27.2.08

Cuatro

Memoria te falta para retener las normas del amor cortés, Calisto. La misma memoria que se nos ha concedido a las mujeres para saber nuestras obligaciones.

Memoria para retener la culpa desde Eva hasta hoy... Te sorprendería la cantidad de galardones y perseverancias de los que he tenido noticia en este vagar. En este camino por autobuses y carreteras de lugares que no son como creí recordarlos. Galardones que aparecen en pliegos donde se cuentan muertes, golpes, puñaladas y palizas. Galardones brutales contra mujeres que también son memoria. Memoria de sus obligaciones, de su debilidad, de su entrega a quien las convierte en tinta de esos pliegos, en palabra de esas tragedias. Tragicomedia, querido Fernando, como tú bautizaste mi empecinamiento. O mi pasión.

Melibea, Fernando J. López

Hoy es un día triste, absurdo, infame. Un día en el que dan ganas de gritar que los hombres comiencen a ser eso, simplemente hombres, simplemente humanos, simplemente personas. Hay días en los que me gustaría que nunca hubiera habido un Hobbes porque la violencia, la crueldad, la insensatez y la brutalidad no lo harían necesario. Cuatro vidas, cuatro mujeres, cuatro nombres que no pueden quedarse solo en eso, porque tras cada una de ellas hay un mundo que ayer se rompió en mil pedazos. Y para siempre. No basta el homenaje, no bastan las lamentaciones, no basta el telediario camuflado en reality. No basta la indignación. No basta la ñoñez de la niña de Rajoy ni las palabras vacuas de futuros que no terminan de llegar. No basta nada. Porque nada será suficiente mientras estas horribles muertes, en este moderno y civilizado país donde nos creemos que estamos a salvo de la misoginia por no llevar velo, sigan ocurriendo.

26.2.08

Bonobús

Culpable de amar, de querer ser, de moverme con la libertad que mi sexo me negaba. Que aún les niega a las Melibeas que recorren este mismo autobús... Melibeas vendidas. Humilladas. Melibeas esclavizadas en lugares de los que no se habla. Melibeas que agotan los catres de hoteles de lujo en países miserables. Melibeas que no pueden hablar porque su lengua está sellada por un libro sagrado, por un velo sagrado. Melibeas que ven morir a sus hijos en países donde no hay más amores que el hambre y el Sida. Melibeas que mueren a golpes en países civilizados y sensatos. Melibeas que soy yo, que viven en mí, que batallan conmigo desde este torreón.

Melibea, Fernando J. López

Un hermoso principio de semana, repitiendo montaje ante un inesperado lleno de público -y de aplausos- en una función donde la actriz -una inmensa Silvia López-Ortega- y un servidor -autor y director de la obra- nos dejamos la piel y gran parte de nosotros mismos. Un monólogo duro, intenso, profundamente literario y, a la vez, social e intimista, una obra donde los matices están en los movimientos de su protagonista, en sus cadencias de voz, en sus guiños a un público que la arropó porque su talento así lo merecía. Y entre el público, acompañándonos en el autobús que simboliza el limbo donde ha sido castigada Melibea, estas dos semanas hemos contado con la presencia de amigos incondicionales -hasta hubo quien nos regaló dos tardes y repitió, con ganas de encontrar matices a una obra que se crece gracias a la sensibilidad del público-, de amores -familia y pareja- igualmente llenos de lealtad y de generosidad y, por si fuera poco, de un sinfín de rostros anónimos que se han sumado a nuestro viaje simplemente porque les apetecía, porque les sonaba el nombre del grupo o porque tenían curiosidad por saber qué era esa Melibea que se anunciaba en la programación del Centro de Moncloa. Dos semanas donde, por si fuera poco, hemos trabajado con un equipo humano y técnico impecable, un equipo -el del Centro de Moncloa- donde todo era amabilidad, facilidades y gestos positivos. Ahora, cómo no, afrontamos con igual entusiasmo la función gamberra y alocada del lunes que viene, un Zapping mileurista donde la sonrisa encierra la crítica y el esperpento, la reflexión. Un juguete cómico con mala leche y escenas dispersas -en las que se marca esa heterogeneidad para reforzar su estructura quasi televisiva- donde el mérito recae, una vez, más en la ingeniosa interpretación de sus protagonistas, Paloma Aparicio, Eva Gómez Sedano y Silvia López-Ortega, que dotan de ritmo más de un monólogo aparentemente imposible... Una obra sencilla -sin grandes pretensiones- que tan solo pretende entretener y reflejar -con cinismo y sarcasmo- algunos aspectos de nuestro día a día, ese que ayer Rajoy afirmaba conocer con tanta profundidad...

Así que, en honor del recién nacido proletario Mariano, y en un acto de autoconfesa demagogia (total, estamos en campaña, así que puedo ser demagogo si me da la gana, que para eso este es mi blog...), resumiré su cercanía a mis inquietudes -a la de los currantes de los que dice ser amigo- en su cara de estupor ante el sustantivo bonobús. ¿Desde cuándo este vocablo es un neologismo? Su pregunta inmediata, ¿Un bonobús? ¿Qué es un bonobús?, demuestra que ni siquiera las inauguraciones contumaces de intercambiadores madrileños le han servido para despertar de su letargo derechil... Por supuesto, estoy sacando la frase de contexto, tal y como hacen los medios afines al PP con cada gestión -y cada buena idea, que las hay aunque ellos se encarguen de taparla- de la izquierda. Por lo demás, me gustó comprobar que la técnica del insulto sigue siendo la metodología dialéctica del partido opositor que, esperemos, seguirá opositando durante mucho tiempo después del 9 de marzo.

Melibea, la nuestra, tampoco necesitaba bonobús para su viaje. Pero porque el suyo no es un vehículo de la EMT, sino un autobús hecho de tiempo, de pesadillas, de sombras, hasta de sueños que a veces se rompen y a veces, gracias a la lucha y a la solidaridad, sí que se cumplen. Una Melibea que, como afirmamos en el programa, no es más que nuestro humilde homenaje a la mujer. A todas las mujeres que han conducido y que siguen conduciendo con valentía y coraje el misógino y descarrilante tren de la Historia.

25.2.08

Bardem hace Historia

Es estupendo comenzar la semana con una noticia como la del Oscar a Javier Bardem. Sigue sin parecerme -ni de lejos- su mejor personaje y tampoco creo que No country for old men haya sido la mejor película del año -ni la mejor de los Coen-, sin embargo, todo eso se diluye ante el triunfo de alguien que lleva muchos años demostrando que es un gran actor y, sobre todo, un intérprete totalmente versátil.

No he podido, por cierto, reprimir la tentación de ver cómo contaban su premio los medios no afines a la familia Bardem, a la que tanto parecen detestar los pro-losanteros y pro-coperos y pro-munderos y hasta pro-ranzoneros que en el mundo son y han sido. Lástima que este Oscar les obligue, contra su ratzinguera voluntad, a elogiar al actor, incluso a destacar la pulcritud y corrección de su dedicatoria, en la que ha aunado lo personal -hermosa la mención a su madre- y lo colectivo -con un homenaje -en español: gracias por dejar que se oiga el castellano en una gala como esta- a "los cómicos de España que han aportado dignidad al oficio. Y esa palabra, "dignidad" asociada a la de "cómico" es, posiblemente, uno de los grandes hallazgos de su dedicatoria (dignidad que ya reivindicara Fernán Gómez en su estupenda El viaje a ninguna parte, por ejemplo). Un agradecimiento poco original, pero mucho más contenido -y apropiado- que aquel de Almódovar y su santoral o los llantos habituales de otras estrellas made in USA.

Del resto de los premios, solo destacar a las sorprendidas Tilda Swinton y Marion Cotillord, una británica y una francesa que dejan a las actrices americanas sin Oscar en esta ceremonia. Sobre la primera no me pronuncio -me gusta su trabajo habitualmente y mi dvd y yo no hemos sido capaces aún de terminar el visionado de Michael Clayton, que nos resulta demasiado telefilmero-. Sobre la segunda, en fin, digamos que su biopic es una de las películas más aburridas del año..., pero al menos su premio ha aportado una sorpresa contundente a una gala anodina, previsible y floja. En cuanto a los Coen, su victoria no resulta tampoco injusta si se tiene en cuenta el mediocre nivel de sus competidoras y, a su manera, puede ser una compensación por los Oscar no recibidos en joyas anteriores. Y, por último, triunfa de nuevo la sobreactuación y el histrionismo de un Daniel Day Lewis que repite maneras de Gangs of New York en su There will be blood (y sí, sangre hay, aunque -aparte de eso y de petróleo- no se vea mucho más) y que se alza, si las cuentas no me fallan, con su segundo Oscar, tras Mi pie izquierdo y una candidatura no premiada (lástima) con En el nombre del padre. Estas dos últimas, por cierto, sí se cuentan entre mis títulos predilectos.

En cuanto a Bardem, y a modo de repentino homenaje, me quedo con sus papeles en estas otras películas que, precisamente hoy, es un buen día para rememorar: el protagonista brutalmente sexual de Jamón, jamón (cuanto más tiempo pasa, más reivindicable se hace esa película), el sensible personaje de Segunda piel (donde su presencia -junto con la química con Mollá en las escenas de cama- salva la función de un film que pudo ser algo más de lo que finalmente fue), el complejo policía de Carne trémula (donde, por momentos, consigue que nos olvidemos del infame Liberto Rabal), el yonqui de Días contados (en la que se comía cada fotograma de la película descubrimiento de la hoy ya olvidada Ruth Gabriel), el Santa de Los lunes al sol (donde su talento hace que sea mucho más creíble el guión algo tramposo y engolado del cada día menos natural Fernando León: sus ñoñas e inverosímiles Princesas distan mucho de la frescura de Familia), su papel en Los lobos de Washington (interesante y negrísima película que solo nos gustó a unos pocos y que, francamente, creo que merece una segunda oportunidad) y, por último, una de mis debilidades, el actor en paro en Boca a boca (en la que dejó claro que, por si fuera poco, también tiene unas dotes brillantes para la comedia).

La verdad es que una noticia como la de su premio se agradece en día de debate electoral, de crispación electoral, de síndrome de acoso y persecución peperos (cuidado con salpicar a un candidato cuando piséis un charco: os acusarán de agresivos), de ascenso derechil y contraataque eclesiástico (Radio María & company dixerunt). Así que, mientras llega el 9 de marzo y confiamos en que el pasado más recalcitrante -léase el PP- pierda clamorosamente las elecciones, podemos dedicarnos a repasar la filmografía de Bardem que hoy, les guste o no a los medios carcas, ha hecho Historia.

P.S. Ah, y esta tarde, de nuevo función con mi grupo. La Melibea de la semana pasada fue un rotundo éxito, así que hoy repetimos en el Centro Cultural Moncloa (20 h., Metro Moncloa, junto al intercambiador). Entrada libre. No habrá entrega de Oscars ni alfombra roja, pero sí buen teatro, una actriz estupenda y un director de lo más atractivo y sexy ;-)

12.2.08

Juno

Hoy tocó tarde Fnac, uno de esos instantes en los que venzo la claustrofobia que producen -según los días- sus abigarrados y estrechos pasillos, para lanzarme al consumo voraz, despiado y absolutamente desmedido de sus productos. Libros, dvds, discos... Difícil resistirse cuando se tiene tanta curiosidad por tantas cosas y, honestamente, espero no perder esa cualidad nunca, sobre todo ahora que, gracias a los chavales, la veo reforzada a través de ellos. Entre esos bienes, han caído los siguientes goodies, de lo más recomendables para otros consumistas culturales voraces:
- La megaedición en 5 dvds de Blade Runner, con todos los montajes estrenados hasta la fecha y no-sé-cuántas horas de material inédito, incluyendo -por supuesto- el montaje que de verdad ansiaba tener: el original y estrenado en cines. Y es que, lo confieso, no soy nada partidario del director's cut, donde el director suele obviar los aciertos del montajista y entrega una nueva versión de algo que ya estaba cerrado como tal, al menos, desde el momento en que es percibido y recibido por el público. En cualquier caso, para los apasionados de una joya de la ciencia ficción y la filosofía posmoderna como es esta película, nunca viene mal tener muchas visiones diferentes que comparar...

- La edición de la segunda temporada de Roma, una de esas series imprescindibles por su calidad técnica, su elevadísimo nivel de producción y su virtuosismo narrativo e interpretativo (por no hablar de lo estupendo que está Marco Antonio o de lo brutalmente sensual que es el legionario Pulo...). Para delicia de los coleccionistas de dvds, vuelven a sacar edición limitada en madera, con un cuidadísimo diseño que hace honor a su contenido. Lástima que no haya ni vaya a haber tercera temporada.

- La BSO de Sweeny Todd que, afortunadamente, está a la altura de la última película de Tim Burton, gracias a una edición que incluye un completo -y muy bien editado- libreto con fotogramas del film y la letra de los temas de este siniestro musical.

- Y, por último, la BSO de Juno, una combinación de melodías y temas agradables, bien dispuestos y con cierto encanto entre folk y pop, donde destacan -sin duda alguna- Belle and Sebastian, apadrinando la que se pretende gran comedia indy de este año. Y aquí, en Juno, es donde vamos a hacer un alto en este post para hacer recuento de sus bondades -que las tiene- y de sus huecos -que también.
¿Comedia independiente? Sí, digamos que en Juno se dan todos los ingredientes que, de unos años a esta parte, parecen condimentar cuanta comedia indy se estrena. Sin embargo, el tono general -y el mensaje central- de la película parecen contradecir esa teoría. ¿Y cuál es ese mensaje? Una cinta eminentemente antiabortista -reaccionaria- que elude un tema que, seguramente, merecía un tratamiento menos superfluo. En general, la cinta huye de todos los conflictos que plantea y se conforma con ser una fábula divertida y jocosa que, pese a todo, funciona en gran parte de sus tramos. Sin embargo, el espectador debe ser lo suficientemente benévolo como para asumir el buenrrollismo general del filme, incluyendo la escena en la que la adolescente confiesa su embarazo y donde no hay una sola reacción natural o mínimamente verosímil. A cambio, la estructura -aunque evidente y nada novedosa- es eficaz, las interpretaciones son soberbias (destacaría tanto a Ellen Page, ya genial en Hard Candy, y a su noviete, que encarna con solvencia a un prototipo de adolescente que conocemos), y muchos de los gags funcionan con envidiable naturalidad. Sin embargo, ni la historia profundiza en sus temas ni sus resoluciones resultan del todo creíbles, por no hablar del castigo moral que recibe cuanto personaje se atreve a insinuar que el aborto sería una solución al conflicto o que tal vez la familia no sea siempre un nido de perfección y armonía (¿no resulta chocante ese tono reaccionario en una cinta supuestamente indy?). En definitiva, la película requiere de la colaboración y la empatía del público, además de exigir que pongamos en blanco nuestras ideas sobre ciertos temas y la juzguemos únicamente como un divertimento.

A pesar de la continua comparación con Little Miss Sunshine -y de que ambas son dos cantos a la familia de diferente calado pero similar trasfondo-, en aquella encontrábamos más sombras y oscuridades (el personaje del adolescente con problemas de comunicación, el padre obsesivo, el tío con inclinaciones suicidas y amoríos fatales, el abuelo yonqui...), además de un final donde los perdedores no dejaban de serlo o, cuando menos, no se nos vendía con tanta evidencia el happy ending que sí se subraya en Juno (y eso que la escena-canción final -lo confieso- me pareció especialmente lograda en su sencillez).

Tampoco consigue la película captar a cualquier espectador, ya que su punto de vista se centra en exceso en el tópico de la adolescente ingeniosa y brillante que, por un lado, cargará a quienes no se crean a ese tipo de personaje (recuerda, que no iguala, a la Natalie Portman de la más que reivindicable Beautiful girls) y por otro, difícilmente interesará a todos aquellos que no sientan demasiada atracción por los problemas, hábitos o hasta jerga de los adolescentes. Falta un contrapunto adulto más interesante como sí lo había en otras exploraciones recientes del mundo teen (History Boys, Memorias de Queens o la controvertida e interesante Half Nelson).

Personalmente, Juno me resultó una película simpática a la que le beneficiaría no haber sido cargada de nominaciones a los oscars. Tal vez en ese caso sus carencias -que son muchas- resultarían más disculpables y sus aciertos prevalecerían sobre el conjunto. En cualquier caso, y teniendo en cuenta el bajísimo nivel del reciente cine cómico americano, la película aporta escenas y líneas de guión que, pese a su escasa verosimilitud, siguen siendo divertidas y eso, de alguna manera, ya es razón suficiente como para verla.

7.2.08

Teleco (o forma 1)

ÁNGEL:

El lenguaje depende del canal. Del vehículo que se emplee para su transmisión. Todo varía según el modo en el que se diga. Y hoy ya no se trata solo del tono de voz. De mirar de una u otra manera. Hoy se trata de qué palabras pueden abreviarse en un sms. De qué foto es la mejor para presentarnos en un chat. De cómo expresar emociones en el messenger. Ya no sirve el lenguaje de siempre. Las palabras de siempre. Ahora hay que ser rápido, ingenioso, eficaz. La economía lingüística se ha impuesto a la literatura. Es necesario que sea así. Que se aprovechen los caracteres del móvil o la pantalla del ordenador. En los chats se puede hallar de todo. Respuestas a preguntas absurdas y hasta a preguntas íntimas. Preguntas como qué hago esta noche, con quién duermo esta noche, o con quién quiero dormir el resto de mi vida. No creo que en el amor virtual, pero sí en el sexo cibernético. En el amor, en realidad, no creo casi nada. Quizá porque me tortura en exceso pensarlo, porque creo que estoy más obsesionado que enamorado, porque sigo teniendo una cuenta pendiente y así no hay modo de centrarse en la siguiente ventana del chat. De todos modos, voy perfeccionando la técnica. Sofisticando los nicks. Haciendo más morbosas las imágenes de mi fotolog. Y apurando mejor los minutos. Ahora tardo menos en llevarme a alguien a la cama. Basta con elegir las palabras exactas y conectar la webcam en el momento justo. A veces en dos líneas, ya tengo asegurada la próxima cama. El lenguaje ha cambiado. Tanto como nosotros mismos. O tal vez sea el lenguaje quien, sin darnos cuenta, ha acabado cambiándonos a todos.

Tres formas de lenguaje
Fernando J. López, julio 2007

Dedicado a cierto viajero que, tras darse a conocer gracias a estas nuevas tecnologías, me despojó del escepticismo de Ángel. Viajero -en la red y en las ciudades- con quien empecé a crear este nuevo lenguaje que hoy sigue siendo nuestro código. El del deseo.

5.2.08

Martes de Carnaval

Hoy el día ha sido especialmente emotivo. Por la mañana, interacción carnavalesca con los alumnos, en una jornada en la que la clave ha sido la empatía y la conexión entre unos y otros. Además, me he dado el gustazo de leer con ellos textos gamberros del XVI, como el Gargantúa de Rabelais (una de mis lecturas del Siglo de Oro predilectas), o hasta de poner en escena una de las églogas de carnaval de Juan del Encina, con su visión adolescente y, por ello, hilarante...
Por la tarde, vuelta al teatro (muy bien acompañado y arropado por Klingsor y Ainhoa... ¡qué gusto veros, chicos!) para ver el montaje de Tres formas de lenguaje, que me emociona cada vez más por la sensibilidad de la directora (Aitana Galán, quien ha captado el alma de cada palabra de ese texto) y por la pasión del trío de actores, que son simplemente estupendos. El día, la verdad, emocionante y hermoso. Uno de esos que, de vez en cuando, me ayudan a mandar a la mierda mi inseguridad. Y eso, para qué negarlo, esos arrebatos -a los que somos tan poco proclives los dramaturgos- nunca está de más, sobre todo ahora que se me acumulan los estrenos y reestrenos (ilusionantes, mucho) con Melibea y Zapping mileurista...

Ahora, el testimonio gráfico de mi disfraz carnavalesco entre los muros de mi instituo. Espero que la identidad emulada (identidad genérica y, obviamente, cinephila) se adivine con facilidad...

Con mis compañeros de trabajo...

Con mis alumnos de 1º de Bachillerato. El chico de los tirantes,
por cierto, afirmaba que se había disfrazado... ¡de mí! ;-)

Con mis alumnas de 4º de la ESO, guerreras ellas... y encantadoras.
Es una suerte tenerlas en mi grupo, la verdad.

¿Por qué sigo viendo los Goya?

Lo admito: no me cuento entre los privilegiados que este año no vieron los Goya y que, inteligentes ellos, han contribuido a un nuevo descenso de audiencia en esta gala que cada año es más cutre, más ramplona, más vulgar y más -en resumidas cuentas- fiel reflejo de la industria cultural y artística de nuestro tiempo.

Del palmarés, solo destacaremos la victoria de una de las cintas más aburridas y pretenciosas del año y, nos atreveríamos afirmar, que de la década. Una película, La soledad, que se atribuye a sí misma el invento de la polivisión, sí, aquello que ya usaban Doris Day -insufrible y cursi- y Rock Hudson -guapo hasta el dolor...- en sus confidencias (a medianoche o cuando la taquilla lo imponía). En este caso, la polivisión no recoge interlocutores distintos, sino puntos de vista diferentes (es un decir, porque el único punto de vista de la película es la omnisciencia torpe y proclive al subrayado de su cansino autor) para contar todos los ángulos (y de nuevo, es un decir, pues solo se tocan los ángulos que convienen al melodrama minimalista) de una historia inexistente y que se pretende emotiva. Sería fácil defender esta película como una muestra de verdad, cotidianidad, introspección y bla, bla, bla, pero también sería falso atribuirle semejante mérito a un drama tan simplón donde se abusa del silencio para obligarnos a creer que los personajes -arquetípicos y previsibles- realmente tienen algo que decir. Al menos, eso sí, no ganó El orfanato, si bien las dos únicas películas españolas que este año merecieron la pena -Siete mesas de billar francés y Mata Haris- a punto estuvieron de irse de vacío. La segunda (si no me equivoco), así lo hizo.

En cuanto a la gala, ya me indignó el año pasado la simpleza y zafiedad de Corbacho, a quien todos los medios elogiaron. En esta ocasión, siguen con ese tonto corporativismo que tan flaco favor nos hace: coinciden en que tuvo menos gracia porque los gags resultaron más trillados, pero nadie hace una crítica real de la gala ni de su ejecución, como si eso pudiera ser susceptible de malinterpretarse como falta de apoyo al cine español. Yo, desde luego, mientras el cine español sea tan lamentable como el de este año y sus galas, tan patéticas como la de ayer, seguiré mostrándole mi más puro rechazo a cuantas películas lo merezcan, igual que lo haría con el cine taiwanés o el boliviano. Lo importante no es la etiqueta de nacionalidad del cine, sino su calidad, y eso -este año- brilló por su ausencia.

Momentos estelares de la gala... Incontables, aunque de los detalles que más me entusiasmaron destaco los siguientes:
1. El vestuario (repetido) de Corbacho, empeñado en hacer de fantoche a la vez que juega con un sentido del humor digno del Luisma de Aida. Destaco comentarios como su jocosa alusión al horrendo traje dorado como "ideal para Alhaurín de la Torre", su buen e ingenioso (y sexista) gusto a la hora de cambiar el título de "Bajo las estrellas" para decirle a su protagonista -Emma Suarez- que preferiría estar "Debajo de ella", o su hilarante confusión al citar a Belén... Esteban, en vez de una ofendidísima Belén Rueda.
2. La cara, cómo no, de la mismísima Rueda, que se cree algo así como la nueva Ava Gardner y que se quedó indignada al no llevarse el premio al que optaba por sobreactuar como un cochino en una matanza en ese bodrio nacional que es El orfanato.
3. Los (¿tronchantes?) gags en los que Corbacho buscaba en taxi a Almodóvar y a Garci, que además de ralentizar el ya pesado ritmo de la gala, no lograron esbozar ni una risa del público.
4. Los (mal elegidos) vestidos de ellas, entre los que dominó el nada favorecedor rosa palo sumado a dos elementos que no supieron lucir: escotes imposibles (gracias, Najwa Nimri, por demostrarnos que tu escote es tan digno de ser evitado como tus interpretaciones) y colas larguísimas con las que no sabían moverse y que se pisaban una y otra vez. ¡Si hasta la Pataky salió desfavorecida! Evidentemente, nuestras actrices no saben lucir nada que no sea una minifalda Bershka...
5. La coleta de Fernando León, que ya no solo nos regala sus atuendos "deportivos" en la gala, sino que nos honra con su pelo sin lavar para darle un toque más grasiento a la puesta en escena.
6. La esmerada dicción del sempiterno El Bola, un más que macarra Juan José Ballesta al que alguien se empeña en vendernos como el Cary Grant poligonero.
7. El discurso (soporífero) de la siempre desactualizada Ángeles González Sinde, mujer cuya presidencia en la Academia es un misterio hasta para los propios académicos y que, en esta ocasión, dedicó sus palabras a esa niña de nueve años que se pone en dvd La gran familia. La niña, si existe, debería estar siendo observada ahora mismo por algún experto en la materia. En cualquier caso, fui incapaz de desentrañar cuál era el sentido de la niña y de la película en cuestión en medio de su arenga.
8. El (exquisito) gusto de Corbacho doblando las películas premiadas, sensibilidad que alcanzó su punto álgido cuando convirtió la tragedia (real e histórica, no lo olvidemos) de Las trece rosas, en Las trece rojiblancas. ¿A nadie más le parece aberrante jugar con un hecho así de un modo tan zafio?
9. El desfile (inacabable ) de personajillos y actorzuelos de tercera fila (Hugo Silva, Alejo Sauras, Natalia Verbeke, El Bola, Pepón Nieto...) y la ausencia de los grandes (la Maura o la Sardá) o, al menos, de los actores y actrices que saben ponerse un vestido (ya sean Marisa Paredes o Penélope Cruz) y no hacen el ridículo con él.
10. El disfraz de "salchicha plateada" con el que nos obsequió Neus Asensi, decidida a poner toda la carne -y es mucha- en el asador...
11. La confirmación de que a José Coronado le ha afectado enormemente promocionar yogures, tal y como se demostró cuando nos anunció el premio "a la mejor interpretación femenina masculina". Para una vez que se lo dan a la Verdú y van y lo anuncian mal...
12. La presencia (¿por qué nadie se encarga de evitarlo?) de Isabel Coixet con su discurso ñoño, infantil y siempre carente de gracia.
13. La incógnita del momento Landa. ¿Realmente no le pasó nada? ¿En serio todo fue culpa de los nervios? Su discurso, agramatical y asintáctico, solo hilvanó tres palabras: gracias, adiós, corazón. Luego se yuxtapusieron una serie de verbos y algún que otro complemento que nadie supo interpretar. Hoy el actor afirmaba que la emoción no le dejó hablar. Yo, sinceramente, tengo mis dudas.
14. El look masculino en general, con la excepción de algunos pocos, como Alberto Iglesias, que no necesitaba la corbata ante un atuendo impecable, y algún que otro personaje que se dejó la caspa en casa y fue capaz de lucir algo más adecuado a la ocasión. El resto siguieron con la tónica "Aida" de siempre... Por cierto, entre los más cutres, Pepe Viyuela-con su rebequita del Carrefour, ¿le ha invadido el espíritu del tendero?- figura en los primeros puestos, pisándole los talones a Fernando León.

Y, un año más, esto ha sido todo en una fiesta que cada vez tiene menos de gala cinematográfica y más de verbena de pueblo. Propongo que el año que viene la gala la organicen los de Escenas de Matrimonio y que el premio a la mejor película lo entregue Avelino. Ya puestos...