3.4.08

Monarquías televisivas, shakespeareanas y monegascas

Y es que los reyes, de todo tipo y condición, dan mucho juego cuando de obras teatrales y series televisivas se trata. Y con esa monárquica excusa, este nada monárquico bloguero comienza su repaso semanal antes de que mañana nuevos vientos lo lleven -más que bien acompañado...- a Sevilla, a compartir uno de esos días excepcionales en la vida de una amiga igualmente excepcional... Comenzamos.
1. Los Tudor

Imprescindible. Y no solo por retratar una de las épocas más apasionantes de la Historia europea (ojalá hubiese presupuesto, talento y ganas para hacer algo similar con la truculenta vida de los Austrias españoles...), sino por saber hacerlo con todos los ingredientes del mejor folletín sin que, por ello, se disminuya un ápice la calidad narrativa ni interpretativa. Al igual que en Roma, también aquí se apuesta por un guión que alterna la densidad de los planteamientos políticos con la intensidad de las escenas violentas y, sobre todo, eróticas. Se agradece dar un paseo por la Historia Moderna con un Jonathan Rhys Meyers permanentemente descamisado y luciendo mirada y labios (totalmente comestible, desde luego) en su peculiar interpretación de Enrique VIII. El coro de personajes que lo rodean funciona a la perfección (e incluye otros tantos guapos y guapas más que sobresalientes) y el conjunto convierte la serie en un producto adictivo que, para colmo, ha sido muy bien editado en dvd para los que coleccionamos con fanatismo estas ediciones especiales... Solo una pega: los subtítulos traducen con inexactitud algunos de los diálogos, pero la dicción de los actores es tan buena que pueden entenderse sin dificultad.

2. El rey Lear
Necesaria. No es una función perfecta, desde luego, pero sí digna. Mayorga adapta el texto con humildad, sin intentar destacar sobre Shakespeare, y esa postura le honra, además de constituir la clave del éxito de esta función, donde la modernidad nace de la obra original, a la que su adaptador se ha limitado a depurar de pasajes y léxico que romperían el ritmo de una función en la que el tempo está muy bien medido. La dirección, a pesar de algunos excesos populistas (como las proyecciones en vídeo o las carreras de los actores por el patio de butacas), apuesta por la interpretación de los actores y, sin aportar novedades, tampoco estropea el texto. Gerardo Vera demuestra una técnica mucho más depurada que en montajes anteriores y su labor resulta si bien no brillante, sí correcta. En cuanto al elenco, destaca un inmenso Alcón en el rey Lear (sublime), unas más que correctas Carmen Elías y Cristina Marcos y un interesantísimo Edmond, papel aprovechado con inteligencia y astucia por el actor que le da vida. Los temas de la obra, universales e inmortales, ya justifican por sí solos la necesidad de este montaje, pero la coherencia de su puesta en escena y el esmerado trabajo de sus artífices lo salvan de la mediocridad reinante en la cartelera madrileña de esta temporada.

3. El asombroso viaje de Pomponio Flato
Un republicano, que no un monárquico, es el protagonista -escéptico y aerófago- de la nueva novela de Eduardo Mendoza, una de esas obras que se leen en una tarde y que, sin embargo, dejan cierto poso a pesar de su brevedad e incluso de su previsibilidad. Mendoza vuelve al humor, género denostado y que muy p0cos saben cultivar con dignidad. También se agradece ese retorno a la prosa humorística en tiempos donde triunfa la prosa cursi, meliflua y romanticona de quienes no tienen nada que contar. En este caso, la novela se convierte en una doble parodia: parodia de los best-sellers historicistas, en un alarde de inventiva casi quijotesca, y parodia (más bien, crítica acerada) de los rituales religiosos y de las supersticiones que de ellos se desprenden. La novela, construida como una suerte de evangelio apócrifo, no reniega de recursos tan obvios como la escatología -presente ya en el título- o la proximidad al humor blasfemo -marketing evidente. En cualquier caso, es una narración bien construida y decididamente amena que demuestra que el humor de Mendoza sigue vivo y, sobre todo, que se puede entender el humor como un recurso inteligente y crítico.

4. Reyes monegascos...
Aprovechando que Almodóvar organizó el baile de la rosa de Montecarlo de este año (curioso verle en Hola emulando la movida -transgresora en su origen- desde la más pura convención... ¿no es un tanto triste convertir la modernidad de aquellos años en amarillismo simplón e inofensivo?) y que Pe y Ba(rdem) han regresado de Niza -también según Hola-, dejo aquí algunas imágenes de nuestra reciente visita a la costa azul francesa. Niza, Cannes, Montecarlo..., un viaje lleno de sol, de luz, de colores y de vida. Siete años de vida ya sumados y un futuro de soles, de luces, de colores y de mares por sumar...

Nuestro hotel en Niza
Paseando por el Paseo de los Ingleses
Al fondo, Cannes
Los colores (mediterráneos) de Niza: la Nápoles francesa
El azul de Montecarlo
Razones para llamar azul a la costa...
Imposible viajar (viaje siempre fue vida) sin ti
Naturaleza y lujo en Montecarlo

Muy cerca del palacio de Carolina, Estefanía y Alberto...

6 comentarios:

inquilino dijo...

"(ojalá hubiese presupuesto, talento y ganas para hacer algo similar con la truculenta vida de los Austrias españoles...)"

Pero... ¿¿tú estás loco?? Esas propuestas ni se mentan. ¿Quieres ver a Juanjo Ballesta haciendo de Antonio Pérez y a Verónica Sánches de Princesa de Éboli?

Por cierto, tu viajero sale guapetón guapetón en la foto. Bueeeeeno, tú también sales muy guapo, celosón :-P (y que conste que sigo ofendidísima por tu plantón de hoy X-D )

diva dijo...

Me apunto lo del "Rey Lear", que tengo mono de teatro. La última que vi fue "El guía del Hermitage", sólo por Federico Luppi (a mí me entusiasmó en "Martín Hache" y sólo por ese pedazo de actuación le perdono que después no haya hecho otra cosa más que ofrecer el mismo registro una y otra vez). Y, por cierto, en las fotos salís estupendos, como siempre...
Muchos besos (y disfruta en Sevilla).

SisterBoy dijo...

Hey parece que hacía fresquito en lsa ocstas azules.

Los Tudor la tengo en la larga lista de series pendientes (creo que si alguna vez me tocara la primitiva lo único que haría seria quedarme en casa a ver series)

3'14 dijo...

Ains que sana envidia me provocas...

coxis dijo...

vaya unos viajes que os pegais, sinvergonsones!

besos de fin de semana

Arual dijo...

Bueno coincido al completo con tu opinión acerca de LOS TUDOR, ando enfrascada estos días en su visionado y me ha convencido de verdad.
Respecto al viaje a la Costa Azul, qué decir, me encantan como siempre tus reportajes fotográficos y que sales muy muy guapo, ya sé que te lo digo siempre. Celebro así que me enseñes con tus ojos tu particular visión de los lugares que visitas junto a tu adorado viajero.
Besos cielo!