2.12.07

Del Prado a Manhattan

Fin de semana con más trabajo del deseable pero, también, con intensos momentos compartidos. Momentos culturales, urbanos y, cómo no, necesariamente tórridos, de esos que hacen que el lunes se pueda abordar con una (lujuriosa) sonrisa. Dejando a un lado las escenas de cama y las compras sofisticadas, nos centraremos en el repaso de algunas recomendaciones y antirrecomendaciones de índole, digamos, cultural.

1. El nuevo Museo del Prado
Francamente, después de años criticando su escasa presencia mediática en la vida social española y madrileña, hay que reconocer que el lavado de cara que está viviendo este museo es, cuando menos, un motivo de celebración. Nueva web -mucho más cercana, llena de contenidos y también de funciones prácticas- y dos exposiciones que, por motivos diferentes, son merecedoras de una visita.

A) Fábulas de Velázquez

No es una muestra deslumbrante, a pesar de que detenerse ante la Venus del espejo ya compensa la visita. En realidad, es un claro ejemplo de esas exhibiciones en las que el Prado amortiza su colección permanente. En este caso, el mérito reside en la colocación de los cuadros que, salvo alguna sala errática (en especial, la segunda y la tercera), consigue el efecto deseado. Al fin un planteamiento pedagógico y didáctico definido y una contraposición inteligente de las pinturas, que tienen -posiblemente- su punto más álgido en la sala dedicada al desnudo, donde se hace un recorrido fastuoso -tanto por su capacidad sinóptica como por la calidad de las pinturas allí escogidas- por la estética del barroco. Inteligente, sin duda, también el cierre de la muestra, con Las Hilanderas -una de las obras de Velázquez que más me emocionan- y el cuadro que inspiró el tapiz que aparece en el cuadro, El rapto de Europa, de Rubens.

No es una exposición que descubra nada nuevo, pero sí es recomendable para los interesados en iconografías mitológicas y religiosas (en el fondo, ambas son míticas...) y constituye una hora de velazquiano y deslumbrante paseo.

B) El siglo XIX
No estamos aquí ante una muestra de grandes pinturas -sí en las dimensiones, no en la calidad de la mayoría de los autores y obras. Excepciones hay, claro, como Fortuny, algún Madrazo, algún Goya -los menos- e incluso un par de Sorollas que, tal vez por estar en la última sala, no lograron captar demasiada atención por parte de los visitantes. Sin embargo, el recorrido por el XIX español es absolutamente impagable. A mí, que soy un amante de este siglo (al igual que del siglo XVII, las dos épocas literarias y artísticas que, junto con el XX, más me interesan), me resultó enriquecedor -e incluso revelador- el paseo por cada una de estas salas, donde se sucedían romanticismo, realismo, naturalismo y hasta noventaiochismo y primeras vanguardias en una vorágine de influencias que representa, con acierto, la suma y la fusión de las diferentes tendencias, esas que tanto nos afanamos por clasificar y que, en la práctica, son tan complejas de deslindar plenamente.

La muestra, además, viene precedida por un folleto que, a modo de librito, explica con claridad el tema y argumento de todas las pinturas, lo que consigue -al fin- que la exposición sea realmente didáctica y fácil de seguir, tanto para los expertos en XIX como para los neófitos. A mí, que llevo tantos años criticando la asepsia informativa de las exposiciones del Prado, consiguieron conquistarme por primera vez y, desde luego, reconozco su mérito y su buen criterio. Bonanzas de una exposición que se ve favorecida, además, por la ampliación de Moneo, a la que no encuentro pegas y que me pareció que dignificaba y realzaba aún más el Prado, dotándolo de una infraestructura arquitectónica y espacial que, por primera vez en décadas, lo aproxima a la estética y la filosofía de otras grandes pinacotecas europeas.

En dos semanas, por cierto, me llevo a un grupo de 12 alumnos que, voluntariamente (prometo que no hubo coacción), se apuntaron a hacer esta misma visita conmig por la tarde. A cambio, eso sí, les invitaré a merendar. Que el XIX con un buen batido de chocolate en Vips se digiere mucho mejor...

2. El anti-cineY es que para homenajear a Billy Wilder hay que ser... Billy Wilder. Algo así pensé cuando me topé con el comienzo de la insulsa y aburridísima The nanny diaries, cuya escena inicial recuerda a los símiles antropológicos que abren La tentación vive arriba. La tentación, en este caso, son Scarlett Johansson (más fea que nunca y con todo su repertorio de mohínes, ahora que no está papá Allen para dirigirla) y Chris Evans (a quien el director no quita la camiseta y, por tanto, desperdicia todo su -único y musculoso- talento). Lo demás es una sucesión de gags ramplones, zafios y maniqueos, donde se intenta emular la sofisticación de El diablo viste de Prada -que sin ser genial, es mucho más ingeniosa que esta solemne tontería- y que, en este caso, se queda en un simple La niñera se viste de Bershka. Ni siquiera se aprovecha el escenario -podría haberse rodado en Nueva York o en Cáceres, nadie notaría la diferencia gracias a los planos pobres y simples que nos ofrece el montaje final- y solo el vestuario de la Linney (que se esfuerza por dar carne a un papel imposible) tiene cierto estilo. Si no fuera por las bolsas de Tods, Louis Vuitton y Dior que llenan de vez en cuando la pantalla, nadie diría que es una "parodia de la alta sociedad", tal y como se vende el filme, ya que esa alta sociedad ni siquiera es parodiada, al menos, no con un mínimo de gracia. Considerar que los hombres con dinero deben ser todos gordos y calvos, que las madres con dinero rozan la estupidez compulsiva y que los jóvenes con dinero -que, por cierto, se llaman Jojo...- humillan cruel y burdamente a una joven en un bar por ser niñera (ni en el peor culebrón venezolano se da semejante escena) es, cuando menos, un tanto maniqueo. Hasta el vídeo aquel del pasapalabra y el cocodrilo era más sutil...

Y hablando de tonterías, he visto parte -no he sido capaz de terminarla- de la insufrible La habitación de Fermat y casi me caigo de espaldas de la risa ante la complejidad de los enigmas matemáticos. Suponemos que sus intelectuales directores -dos criaturas que no deberían haber salido jamás del anonimato en el Club de la Comedia- las han copiado de algún mono de feria, porque si no, no hay quien se explique semejante gilipollez. Ahí va, para que se ilustren con él, el primer (e indescifrable, jeje) acertijo de este nuevo bodrio del cine español (que menudos últimos añitos llevamos...): "¿Por qué orden están estos números: 5, 4, 2, 9, 8, 6, 7, 3, 1?"

4 comentarios:

Slim dijo...

yo hace un tiempo me lei un libro en el que me imagino que se habra basado esta pelicula, me parecio nada creible, la Señora X medio chiflada, el niño repelente y la niñera parecia que le habia entrado el sindrome de estocolmo soportando toda clase de vejaciones por cuatro duros...daban ganas de meterse en las paginas y decirle NIÑA LA EXCLAVITUD SE ABOLIO aahg no se como sera la pelicula pero no tengo muchas ganas de verla...

Arual dijo...

Mala suerte en las elecciones cinéfilas del fin de semana!

Fidelio dijo...

... Yo pasé la semana pasada por El Prado y, más concretamente, por su exposición Velazquiana ... Mi entrada se amortizó simplemente con los 5 minutos que pasé delante del Cristo ... La maja (desnuda y vestida) estaba a mi lado ...

Lo que no te permito por muy divertidas que sean nuestras charlas y las Kolaboraciones Lambrusianas , es que te metas con Scarlett ... esa diosa de la carne ... esa demostración teológica de que Dios existe y de vez en cuando crea obras maestras ... esa mujer con m de mucha mujer ... en fin, Ella ...

Con respecto a La Habitación de Fermat ... Sinclair me la puso bastante bien, tú bastante mal ... así que tendré que desempatar ... A mí todo lo matemático me tira ...

Ambiguos saludos desde este lado del espejo ...

SisterBoy dijo...

Con El diario de una niñera tenía vibraciones negativas, me alegra comprobar que por lo visto he acertado. Con La habitación esa en cambio me había entrado la curiosidad pero vamos no se ha estrenado y no creo que haga demasiados esfuerzos por buscarla por otros medios