18.5.08

Una buena crítica

Ayer amanecí inquieto, con esos nervios -pegajosos, profundos- que preceden a cada representación. No importa cuántas funciones vayan, cuántos escenarios se hayan pisado con un mismo montaje, da igual esa aparente seguridad porque siempre se amontonan los miedos, los fantasmas y las dudas. Todo ello mezclado con las ganas -la vehemente necesidad- de que todo salga bien y de que el público respire la misma emoción que quienes trabajamos en esta locura que es el teatro.

Amanecí cansado, preocupado por el montaje de luces que me esperaba en un teatro tan grande como el Buero Vallejo, donde las posibilidades técnicas son proporcionales a la dificultad y el esfuerzo que requiere coordinarlas. Cansado -a veces eso me agota- por el obligado nomadismo de los grupos independientes, que como no queremos plegarnos a exigencias comerciales y seguimos creyendo firmemente en lo que hacemos, tenemos que movernos de sala en sala, de lugar en lugar, de ciudad en ciudad, de escenario en escenario. Un nomadismo que nos enriquece y que, al mismo tiempo, supone un gran esfuerzo personal del que solo las personas que nos rodean -parejas, familia, amigos muy íntimos- son conscientes.

Pero también amanecí ilusionado, porque estaba acompañado al despertar. Porque ese desayuno a medias -qué lujo compartirlos, sobre todo cuando se ha luchado tanto por poder compartirlos- me dio fuerzas para afrontar el día. Porque sabía que la actriz -qué suerte trabajar con actrices que son tan grandes en el escenario como en la amistad que me une a ellas- lo daría todo en la obra. Y así fue.

Una gran actuación -bravo, Silvia, bravo- que pude, además, compartir con un número más que abultado de las personas más importantes en mi vida. También estaban allí los que no pudieron estar físicamente, presentes con sus mensajes y su ánimo constante -como mi hermano y su chica, desde Barna; o mi diva, siempre animosa y cercana, desde su trabajo. Y presentes en una platea llena de público anónimo, muchas caras conocidas y, sobre todo, mucho cariño de quienes hacen que seguir luchando por esto tenga sentido. Amigos con sensibilidad -humana y artística- capaces de hacerme creer que el esfuerzo de cada función merece la pena, aunque solo sea por los abrazos y las sonrisas cómplices que me regalan cuando se baja el telón. No pondré nombres, temo olvidar alguno, pero todos sabéis quiénes érais -quienes sois- y, aunque tras una obra siempre me muestro disperso e incluso alocado, espero que notarais la ilusión y la emoción que me provoca vuestra presencia. Un simple gracias no basta, lo sé, pero sí resume -en parte- lo que siento. Así que, gracias :-)

Y como colofón, inesperado y positivo, una crítica aparecida esta misma semana en un periódico Gente de Madrid. Una reseña -basada en las funciones que ya tuvimos en el Centro Cultural de Moncloa- que nos sorprendió a todos por su extensión y, sobre todo, por los comentarios -elogiosos y hasta cariñosos- del cronista. No puedo evitar colgar aquí la crítica y compartirla con quien la quiera leer. Sobre todo porque me parece un hermoso premio al duro trabajo que ha supuesto escribir, dirigir y montar esta obra. Al esfuerzo -inmenso- que hace su actriz al ponerla en escena y dar lo mejor de ella -darse entera- en cada función. Sin ella, sin mi Silvia, esta Melibea no habría sido posible. Y es que sin mis chicas - Silvia, Paloma, Nuria, Eva- el teatro no sería lo que es en mi vida. Una pasión. Un motor. Una irresistible necesidad de seguir sintiendo ese miedo que se resuelve en aplauso, esos nervios que se transforman en emoción y ese pánico escénico que cesa cuando sube el telón. Pero, ¿qué sería de la vida sin miedos -y telones- que vencer?

5 comentarios:

inquilino dijo...

La verdad es que ayer la Silvi se salió. Qué monstruo.
Mimitos :-)

SisterBoy dijo...

Genial, el que diga que no le afectan las críticas es un soplagaitas. Y una buena critica te deja como un pavo real.

diva dijo...

Me alegro un montón de que todo fuera bien en el Buero. El texto es emocionante, profundo y sincero y Silvia simplemente se come el escenario. Da igual lo grande que sea, lo llena. No sé el resto de la gente, pero yo cuando fui a ver "Melibea" terminé con un nudo en la garganta.
Un besazo, dire (por cierto, genial lo de la crítica, esto compensa toda la absurdez que tenemos que tragarnos para sacar adelante lo que tanto nos apasiona hacer).

Arual dijo...

Mi más sincera enhorabuena!!!

Anónimo dijo...

Enhorabuena!Función espléndida con gran éxito de crítica y público que aplaudió a rabiar.Comentarios muy positivos de la gente que asistió y que se caracterizó por su diversidad:jóvenes y menos jóvenes,gente de todo tipo y, según se ve en un post anterior, hasta un o una "ex", sin duda enrabietado(a) por no ser ya lo que fue ¿o quizá por no estar en el escenario?
¡Qué hermoso texto, qué estupenda dirección y que gran actriz!