", es el equivalente textil al "Salva la animadora, salva al mundo" de la serie Héroes. En este caso, lo que hay que salvar es el armario, tanto el de la protagonista como el de algún que otro espectador que se cuele a verla... El argumento, que dudamos que exista, es el de típica peli teen, pero sus protas son las muñecas esas espantosas que han pretendido -osadas ellas- competir con la Barbie.

2. La campaña más penosa -y mira que es difícil- de la vuelta al cole de El Corte Inglés, donde los niños son elfos, los colegios son reinos mágicos y los profesores imagino que seremos algo así como hadas (como las Bratz, para ser hada tampoco tengo nada que ponerme) en un spot más cursi y ñoño que el acordeón y los pajaritos de María Jesús.

3. Las fascinantes nuevas colecciones por fascículos, entre las que destacamos Construye tu propia casa andaluza (a ver, quién no quiere tener una casa andaluza en su salón), Construye tu propio galeón español (complemento perfecto para la casa: así el tipismo se agrava con consecuencias nocivas para nuestra salud visual), los minicuentos de Calleja (por si la vista no la hemos estropeado lo bastante con tanta maqueta cutre, así nos aseguramos quedarnos miopes definitivamente), los muñecos de porcelana de la infancia (cierto, ¿quién no ha tenido un gato con botas de porcelana en su infancia, eh?) o, sobre todo, la colección Vuelta al cole con las Supernenas (que no son las Bratz, pero como si lo fueran). De esta última colección, por supuesto, pienso hacerme con el estuche rosa y la carpeta rosa y la mochila rosa y todo cuanto han teñido de rosa sus creadores, que han decidido que supernena=rosa igual que Bárbara Rey=telebasura, en fin, son pequeñas ecuaciones que nunca fallan.

Pero, además de estos eventos culturales, el nuevo curso comienza con la bonita y relajada polémica de: NO A LA CIUDADANÍA. Es estupendo pararse a reflexionar, al menos un momento, sobre el significado profundo de esta negación que haría que Aristóteles volviese a morirse en caso de que le diera por resucitar. Básicamente, este lema supone negarse a la dimensión ética, cívica y política de todo ser humano. Así que, Espe y sus compinches podrían alentar la objeción de conciencia con lemas como NO A LA CIUDADANÍA, SÍ A LO TRIBAL o NO A LA CIUDADANÍA, SÍ A LA ANTROPOFAGIA. Y es que supongo que es mejor comerse a los que piensen diferente, en vez de intentar entenderlos y respetarlos.

No sé, sinceramente, quién impartirá esta asignatura, aunque supongo que los más jóvenes de cada instituto -es decir, los pringados que acaban de empezar, como yo- tendremos el placer de estrenarla. Y, francamente, la asignatura -su programa es más que sensato y necesario, si atendemos al nivel nulo de formación política y social de nuestros alumnos- no es más que la sistematización de unos contenidos llamados transversales que han aprobado previamente todos los partidos en todas sus leyes educativas anteriores. Estos contenidos suponían que, mientras se impartía la asignatura -ya fuera matemáticas, lengua, inglés o acupuntura-, se debían incluir contenidos que favorecieran la convivencia y el sentido ético y cívico de los alumnos. De este modo, se invitaba a que los problemas matemáticos tuvieran fondo moralizante o a que en las clases de idiomas se escogieran textos que tratasen temas de este tipo. De este modo, se recomienda que para analizar sintácticamente una oración se planteen enunciados como "La basura debe reciclarse" en vez del habitual "Pedro y María juegan con sus Bratz en el parque". Lógicamente, la inventiva del profesor no siempre tiene la transversalidad suficiente, así que los contenidos transversales acaban siendo más bien colaterales, como los daños en la paciencia del docente.

Ahora se sistematiza todo eso y se crea una asignatura que trata de explicar a los adolescentes qué es esto de la democracia, cómo funciona y en qué consiste, además de que hacerles reflexionar sobre temas relativos a la convivencia, la marginación y las diversas clases de fobias y violencias que hacen invivible nuestro marco social. No se trata de adoctrinarles para que piensen como nosotros, sino de darles las herramientas para que, de una vez, empiecen a pensar. ¿Se puede refutar un sistema sin conocerlo? Obviamente no. Es como yo si pretendiera criticar a las Bratz sin haberlas comparado en profundidad con las Barbies. Mi juicio sobre esta delicada cuestión no se sostendría.

En cualquier caso, Espe y sus objetores son, además de ruidosos, muy ingenuos. ¿Creen que esos contenidos no los impartimos ya los profesores concienciados sobre ellos? ¿De verdad piensan que la docencia es aséptica y que no se transmite ningún tipo de ideología? Lógicamente, los profesores tratamos de resultar impersonales en cierta medida a este respecto y, sobre todo, de no manipular ni influir negativamente. Pero en nuestro día a día afrontamos mil situaciones que nos obligan a posicionarnos ante nuestros alumnos para comunicarles una visión de la sociedad que sea constructiva. Así, cuando oímos decir un sonoro maricón en nuestras aulas -no siempre por motivos de homofobia, sino por puro mal hábito lingüístico-, podemos optar por hacer oídos sordos o por explicar por qué la opción sexual de cada persona no debe ser jamás un insulto ni utilizarse como tal. Y cuando se repiten tantos terribles episodios de violencia sexista, podemos optar por trabajar textos periodísticos que hablen de cuestiones inocuas o llevar un reportaje sobre los malos tratos para concienciar a los futuros hombres y mujeres que tenemos ante nosotros de una lacra tan enorme como esa. Y hasta cuando en mi programa de Literatura me asomo al texto de La Celestina, tengo que volver a elegir entre dar apuntes anodinos y blancos, o profundizar en el texto y en su sentido profundamente humanístico, en su mirada crítica sobre la sociedad y en su defensa de que somos lo que hacemos y lo que perseguimos, en su reivindicación de los sectores marginales, en su negación de que no somos quienes nacemos o quienes nos dicen que somos, ya estemos en el bando de los Calistos o en el bando de los Sempronios y sus prostitutas.

Según los medios crispantes que le gustan a Espe, el nuevo curso va a ser una guerra entre los que queremos vivir con otros ciudadanos y los que prefieren compartir su existencia con futuros borregos embrutecidos. La guerra, sin embargo, se libra cada día dentro de las aulas, aunque Espe y sus objetores no lo sepan y, peor aún, no lo valoren (¿por qué el trabajo docente solo es objeto de críticas y nunca se le da el valor que tiene?). Y esa guerra es mucho más minúscula, diminuta e invisible. Y, sobre todo, mucho más importante. Tanto como encontrar el top perfecto cuando se es una Bratz. O la laca perfecta cuando se es una Espe.

9 comentarios:

Mari dijo...

A leer todos el Leviatan

Cinephilus dijo...

jajaja, mari, genial recomendación :-)

Anónimo dijo...

Esta vez discrepo.

Por lo poco que he leído, me parece que los contenidos de la asignatura no hieren ninguna sensibilidad como algunos se han empeñado en difundir; que no responden al ideario del partido en el poder ni nada por el estilo. Ahora bien: también opino que la transmisión de valores no se puede codificar en un libro de educación para la ciudadanía como tampoco se "hace" a los niños católicos por leer un libro de religión o por tener un profesor cura. ¡Que quiten las dos asignaturas! Es un despropósito que se empeñen en meter y mantener con calzador estas asignaturas en detrimento de materias como las matemáticas, la lengua, la literatura, la historia y las ciencias de la naturaleza.


Por cierto: tan cerril es oponerse a lo que no se conoce como acatarlo sin más como ha ocurrido en Andalucía, donde la asignatura se va a impartir aunque no se ha publicado cuáles son sus contenidos...

Pal

Anónimo dijo...

Inciso: mi nueva propuesta formativa es un máster (o al menos, una asignatura en la carrera de Ciencias de la Comunicación) sobre información luctuosa. A los que han retransmitido y comentado todos los fallecimientos y funerales de esta semana les habría venido muy bien...

Una preguntita: ¿alquien sabe qué pintan los niños en la capilla ardiente del futbolista del Sevilla? Mi alumna me confesó que se lo había pasado "bomba" allí, que se había "jartado" de reír... Lo dicho: más pedagogía doméstica y menos asignatura.

Cinephilus dijo...

Estaría de acuerdo en esa pedagogía doméstica si realmente se llevase a cabo pero, lamentablemente, no es así. Además, es necesario que esas enseñanzas se impartan de modo generalizado, ya que el contexto familiar de los alumnos es muy diverso (tanto social como étnicamente, por ejemplo) y solo si se plantean estos temas de forma abierta se puede dar nuevos cauces de integración y formación de esos alumnos. No se puede aspirar a cambiar prejuicios en un curso, desde luego, pero sí se pueden abrir grietas que ayuden a romper guetos.

El tema de la asignatura de religión, sin embargo, es diferente, ya que su problema reside en las propias formas: ¿es justo que alguien elegido a dedo por la iglesia cobre el mismo sueldo y tenga las mismas prevendas que alguien que ha pasado unas oposiciones? A partir de ahí, su presencia en la escuela pública es una injerencia brutal. Además, su fin es catequizar, mientras que el fin de la educación para la ciudadanía no deja de ser el de la esencia misma de la Logse (mantenida en loce, loe y demás siglas): formar personas con criterio crítico. Ese fin siempre se olvida, pero es la esencia de toda reforma educativa desde los 90 hasta ahora. Por tanto, no se pretende hacer dogma, sino exponer contenidos que, a su vez, también articulan algunas de las unidades didácticas de ética y política dentro de la asignatura de Filosofía del Bachillerato (que, lamentablemente, no llegaban a los alumnos que acaban su formación en Secundaria).

En definitiva, no creo que sean dos materias comparables y tampoco pienso que sea una pérdida de tiempo dedicar una hora semanal a reflexionar con los alumnos sobre cuestiones que les afectan en su desarrollo vital, sobre todo teniendo en cuenta el tipo de 'educación' (es un decir) que presentan en esa pedagogía doméstica inexistente en muchos casos y el tiempo (real) que perdemos en el resto de materias, donde el programa pasa en muchas ocasiones a un forzoso segundo plano ante conflictos de pura y dura convivencia.

De todos modos, me parece triste que en vez de debates como este (eso sí es pura ciudadanía: argüir, disentir, opinar), se alimenten fórmulas como la supuesta objetción que preconiza el pp. Teniendo en cuenta los problemas de disciplina de las aulas en Secundaria, solo hace falta que desde arriba se eche más leña al fuego para que se acabe desautorizando a los profesores con cuestiones que, en realidad, no son más que excusas políticas para alimentar discusiones mediáticas.

SisterBoy dijo...

Personalmente creo que sólo hay una cosa más tonta que la asignatura en cuestión y es la oposición que algunos hacen a dicha asignatura.

De todos modos confieso mi desconocimiento del tema, yo deje el colegio hace muchos años y luego no he tenido nunca ningún contacto con esa institución ni sé lo que esta pasando en ella.

coxis dijo...

pufff... Menudo texto y menuda cuestión...

Francamente yo soy bastante escéptico sobre la utilidad real, es decir, que cale en nuestros alumnos, de esta asignatura. La polémica sobre la educación para la ciudadanía no es más que la última demostración de que nuestros políticos utilizan la educación como una arma política más.

Estoy de acuerdo contigo en que nosotros transmitimos cosas al dar clase y los alumnos no son tontos y se dan cuenta de ello, una vez tuve que parar una clase porque le vi a un chaval el cuaderno lleno de símbolos de águilas y slogans como una, grande y libre le dije primero muy serio que "en mis clases no quería símbolos preconstitucionales", la cosa derivó en que el chaval (y la mayoría de sus compañeros) en cuestión era un absoluto ignorante sobre el tema. Dijo frases (que se las habrá escuchado a su papá o abuelito seguramente) como "antes las puertas de las casas se podían dejar abiertas" y yo le dije, algo alterado, reconozco, "sí... Puertas abiertas y cárceles llenas". Al final reconduje la conversación a decirle a toda la clase que leyera mucho y que sacara sus propias conclusiones ante cualquier tema, que la gente que no lee, la gente sin cultura es la más fácil de manejar.

Nuestro trabajo, indudablemente, no se reduce a dar contenidos, hoy, más que nunca, somos psicólogos, consultores, profesores de historia (sin hacer intrusismo ninguno, por Dior), enseñantes de cosas como "cuando uno tose se gira y se cubre la boca" y cincuenta mil cosas más...

Cinephilus dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Coxis. Imposible definir mejor nuestra función multitarea... Besos solidarios, que mañana nos toca empezar again ;-)

Cayetana Altovoltaje dijo...

Efectiviguonder, queridos profes. Lo que los chavales saquen de sus horas escolares depende muy poco de los contenidos de cada asignatura y muy mucho de la labor del equipo docente (si hay equipo, que debiera), del ambiente que se fomente en clase, y cómo no, de lo que viven fuera de las aulas, que es lo primero. Tema muy complicado. Personalmente, estoy muy a favor de una hora semanal, e incluso tres, dedicadas a reflexionar sobre la ciudadanía, la sociedad, o lo que sea pertinente en cada caso. Ahí es donde pueden surgir cosas como la que comenta Coxis de las águilas y la gente que no lee. Tiene que haber un tiempo en el que podamos transmitirles a los chavales cosas útiles para la vida, pero sin la presión de tener que cubrir un programa.
Es complicado.