24.8.07

Crecimiento

Difícil sustantivo. Deverbal, surgido de la sufijación. Y de los interrogantes. Crecimiento. Visible en lo físico. Angustioso, por momentos, en lo demás.

Las dudas, las preguntas, las inquietudes siguen siendo el mejor motor de este concepto abstracto -que merecería la mayúscula con la que adorna sus sustantivos el alemán-, aunque a veces ese crecer, ese cambiar, ese sumar metas sea, a su vez, sinónimo de angustia. O hasta de encrucijada. O de simple visión de un páramo donde no sabemos donde colocar las curvas y las rectas de la trayectoria a seguir.

Normalmente, suelo relacionarme con gentes capaces de sentir ese vértigo de la decisión, del siguiente paso, de las opciones que tomamos para evitar estancarnos en una mediocridad indolente, sonora, estrepitosa. Mediocridad de trabajos no realizadores, o de perezas mal asumidas, o de vidas en pareja rutinarias y torpemente dependientes... Para vencer esos fantasmas del tedio y el abandono personal, no se requieren ínfulas de falsa trascendencia, sino conciencia -humilde y egótica- del yo y de sus limitaciones. De ahí, supongo, la necesidad de escribir, o de leer, o de seguir estudiando, o de acudir a una ópera, o de dejarse llevar por una melodía. Necesidad que nace de la negación de los límites de una vida demasiado compleja como para encerrarse en el recuadro de lo común. De lo vulgar. De lo prescindible. Y de la ansiedad por seguir sumando gotas al océano de nuestra ignorancia, porque aunque jamás completemos el mar, será placentero cada nuevo intento por sentirnos menos idiotas y más humanos.

La capacidad de agonía es proporcional a la inquietud y, a su vez, esa inquietud suele ser inversamente proporcional al placer que proporciona lo minúsculo. Seguramente porque tanta duda hamletiana sobre el itinerario personal acaba haciéndonos conscientes del regalo que supone cada segundo de auténtico placer. De pura vida.

Y esa conciencia no tiene nada que ver con las cifras de la edad, sino con el significado vital que se haga de ella. Con la etapa con la que coincide, con las personas con quienes se comparte. En mi caso, me hace sentir más seguro -más tranquilo- la certeza de que cuento con amigos como Y. y R., que en cenas tan estupendas como la de hoy comparten conmigo esas incertidumbres sobre los adultos que vamos a ser -o que ya somos- y que se niegan a dejar de seguir creciendo personal y profesionalmente. Certezas como la de mi pareja, capaz de entender y apoyar con su extraordinario carácter mis vaivenes profesionales, literarios, teatrales... y seguir alentándome para que no omita las palabras que, según la fase en que me sienta, a veces me parece inútil seguir tecleando en un archivo de word. Certezas como la de los viajes que proyectamos juntos, donde seguimos el rastro de culturas, lenguas y ciudades que me enriquecen porque el hallazgo es mutuo y la necesidad de seguir indagando es compartida. Ceretzas, en fin, que hacen que merezca la pena preguntarse y hasta tratar de contestarse escribiendo otra obra de teatro. Otra novela. O incluso en un posible ensayo que, tal vez -y solo tal vez-, llegue a editarse más adelante. Pero eso, también, es otro interrogante. Y salga o no, merecerá la pena adentrarse en él y buscar sus propias preguntas. Y hasta resignarse a no encontrar respuestas... Para seguir creciendo.

9 comentarios:

Fidelio dijo...

... muchas veces el movimiento, la busqueda, la Sed con mayúsculas alemanas, se paladea sólo en una compañía como la vuestra. Lo que para los demás es extraño, en vuestra compañía es completo... porque el psicoanálisis a tres bandas, las zanahorias metafóricas, los amaneramiento filológicos y las bolsas retro-chulas de Nike son un lujo. Porque sois un lujo.

Puestas en común como la de ayer me recarga las pilas por semanas. Son vida en estado puro. En el estado que más me gusta...

NaT dijo...

Nadie dijo que crecer fuera fácil, ni amar, ni aprender... ni siquiera vivir.
Este post me ha dejado un poco triste.

Besotes de Dolce Vita

P.D. ayer me imprimí todos tus textos pasados. Menudas vacaciones, que chulo todo, que de sentidos y sentimientos y tu foto de la piscina A-LU-CI-NAN-TE.

Cinephilus dijo...

...de acuerdo en todo, Fidelio. Hasta en el amaneramiento filológico ;-)

...no, de verdad que no es triste, Nat, tan solo reflexivo. Y sí, las vacaciones han sido realmente hermosas... Quiero volveeeeer... Muchos besines

Mart-ini dijo...

Me quedo con será placentero cada nuevo intento por sentirnos menos idiotas y más humanos.

Un beso

Anónimo dijo...

Hola guapos,

Cinephilus, gracias por el post. Y, R., el lujo sois vosotros. Gracias, de verdad.

Acabo de leer que científicos de Minessota han descubierto que hay una región del universo en la que no hay estrellas, ni galaxias, ni materia oscura, ni seguramente nada. Puede que la necesidad de llenar de cosas hermosas ese vacío sea el motor. Seguramente nunca se llene. Seguramente os necesite siempre para sentirme más completa y feliz, y entender la simple existencia del agujero.Exáctamente como anoche.
Un beso enorme-enorme, como el sol

Sinclir

Anónimo dijo...

Bueno, o Sinclair, mejor

Mari dijo...

"gentes capaces de sentir ese vértigo de la decisión, del siguiente paso, de las opciones que tomamos para evitar estancarnos en una mediocridad indolente, sonora, estrepitosa. Mediocridad de trabajos no realizadores, o de perezas mal asumidas, o de vidas en pareja rutinarias y torpemente dependientes."

usted y yo somos hermanos

Cinephilus dijo...

siempre sospeché que es mucha la fraternidad que nos une, mi linda mari; besos, muchos

3'14 dijo...

Hacemos revisar un montón de cosas que nos rodean: el coche, la instalación del gas, las amistades... porqué son necesarias esas revisiones para nuestra seguridad, pero en ocasiones olvidamos lo más importante, revisarnos a nosotros mismos. Un post tan íntimo como sublime querido Cinephius. Besos.