7.2.08

Teleco (o forma 1)

ÁNGEL:

El lenguaje depende del canal. Del vehículo que se emplee para su transmisión. Todo varía según el modo en el que se diga. Y hoy ya no se trata solo del tono de voz. De mirar de una u otra manera. Hoy se trata de qué palabras pueden abreviarse en un sms. De qué foto es la mejor para presentarnos en un chat. De cómo expresar emociones en el messenger. Ya no sirve el lenguaje de siempre. Las palabras de siempre. Ahora hay que ser rápido, ingenioso, eficaz. La economía lingüística se ha impuesto a la literatura. Es necesario que sea así. Que se aprovechen los caracteres del móvil o la pantalla del ordenador. En los chats se puede hallar de todo. Respuestas a preguntas absurdas y hasta a preguntas íntimas. Preguntas como qué hago esta noche, con quién duermo esta noche, o con quién quiero dormir el resto de mi vida. No creo que en el amor virtual, pero sí en el sexo cibernético. En el amor, en realidad, no creo casi nada. Quizá porque me tortura en exceso pensarlo, porque creo que estoy más obsesionado que enamorado, porque sigo teniendo una cuenta pendiente y así no hay modo de centrarse en la siguiente ventana del chat. De todos modos, voy perfeccionando la técnica. Sofisticando los nicks. Haciendo más morbosas las imágenes de mi fotolog. Y apurando mejor los minutos. Ahora tardo menos en llevarme a alguien a la cama. Basta con elegir las palabras exactas y conectar la webcam en el momento justo. A veces en dos líneas, ya tengo asegurada la próxima cama. El lenguaje ha cambiado. Tanto como nosotros mismos. O tal vez sea el lenguaje quien, sin darnos cuenta, ha acabado cambiándonos a todos.

Tres formas de lenguaje
Fernando J. López, julio 2007

Dedicado a cierto viajero que, tras darse a conocer gracias a estas nuevas tecnologías, me despojó del escepticismo de Ángel. Viajero -en la red y en las ciudades- con quien empecé a crear este nuevo lenguaje que hoy sigue siendo nuestro código. El del deseo.

12 comentarios:

Wanderer dijo...

¡Qué bien le veo, Cinephilus!
¿Cuándo hará un post dedicado a Iberia y a la T4?Al fin y al cabo tienen su cuota de participación en su relación....El sexo cibernético tiene su punto para un momento determinado aunque normalmente hay que completarlo con técnicas menos evolucionadas,más tradicionales o más manuales diría yo.Nada que ver con el sexo compartido con una persona como Vd.

Cinephilus dijo...

Jajaja, wanderer, admito que la T4 es merecedora, cuando menos, de una loa... Y es que es hermoso haber convertido a un aeropuerto en sinónimo de bienvenida y no de despedida. Eso, de nuevo, no es solo mérito mío ;-)

Arual dijo...

Aysss pero qué bonito!!!!

Anónimo dijo...

Había yo leído “El lenguaje depende del carnal” en lugar del canal. De nuevo mi dislexia obra peores estragos que los de Alfredo Landa en la noche de los Goya (desde ahora para él evocará sus veintidós grabados de la serie “Los disparates” que todo es Goya y su visión particular de España). Perdóneme esta introducción, nada Teleco.

Como decía, había leído carnal en lugar de canal y al acabar su artículo (me gusta más que “post” aunque sea más largo) me di cuenta que lo sensual estaba agazapado en la T4, en la webcam y en los flecos libidinosos de un chat de quita y pon. No conozco mejor aliado del deseo que el despojarse lentamente de las palabras, hasta caer exhaustos en los encuentros. Que usted los disfrute en la forma en que desee y sepa yo leer su segunda forma de lenguaje, con menos alteraciones en la lectura.

Un saludo

Marina Khalo

coxis dijo...

aaaaay qué identificado me siento...

que viva el amor, sin cuentas pendientes

g. dijo...

...el deseo...

inquilino dijo...

Cómo me gusta este texto. El sexo... apuntaba ya una madurez estilística y formal que señalaba un nuevo camino. Melibea -que tuve el inmenso honor de leer casi en primicia- ahondaba en esa nueva voz singular a la vez que resolvía con éxito sobrado la difícil papeleta del monólogo. Tres formas del lenguaje -un texto que por su brevedad y el hecho de ser fruto de un encargo podría muy bien haber sido una obrita menor- es la brillante constatación de ese estilo propio, la demostración de que tu teatro tiene una voz propia y reconocible.

Una voz rabiosamente moderna y actual, pero que bebe directamente de las fuentes más clásicas de nuestra cultura y nuestra literatura. Una voz que devuelve el protagonismo al texto, base y principio de la construcción dramática, que dibuja a la perfección lo que nos late a todos en nuestro interior sin noñerías ni empalagos. Una voz que construye la historia, dibuja personajes y moldea toda una sociedad con el simple uso de la palabra desnuda y la frase afilada, que traza una línea radicalmente renovadora sin recurrir a artificiosos halaracos escenográficos ni polivisiones absurdas. Una voz que es crítica y social, pero que huye del panfleto maniqueo y respeta al espectador lo suficiente para permitirle decidir su postura.

En fin, el martes pasado no pude acudir a la cita. En las próximas funciones estaré allí como la número uno -con permiso del dulce y elegante viajero- de tus fans.

Cinephilus dijo...

Gracias por este hermoso (y seguramente inmerecido) comentario, inquilino. Sobre todo en un lunes que ha querido resultar ser tan lunes... Gracias por romper, suave y tiernamente, la dinámica de este raro inicio de semana. Besos (todos)

inquilino dijo...

Si es que ya lo decían los Boomtown Rats... los lunes deberían ser fiesta. El mío, pues igual, terriblemente lunes. I don't like mondays. And I can't liiiiiiiiiiiive... without fridays ;-)

Mari dijo...

me emocioné toda
y estaba a punto de escribir mi dirección de msn para chatear con usted admirado cinephilus pero veo que esto es del 2007.

buuuuuuuuuuuuuuu

Wanderer dijo...

El deseo es cada vez mayor, cada vez más intenso, cada vez más morboso....El deseo brilla y se refleja en metales preciosos como el platino, sobre todo si éste ha sido cincelado en Italia por los mejores orfebres....., en los cristales de algún edifico de Manhattan, del Sena o quizá del Egeo....¿Cómo se reflejaría en el Oceano Índico?

Cinephilus dijo...

Da igual dónde se refleje... su brillo es siempre igual de intenso. De abrumador. Y de necesario... :-)