20.9.07

Niños. Una opinión y dos extremos

Extremo 1
Hace poco fui acusado de practicar la demagogia al defender, ante un par de modernos pasarela-cibelescos, el derecho de toda trabajadora a querer ser también persona y, por tanto, su derecho a convertirse en madre sin que se la penalice por ello (de nuevo, los hombres tenemos una posición mucho más cómoda en este asunto). Asimismo, se me ocurrió asegurar que era vergonzosa la actitud de las empresas con respecto al tema de la maternidad -despidos encubiertos, excedencias que no se cumplen, sutiles formas de relegar a un segundo plano a la mujer que quiere ser madre o que acaba de serlo...- y su falta de visión ya no solo desde una perspectiva humana o socialmente concienciada, sino también económica: ¿no estamos invirtiendo en nuestro propio futuro cuando invertimos en la maternidad? ¿No nos parece preocupante el envejecimiento de este continente? Los modernos -para colmo, publicistas- me tacharon de antiguo y demagógico, haciendo hincapié en que la culpa la tenía el sistema y que la solución pasaba por el regreso de las mujeres al hogar para que no se estresasen y tuviesen hijos con toda la calma del mundo. Los modernos, además, eran un hombre y una mujer jóvenes, hecho que me preocupó doblemente. Por mi parte, me alegro de saber que soy un antiguo (joven, eso sí) que sigue creyendo en la igualdad de oportunidades y en la libertad individual por la que cada cual -sea del sexo que sea- debe decidir cuál ha de ser su destino y la mejor forma de realizarse en el plano vital que desee hacerlo.

Extremo 2
Anoche veía en mi sobreexplotado dvd el episodio 9 de la sexta temporada de Sexo en Nueva York (A woman's right to shoes). El guión me pareció especialmente ingenioso y, sobre todo, me sentí muy identificado con los pensamientos de Carrie durante sus veintiocho minutos de Manolos y vestidos Dior. Y es que Carrie se quejaba de haber gastado una fortuna -en tiempo y en dinero- en regalos para amigas casaderas y amigas futuras madres, abrumada por las celebraciones que todo el mundo se empeña en hacer de cada uno de sus cambios vitales. La independencia, la vida en pareja o la soltería no se celebran como tales, así que los que estamos en cualquiera de estas situaciones no torturamos a los demás con listas de bodas, listas de bautizo, listas de comuniones... y, sin embargo, sí tenemos que sufrir la imposición de los niños ajenos y de los compromisos de los demás. En el trabajo -al menos, en el mío- no tener cargas familiares hace que no podamos eximirnos de ciertas tareas con la misma facilidad que nuestros colegas padres, a quienes se toleran ciertas conductas que a los no padres se nos penalizan. Y, por último, tenemos que sonreír cuando más de un padre irresponsable deja que su hijo nos martirice en algún restaurante, en un avión o en la piscina de un hotel. Personalmente -lo confieso- no me gustan los niños (bastante infantil soy yo..., supongo que es una cuestión de celos) y no sé por qué tengo que soportarlos en determinados contextos donde los padres se escudan en el consabido "es que son niños" para justificar cualquier barrabasada que puedan cometer. Yo también lo fui y no daba el coñazo a nadie. En caso de hacerlo, obtenía una pertinente reprimenda y así, poco a poco, supe comportarme en restaurantes, hoteles y otros lugares donde ahora me gusta que transcurra mi placentera vida adulta.

En el episodio mencionado de Sexo en Nueva York, Carrie acaba mandando invitaciones de una boda consigo misma para celebrar su independencia y recuperar con esa pequeña treta parte de lo invertido durante años en las vidas ajenas. Y es que no se trata tanto de la inversión como del cansancio que provoca el cambio consiguiente a ese festejo: de repente, aquel o aquella que celebraba su nueva etapa vital, aquel o aquella que nos obligaba a sentirnos tan felices en la exhibición de su boda o en la fiesta prenatal de su bebé, comienza a contarnos lo ocupadísimo/a que se encuentra en esa misma etapa y -¿por qué resulta tan difícil evitarlo?- comienza a hacer comparaciones entre nuestra ociosa vida hedonista (quieren decir egoísta) y su auténtica vida adulta. De repente, pasamos a ser el condimento entretenido de las reuniones: se nos deja el papel de anecdotario social para amenizar la velada y se nos quita la palabra cuando la conversación pasa al plano de lo auténticamente importante. Y hay que tener niños para saber qué es lo importante, parecen decir.

No todos somos así, desde luego, y entre mis mejores amigos cuento con madres y padres excepcionales, personas a las que admiro por conciliar un sinfín de facetas que a mí se me antojan imposibles y que no han convertido su nueva etapa en un monotema. Padres y madres que jamás han subestimado la vida de los demás por considerarla menos adulta, menos comprometida o menos compleja. La vida, en general, siempre es compleja. Aunque los niños (y ahí sí les envidio) todavía no lo sepan.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué bien está este post!¡No a los niños coñazo (o más bien a los papás de los niños coñazo, a esos que por tener un niño, que a lo mejor ya no lo es tánto,cuelan en los embarques de aviones a toda una parentela compuesta por cuatro o cinco miembros, a los que te responden airados porque les indicas que su tierno infante te está dando patadas en los riñones al moverse de forma salvaje contra el respaldo de tu asiento en el avión, de esos deliciosos bebitos que dan gritos desenfrenados en espacios reducidos o te tiran una bebida o un pringoso potito encima, a los papás que no sólo toleran sino que impulsan a los retoños a invadir piscinas de adultos cuando al lado hay una de niños...)!
¡Esos absurdos festejos en los que se celebra un poco todo, a veces con ánimo descarado de recibir regalos, esas invitaciones incomprensibles que te fuerzan a asisitir a saraos no menos incomprensibles a menos de ser tildado de asocial, como mínimo! Mucho mejor invertir, para sí mismo naturalmente (o para la persona a la que más quieres), esos dineros en un buen par de Manolos o de John Lobb (o dos), unos buenos vaqueros de Helmut Lang, un jersey de cachemir de Brunello Cucinelli, una camisa de Luigi Borrelli, una cena en el restaurante del MOMA o un brunch en el River Café neoyorquinos. Incluso en un buen libro de Franco Maria Ricci, unas buenas entradas en la Scala milanesa, en un Musical del West End londinense o una obra de teatro en el Odéon parisino y ya puestos, ¿porqué no un crucero por el mediterráneo?(Los hay que no aceptan "niños" de menos de 16 añitos)

Anónimo dijo...

Respecto al extremo 1 diré que estoy totalmente de acuerdo y que me apena que una pareja joven pueda tener una opinión tan derrotista. Echarle la culpa al sitema creo que "no se vale" desde el 68.
Solo matizaría un poco el extremo 2 y es que afortunadamente en esto España y EEUU son diferentes. Allí cada vez que una chica de clase media-alta se queda embarazada se hace un baby-shower, donde acuden todas las amigas con invitación incluida y se hacen cargo de regalar lo necesario para el bebé, con el enorme desembolso que esto conlleva. Aquí son mayoritariamente los padres y la familia quien se hace cargo de esto y los amigos no tienen ninguna obligación en ese sentido (por fortuna para nosotros, en este año 33 de nuestra era).
En cuanto a las bodas, lo bueno de celebrarla tú antes es que solo invitas a la gente que de verdad te importa y por lo tanto a todas las bodas a las que vas posteriormente son de ellos (los otros te critican mucho mucho y como venganza te tachan de su lista...) así que los regalitos para mi gente no duelen tanto. Ya sabes, Cinephilus...
Besos
Sinclair

Cinephilus dijo...

De acuerdo con ambos :-)

En cuanto a las bodas, siempre hay excepciones, claro, porque hay personas tan especiales como tú, Sinclair, organizadora de una de las bodas más especiales y hermosas que recuerdo.

El problema lo veo en quienes hacen de esa boda, de su vida de casados o de su estabilidad el nuevo y único eje de su existencia, juzgando a quienes no pensamos igual y obligándonos a dar explicaciones continuamente. Afortunadamente, no tenemos el modelo social made in USA, aunque cada vez se asemeja más en fiestas y eventos artificiales, pero sí que parece necesario dar explicaciones constantes por no estar de acuerdo con ciertos mecanismos del sistema. Muuuuuchos besos

Anónimo dijo...

¡Qué horror el "baby shower"! Empezar a vivir con listas de reagalos (como las de boda, etc) a tan temprana edad!Al afrontar la situación de ser padres, la pareja debe saber ya todo lo que ello supone, incluidos los, en efecto, terribles gastos que traen consigo los churumbeles (¡si al menos no viajaran en avión!).Eso de imponer ya a las amistades el regalito de marras no me convence.Con lo que cuesta imprimir unas buenas invitaciones, los afortunados padres ya tienen para pañales y biberones.Claro que según la prensa de ayer, hacer shopping en dólares, con el euro a más 1,4 dólares, resulta de lo más interesante.Sugiero pues que para festejar los natalicios mientras el tipo de cambio sea tan favorable para los europeos de la zona euro, los tarjetones de notificación y los regalos a los recién nacidos se encarguen a Tiffany's pues nos deben salir muy económicos.Nada como echar un vistazo a la web de la citada firma.Si se viaja a los EEUU (sin niños que tánto sufren y hacen sufrir en los viajes intercontinentales), mejor comprar en la tienda de Chicago (en North Michigan Avenue) que en Nueva York (5ª Avda) pues ya se sabe que los impuestos en Ilinois son menores.

Fidelio dijo...

... dos posturas complementarias, por supuesto ... Yo creo que cuando tenga hijos (algo que deseo) sólo me gustarán los míos ... bueno ... sí, sólo los míos ...

La boda de Sinclair me demostró que "Otra Boda es posible" ... además, conocí a gente la mar de interesante la verdad ... (Destacando a un dramaturgo con una extraña habilidad para llevarme la contraria y a una andaluza con la que me gustaría haber hablado más pero que promete ser alguien tan especial como sus dos compañeros ...)

3'14 dijo...

De acuerdo en todo lo que dices mi querido Cinephilus.

Yo soy madre, como bien sabes, y no se me ocurre acudir con mi hijo a lugares en los que considero que puede importunar a otros usuarios si se que mi hijo no está preparado para ello. Lo que en la mayoría de los casos, no es el niño el inapropiado, si no la educación recibida por parte de sus padres.

Lo que sí digo, desde que soy madre,es que no se sabe lo que es ser MADRE (o padre) hasta que no se tienen hijos, pero eso no implica que considere que no tenerlos sea una opción despreciable o que conlleve tener una vida con menos responsabilidades. Quienes hemos escogido que la maternidad/paternidad forme parte de nuestra evolución vital somos quienes nos tenemos que hacer cargo de lo que es, y no apoyar el peso de nuestras "tragedias" sobre el resto de la sociedad. Claro que por descontado cambiaría de buen grado muchas injusticias laborales para quienes elegimos (por placer o necesidad) compaginar maternidad con empleo. A ese par de modernos les incrustaba con mucho agrada un tartazo en toda su cara, uix, que me pongo violenta...

Respecto a las bodas y otros paripés a los que acudir desembolsando previamente, hace mucho tiempo que dejé de hacerlo si realmente no me apetecía. Eso me dejará en muy mal lugar socialmente, pero tampoco mis prioridades se rigen en función de mi extensa vida social... y como se dice: quienes me quieren, me quieren por como soy. Y a quienes quiero, pues ya lo saben, y por algo será.

Besos!!

Arual dijo...

Del tema bodas no hablaré ando susceptible con él como bien sabes mi estimado Cinephilus, pero de los niños... ¿qué te voy a contar? No soy mamá aunque me muero por serlo, pero opino que no tener hijos es una opción tan válida como tenerlos, aún así tengo amigos de esos que han convertido a sus hijos en su único mundo y ya no tienen otro tema de conversación, personalmente considero que debían tener su vida muy vacía y la han rellenado con sus pequeños. Afortunadamente no todos son así, yo no espero transformarme en eso, si algún día consigo ser madre, y hay padres y madres maravillosos que compaginan perfectamente su vida adulta con sus responsabilidades paternales y son un ejemplo a seguir y a admirar.
Un beso!

Cinephilus dijo...

En efecto, Pi, confieso que cuando escribía el último párrafo de este post te tenía en mente, porque a través de tu blog se ve que eres capaz de compaginar la maternidad con tu propio crecimiento y desarrollo personal. Sin imponer nada a nadie y viviendo desde una enorme ética y responsabilidad. Ojalá todos los padres fueran como tú... Muchos besos, guapa.

Y, de nuevo, de acuerdo contigo, Arual. Me gusta tu visión del mundo :-)

Besos de findeeeeeeee

inquilino dijo...

"En el trabajo -al menos, en el mío- no tener cargas familiares hace que no podamos eximirnos de ciertas tareas con la misma facilidad que nuestros colegas padres, a quienes se toleran ciertas conductas que a los no padres se nos penalizan."
Bueno, así, sin matizar, es una afirmación un pelín peligrosilla. Es un argumento bastante cercano a los que esgrimen algunos empresarios para no contratar a madres con hijos pequeños. Que los trabajadores con niños faltan más al trabajo es un hecho, sí, porque los niños enferman y hay que cuidarlos. Y esta es una de las razones por las que muchísimas mujeres eligen la vía de la Función Pública, porque saben que si tienen un hijo -más aún si este nace con serios problemas de salud- no tendrán las trabas que encontrarán en otros sitios para atenderles como deben.
Mis compañeros con niños faltan más, sí. Como también falta muchísimo otro compañero -modélico en lo que se refiere a su desempeño profesional- que tiene la desgracia de tener un familiar gravemente enfermo a su cargo.
El trabajador responsable cumple y el que no lo es no cumple. Tenga o no tenga hijos a su cargo. Tener hijos le proporciona una excusa, pero si no los tuviera tendría un padre enfermísimo, problemas de ciática o depresión crónica. El derivar la culpa de la poca responsabilidad del trabajador hacia el hecho de que tenga hijos o no me parece peligroso como he dicho.
Hace tiempo en este blog alguien decía que le parecía injusto lo del permiso maternal y que él también reivindicaba su derecho a cuatro meses pagados. Sí, era broma, claro. Pero no sé por qué a mí me sigue produciendo cierto repelús que se bromee con derechos que tanto tiempo ha costado implantar y que no están ni mucho menos tan consolidados como deberían. Aparte, claro está, de que los derechos no se conceden a personas sino por hechos causantes. Te dan quince días de licencia por matrimonio, no por arrejuntarte. Lo que no está bien es que no se pueda casar todo el que quiera, pero una vez que el derecho está ahí para todo el que quiera ejercerlo es potestad de uno el casarse o no y obtener los quince días. Con la maternidad es igual. La baja se aplica a nacimiento, adopción o acogimiento, así que el que quiera licencia ya sabe lo que tiene que hacer.

Cinephilus dijo...

A ver, my dear inquilino, vayamos por partes :-)
En primer lugar, por supuesto que apoyo todos los derechos que tanto tiempo han costado conseguir para que las madres puedan serlo. Eso es, precisamente, lo que digo en el primer "Extremo" de este post, donde resumo mi indignación por comentarios retrógrados al respecto, así como por las medidas empresariales que esos comentarios conllevan.

Sin embargo, en mi afirmación de esas "ventajas" hago alusión al hecho de que esa paternidad o maternidad se utiliza continuamente como excusa en muchas situaciones y no solo se nos pide a los que no compartimos ese contexto que lo entendamos sino que, además, tenemos que aguantar la petulancia de muuuuuuchos padres y madres que subestiman la complejidad de nuestra vida por seguir siendo "egoístas" y "solteros". Por supuesto que entiendo que alguien falte y, es más, cuando se distribuyen los horarios en mi centro soy de los que cede si un padre o madre le pide un cambio para recoger a su hijo. También hacía lo mismo en los turnos de vacaciones en mis antiguas editoriales, pues creo que si alguien te pide un favor por una causa justificada -ya sea la maternidad, la enfermedad de un familiar o cualquier otro motivo-, es justo intentar hacerlo. Pero lo que me crispa es que haya quienes exijan ese tipo de favores sin concebirlos siquiera como tales, quienes los den por hecho, quienes no quieren darse cuenta de que la soltería o la vida en pareja es una forma de vida tan compleja -y tan libre y posible- como la suya propia. De eso hablo en el segundo punto del post: de mi hartazgo de la pontificación de la maternidad y del continuo juicio a la vida ajena. Y, por eso, al igual que siempre apoyaré el derecho de toda mujer a ser madre sin que se la penalice laboralmente por ello, también defenderé siempre mi derecho a vivir mi vida sin juicios ajenos y, además, a vivirla sin soportar a niños que no me pertenecen en lugares donde no tendrían que estar o en lugares donde no están tutelados por quienes deberían hacerlo. Solo creo que muchos padres deberían ser tan tolerantes con quienes no queremos serlo como pretenden que la sociedad lo sea con ellos. En el fondo, una vez más, solo es una cuestión de comprensión. De independencia. Y de respeto.
Muchos besitos, guapa. Y bienvenida :-)