9.8.07

De nuestra Odisea: Atenas II

De nuevo, soy yo. Esta vez, estrenando camiseta Gas (gracias, Paloma... cómo me conoces) que se ajusta amarilla y perfectamente a mi moldeado torso en el gimnasio... Y tras autoelogiarme sin ningún tipo de moderación, apuntaré que el edificio a mis espaldas es el Museo Arqueológico Nacional ateniense, en el que se escondían personajes e historias como estas...

Según la imaginación del visitante, varía la identidad del dios. Y es que si le colocamos un tridente, obtenemos un Poseidón. Mientras que si pensamos que está a punto de lanzarnos un rayo, sería un Zeus. Los expertos no consiguen aclararnos cuál es el atributo divino que falta en la escultura, si bien el resto de los atributos está notablemente bien situados. La escultura, impresionante en sus formas, volúmenes y gestualidad, es uno de esos prodigios ante los que resulta difícil no sentirse (casi) acongojado.





Siendo la diosa del amor, Afrodita estaba condenada a tener un hijo tan gamberro -aunque algo cursi en su iconografía- como Eros. En esta ocasión, el niño se afana por unir a su madre con un sátiro, a quien coge con fuerza de uno de sus cuernos para empujarlo contra la airada diosa que, en un gesto entre doméstico y familiar, amenaza a su hijo... ¡con una zapatilla! La escena no puede ser más folklórica, a un paso de las escenas de la serie más hórrida de este verano, esas Escenas de matrimonio que nos recuerdan los peores tiempos de José Luis Moreno...


Y como no solo de esculturas clásicas vive el hombre, también hay lugar para las musculaturas rígidas y exultantes de los kuroi, muchachotes atléticos e inexpresivos que, sin embargo, provocan un curioso placer estético. Imaginamos que una copia carnal a tamaño real causaría otro tipo de placer, siempre que los cirujanos de Nip Tuck accedieran a cambiarle el rostro y, sobre todo, a borrar esa pavisosa sonrisa arcaica, marca de la casa.

Y, en la siguiente entrega, Santorini, isla -y post- no aptos para retromarxistas muermos y/o recalcitrantes... Como adelanto, aquí van las vistas del antiguo cráter desde la infinite pool de nuestro hotel... Sí, lo confieso, siempre me ha gustado sentirme cual la Bergen en Ricas y famosas...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

...

Mari dijo...

dios
increible!!!

sana envidia, que le dicen
algún día
de la mano de alguien que ame y me ame miraré algún rincón azul.

SisterBoy dijo...

Me averguenza decir que lo que más me ha impresionado ha sido la pooooooooooool :=)

Cinephilus dijo...

imposible no querer ser parte de esa mano -de esas manos- ante rincones azules, mari; ya sabes que aquí, en este rincón -a su modo, también azul- se te quiere de verdad

a mí -lo confieso- casi me pasa lo mismo, sisterboy... me costó no comportarme como un crío al verla ;-)