1.9.07

Teen plays

Can we climb this mountain?
I don't know
Higher now than ever before
I know we can make it if we take it slow
Let's take it easy
Easy now, watch it go

The killers, When you were young


Hermosa noche la de este viernes (gracias, chicas). Rescatando memorias de una adolescencia compartida que ha sido el tránsito hasta estos treinta recién estrenados en los que seguimos guardando anécdotas, vivencias y, sobre todo, rasgos de todo aquello. Una época en la que nada parecía tan complicado, en la que la vida no tenía tantos borrones, tantas curvas, tantos acantilados. Una época a la que regreso una y otra vez: gran parte de mis mejores amigos nacieron allí, casi todas mis pasiones -teatro, literatura, cine- comenzaron allí, incluso mis grandes juergas y mi espíritu nocturno se inició allí, a pesar de que mis padres fijaran sus horas límite correspondientes.

Por eso, quizá, mi último texto teatral -escrito a instancias de otra de mis grandes amigas- habla -entre otras cosas- de ese salto. De ese acantilado que hay que afrontar para dejar la adolescencia y asumir la identidad que hemos ido construyendo hasta ese instante. Su título, Tres formas de lenguaje. Su fecha de estreno, 27 y 28 de septiembre. Porque los hechos -el hecho, en realidad- transcurren en este mes siempre iniciático, de cursos y de vidas. Inicios para los que nunca esperamos desenlace. Aunque acaben teniéndolo. Esta vez, además, solo soy el autor. Será otra persona la que dirija. Otras voces las que lo cuenten. Y así, a mi manera, podré sentirme adolescente en mi butaca, responsable tan solo de las palabras, pero libre de la mirada que imponga la dirección ajena. Mirada que seguro enriquecerá un texto que habla de pérdidas, del tiempo como ganancia pero también como renuncia, porque pronunciar con rotundidad una identidad supone, queramos o no, dejar de lado otras opciones. Y las opciones -esas que atesoramos desde niños como si siempre pudiesen brillar con idéntica intensidad- dejan de serlo pronto, aunque no se agoten, sino que se transformen según esa ley universal de la energía que no desaparece. Así, los personajes de esta obra dejan atrás etapas que, a su vez, suman en una capa más de confusión o de identidad. En un lenguaje más de comunicación o de silencio. De eso, creo, habla este pequeño texto que se estrenará junto con otros dos en tan solo unas semanas. Más adelante, ya daremos datos concretos del montaje y el lugar.

Y además de él, en el mes de octubre, se reestrena otro de los textos donde encerré adolescentes, si bien -en este caso- ni siquiera son conscientes de serlo... Se trata de los atormentados -y tormentosos- habitantes de mi Distrito Cabaret, que de la mano del grupo El Hambre regresan a los escenarios en octubre, dentro del Festival Internacional Madrid Sur. Cabareteros adultos en sus cuerpos y en sus edades, pero adolescentes en sus relaciones sexuales, sentimentales, personales. Incluso en sus monólogos, donde se buscan para no encontrarse o, en el mejor de los casos, para horrorizarse ante el hallazgo de su oscuro reflejo. Dos textos en dos meses de principio de curso y de agenda escolar. Dos obras que ofrecen dos visiones que, a su modo, tienen mucho en común. A tanta dualidad coincidente, supongo, se le llamará coherencia discursiva. Esa debe ser una de las ventajas (creativas) de la madurez.



7 comentarios:

Vargtimen dijo...

Desde luego la adolescencia es una etapa que te marca para bien o para mal. Los primeros amores, las primeras crisis, los mejores amigos aún son los que conocí entonces.
Tengo interés en saber cómo es la obra que has escrito. El hecho de que en el post anterior hablaras de "Bratz, the movie" no me tranquiliza precisamente...ejem

Cinephilus dijo...

Jajaja, Varg, prometo que no me inspiré en "Bratz". Eso lo reservo para la siguiente novela :-P

Cayetana Altovoltaje dijo...

Fantásticos estos chicos, qué espectáculo dan. Hace poco me han dicho que he madurado, cuando yo, a punto de cumplir 30, me siento más adolescente (y contenta de ello) que nunca.
Me muero de ganas de ver Tres formas de lenguaje, con ese título ya me has ganado.
Saludos

Cinephilus dijo...

Bienvenida, cayetana y gracias por traer contigo la iconografía de mi idolatrada -todos los de nuestra generación lo hacemos- Bola de cristal... A mí, la verdad, me pasa lo mismo: acabo de cumplir 30 (bueno, es cierto, eso fue el 28 de junio) y jamás me he sentido más quinceañero que ahora... Besos galvanoplásticos

SisterBoy dijo...

Espero estar en madriles por esas fechas, reservaré una noche para ver tu teatro :D

Mart-ini dijo...

cargadito septiembre, por lo que veo

Arual dijo...

Qué buena pinta tiene tu nuevo texto... y qué lástima estar tan lejos de ti y no poder disfrutarlo...