2.8.07

De nuestra Odisea: Atenas I

Nuestra primera imagen fue desde lo alto. En un acto de temeridad, relegamos a un segundo plano el cansancio del viaje y subimos, mientras atardecía, por las sinuosas laderas del monte Licabeto. Y desde allí, a nuestros pies, la ciudad con sus contrastes y su caos . Con sus templos griegos (en la foto, el templo de Hefesto) y sus templos bizantinos (como el de la esquina inferior derecha de esta imagen). Y, como premio, tras el esfuerzo de la subida, uno de los atardeceres que, en este viaje, habrían de llenar nuestro recuerdo. Y nuestros sueños.

Inexcusable y previsible visita, pero no por ello menos impresionante. Desde la ciudad alta se podía jugar a arañar el mismísimo Olimpo. Ni siquiera el mar de gente que rodeaba las dóricas columnas del templo era capaz de romper el hechizo. Así que, tras atravesar los propíleos comenzamos a sentir metamorfosis ovidianas en alguno de esos dioses sátiros y menores que, probablemente, habrían hecho alguna de las suyas en la Acrópolis...

Cuentan los mitos que Atenea y Poseidón se disputaron la protección de la nueva ciudad. Así que, en singular combate, cada uno de ellos hizo brotar algo que le permitiese ganar el afecto de sus fieles. Poseidón hizo nacer un río, mientras que la diosa de la sabiduría hizo surgir un olivo. Y así, consagrado a su victoria (Nike) se levanta este templo de Atenea en el conjunto de la Acrópolis. Las cariátides, tan arrogantes como la diosa a la que tributan su presencia, son una de la perspectivas más singulares de este impresionante conjunto monumental.

Y para dos amantes del teatro como nosotros -uno, como espectador sensible y crítico y otro, como director y autor masoquista que sigue combatiendo contra el mundo teatral apolillado y ramplón que tanto nos disgusta...-, era especialmente intensa la sensación de ocupar las gradas de los dos teatros que completan el conjunto de la Acrópolis. Lugares donde era inevitable imaginarse aquellos certámenes dramáticos que trajeron consigo el nacimiento del teatro desde las estatuarias obras de Esquilo, hasta los conflictos éticos de Sófocles y, cómo no, la aparición en escena de la pasión y la humanidad con el -cada día más moderno- Eurípides (por cierto, su texto Hipólito está siendo destrozado actualmente en los escenarios españoles por Ana Belén y Fran Perea... No, no es una broma...). En cuanto a la foto, obsérvese la naturalidad de mi posado...

Atenea fue, en su nacimiento, un dolor de cabeza. Y no se trata de una metáfora de lo dura que es la paternidad, sino de uno de los mitos más ingenuos y casi hilarantes que han llegado hasta nosotros. Según Hesíodo, Zeus tenía una fuerte cefalea, así que le pidió a Hefesto que le abriera la cabeza y allí, ya armada y adulta, estaba Atenea, que no dejaba de dar a su padre con la lanza. Una vez fuera, se convirtió en una de las tres diosas vírgenes -junto con Diana y Hestia-, y sería junto con Diana una de las mujeres más belicosas, temidas y esenciales del culto y la literatura clásica. Quizá por eso, para vigilar bien a su hija, se erigió este templo de Zeus buscando una tramposa perspectiva que permitiese ver con claridad el Partenón. En este caso, las imponentes columnas corintias de Zeus apuntan, directas y orgullosas, hacia esa Acrópolis que, al fondo del paisaje, acompaña cada uno de sus días.

Pero no solo de mitos vive el hombre (griego), como atestiguan estas Dimoxia Grafia (o Civic offices), al pie del templo de Hefesto en el antigua ágora griega. Tampoco es casual que sea Hefesto el dios que preside este lugar, ya que el ágora es el espacio de la vida pública, del comercio, de la discusión (en griego moderno, significa -entre otras cosas- 'mercado') y, por tanto, era esperable que fuera un dios gremial quien protagonizase este espacio. El elegido, el dios de los herreros, conocido por haberse casado con Afrodita, a quien -recuérdese el velazquiano La fragua de Vulcano- sorprendió en la cama con Marte. Hefesto, airado por la injuria a la que se veía sometido (bastante tenía ya con ser el único dios cojo y feo de todo el Olimpo), atrapó a los amantes en una red de hierro y convocó a todos los demás dioses para que los vieran desnudos y eyaculantes en su dormitorio.

Y con esta bonita y aleccionadora fábula moral (hay que reconocer que la religión clásica griega no ha sido jamás igualada en su gamberrismo sexual, con el permiso de algunos tórridos episodios bíblicos), cerramos este primer capítulo odiseico. En breve, más...

9 comentarios:

Mart-ini dijo...

Ains que bonito (y que envidia)

Arual dijo...

Que bonitos recuerdos me trajeron tus fotos, ya visité Grecia hace unos cuantos años, pero me encantó!!!

PD. Tu posado como siempre espectacular, que guapo sales siempe releches!!!

SisterBoy dijo...

Mi hermana estuvo alli y me dijo que los griegos tienen muy malas pulgas

Is that true?

Cinephilus dijo...

Supongo que dependerá, Sisterboy. Nosotros tuvimos mucha suerte y dimos con gente muuuuy amable en su mayoría (salvo un taxista medio loco y otro medio raro...). Lo que sí me parecieron es muy raciales, muy vehementes (ya sabes, muy mediterráneos), ah, y muy guapos.

Gracias, Arual. Aún así, no soy nada fotogénico, y nunca salgo tan guapo como soy en persona, jajaja :-)

Nada de envidia, Mart-ini, que seguro que tú estás teniendo un verano especial estrenando piso. Ya nos lo enseñarás vía fotos, no? ;-)

Mari dijo...

una flecha me ha partido en dos. Y la parte viva no puede leer este post. Una flecha me ha partido en dos y quisiera aferrarme a tus fotos de Grecia, no puedo leer, estoy partida en dos. Durante estos meses sabía que compratíamos algo (bonito y doloroso) pero una flecha me ha partido en dos. Y me es imposible caminar a un solo pie y no sé que lóbulo de mi cerebro es el que sobrevivió. Sólo sé que sangra y sangra.Sin parar.

vargtimen dijo...

Impresionantes las fotos e impresionante tu posado-robado veraniego.
Pero hombre, ¿con pantalones blancos sentado en la piedra sucia? Pero qué cabezas son esas! No nos pongas en tensión a estas horas de la mañana, que nos sale la maruja que llevamos dentro.

Cinephilus dijo...

Mari, me apena ese dolor que no te deja caminar... si hay palabras que puedan servirte, pídemelas: las buscaremos juntos

varg, siempre estás en todo... lo de los pantalones blancos, la verdad, fue de lo más temerario que he hecho... aún así, quedan más fotos, más pantalones blancos y más posados... ya verás :-)

Arual dijo...

Por cierto en Atenas entré por primera vez en mi vida y por error en un bar de ambiente gay, tardamos un buen rato en percatarnos yo y mi amiga pero luego enseguida lo vimos claro, éramos las únicas chicas del bar y no nos hacían nada de caso, anecdotas de viaje, jeje!

Cinephilus dijo...

jajaja, genial anécdota, arual, y has elegido el mejor blog posible para contarla ;-)