27.6.08

Entre España y Colombia

Hace años que me gusta la música -y las letras- de Juanes. Por eso, ayer, estaba deseando ver su concierto en el Palacio de los Deportes de Madrid. Y así empezó, con el deporte que da nombre al recinto, asistiendo todos juntos a la semifinal de una Eurocopa en la que, incluso quienes no nos gusta el fútbol, hemos de admitir que España está haciendo un gran papel. Lo mejor, compartir ese momento delirante con mi Marilyn y mi Dave (¡os quiero, chicos!).

El concierto, espectacular. Tanto por la selección de temas -impecable- como, sobre todo, por la fuerza y el carisma del cantante. Un Juanes pletórico, entregado, guapísimo, con su camiseta roja de la selección -simpático homenaje- y, sobre todo, lleno de esos mensajes que, desde su magnífico Fíjate bien (contra las minas antipersona) lleva años transmitiendo. Y lo mejor, la sensación de mezcla, de suma, de fronteras diluidas en una Europa que, lamentablemente, cada día se empeña más en dibujarlas. Allí las banderas sobraban, porque todas acabaron -como en su canción Bandera de manos- siendo solo una.

Y luego, a la vuelta, la mejor de las compañías me esperaba sonriente -sensual...- en casa. Evidentemente, es imposible empezar mejor la recta final -solo 24 horas- hacia los 31, un nuevo peldaño en este camino de la (in)madurez :-) Me gusta saber que mañana seré, de nuevo, un poco más niño. Y, confío, en seguir aprendiendo a ser -gracias a mi pareja, a mi familia, a mis amigos- un poco más persona. Besos al ritmo de la camisa negra (hoy blanca, por aquello de la ola de calor...)

24.6.08

Sexo en Nueva York

Quien espere ver una película como tal. Quien no sea fan de la serie. Quien no se riera con El diablo se viste de Prada. Quien no sienta un cosquilleo ante un escaparate de Vuitton, Ferragamo, Dior o Channel. Quien no hojee el Vogue o el Vanity Fair. Quien no esté dispuesto a ser benévolo con uno de los eventos televisivos -que no cinematográficos- del verano. No, definitivamente, quien no cumpla al menos una de las anteriores condiciones, mejor que no vaya a ver Sexo en Nueva York.

En el fondo, no se trata más que de un largo capítulo (cinco, en realidad) de una serie que o se ama o se odia, pero ante la que no caben términos medios. Personalmente, comencé a seguirla con prejuicios (muchos), hasta que me enganchó por completo y devoré, en menos de un mes, sus seis temporadas. La película respeta todos los tópicos que esperamos los fans de la saga y encuentra sus puntos fuertes en la estética -un auténtico catálogo de marcas, diseñadores, desfiles, bolsos y zapatos: fabulosa la escena (casi publirreportaje) de los trajes de novia- y en la sucesión de gags que, sin ser hilarantes, sí dejan un buen sabor de boca. Samantha, a mi modo de ver, se adueña de la proyección gracias a que mantiene su toque bitch de la serie (aunque hayan dulcificado sus actuaciones: ¿por qué no se acuesta con el macizo vecino playero, auténtica revelación masculina del film?) y se lleva algunas de las mejores escenas, como el episodio del sushi, por ejemplo.

A cambio, Carrie se convierte en un centro demasiado obvio de una narración que pedía a gritos ser mucho más coral. Su crisis (la boda) no aporta nada nuevo a las seis temporadas anteriores y condena a la narración a una situación dramática que no acabo de ver necesaria en una película como esta. Charlotte no añade absolutamente nada ni a su personaje ni a la trama (está divertida y tiene algún buen episodio cómico, aunque es un personaje que pudo dar más de sí) y de Miranda esperaba una reacción menos pueril que la que tiene en la relación con su marido (¿no es más conservadora la película que la serie?). Eché de menos la voz en off de Carrie (aminorada a pesar de ser una de las marcas de la franquicia) y me hubiera gustado algo más de sexo oral (conversacional, en realidad).

Aún así, disfruté enormemente como espectador (benévolo) de esta cinta. Sobre todo, lo confieso, en lo personal, porque no deja de tener su gracia que una de las marcas más mencionadas en la película (con regalo de Carrie incluido) sea Louis Vuitton, autor de las sandalias con las que, obviamente, acudí fashionablemente calzado a la proyección ;-) Además, vi en la cinta muchos ecos del proceso que estoy -estamos- viviendo, desde la remodelación del piso (con un vestidor que me recuerda al que en breve pensamos estrenar) hasta el viaje a México (que tan buenos y especiales recuerdos me trajo) o los paseos por un Nueva York que recorrimos los dos juntos -tiendas incluidas, of course- hace solo un par de años. Guiños que hicieron que me sintiera aún más en esa city que da título a una película que, en realidad, no es tal. Pero ahí, sobre todo, radica su mayor acierto: no aspira a serlo.
Por supuesto, es preciso comprarla en dvd y sumarla a la colección. Es, aunque no lo hayan dicho, la séptima temporada de la serie.
P.S.1. Confieso que hasta yo vi los penaltis el otro día (sí, y me sorprendí gritando un bien del que aún hoy me arrepiento...) Y solo dos consideraciones: 1. qué sexy estaba Casillas (aunque tenga ese toque de yerno buenecito que tan poco me pone) y 2. qué terrible comprobar - en el susodicho Casillas- que el hombre en camiseta de tirantes sigue siendo un tópico visual del que no acabaremos de librarnos nunca... ¿Tanto Nike Pro para esto?
P.S.2. Cuatro estrena, al fin, Dexter. Yo ando ya acabando la segunda temporada y he vuelto a caer en una serie tramposa en la que me ganan los actores (bravo por su protagonista), su ritmo y su endiablado sentido del humor. Sus flash-backs, impagables. No se la pierdan.

19.6.08

Del lujo (II)

Levantarse cada mañana para hacer algo que te gusta es, sin duda, todo un privilegio. Si, además, ese algo tiene una remuneración digna y un horario con mucho tiempo libre para realizarte no solo profesional sino también personalmente, entonces, ese privilegio se hace aún más patente. Supongo que por eso me siento tan lleno desde que decidí dar un giro a mi vida y convertir la edición -que sigue apasionándome, aunque no su mundillo- en actividad free-lance para consagrarme a la docencia. Ahora, dos años después, solo sé que he encontrado algo que debe parecerse mucho a eso que llaman vocación y que, día a día, me puede y anima más.

Sobre todo en días como hoy, en los que -de repente- ante un trabajo creativo (si algo intento estimular en mis alumnos es la libertad de pensamiento y de creación) un grupo de alumnos se plantea un reto que va más allá de mis expectativas. La tarea encomendada a un grupo de 1º de Bachillerato (16/17 años) consistía en grabar un CD con canciones actuales que, en su opinión, les recordasen valores, ideas, tópicos y estéticas afines a los períodos literarios estudiados (Edad Media, Prerrenacimiento, Renacimiento y Barroco). La selección ha sido absolutamente genial y ha incluido temas que van desde Mecano hasta Mamá Ladilla, pasando por Escorbuto o Jeanette. Y como colofón, de repente, un grupo ha decidido que no le bastaba con seleccionar músicas ajenas, sino que quería componer, cantar y grabar su propia canción. Un tema rock cuyo título, La suerte del bufón, es un homenaje a algunos de los principales personajes del teatro barroco europeo. La letra, simplemente brillante, una revisión personal de Segismundo y su vida es sueño, a la que han sumado (tal y como ellos mismos han explicado) la influencia de Lorca y sus poemas del amor oscuro, que consideraban (y no sin razón) que retomaban muchos elementos poéticos barrocos. Sinceramente, y tal y como les he dicho a ellos después de oír su tema -cuya grabación les ha llevado días de esfuerzo-, experiencias como esta de hoy dan sentido a mi asignatura, a mi trabajo y, sobre todo, me dan la razón en que el sistema -con sus fallos y errores, graves sí, ya lo sé- puede funcionar si las personas que formamos parte de él lo transgredimos y mejoramos -la queja pasiva es inútil: la reivindación debe ser proactiva-, empleando la comunicación como arma. No siempre se puede, claro, no todos los grupos son iguales ni todos los centros ni todas las clases ni... Pero ante el discurso derrotista y terrible sobre la educación -puede que justificado: sería un osado si intentara juzgar algo así de forma dogmática-, creo que también es necesario mostrar otras realidades mucho más favorables, otros puntos de vista, otras visiones en las que se demuestre que sí hay alumnos brillantes, llenos de ganas de aportar cosas. Tan solo tenemos que dejar que lo hagan... Provocarles para que sientan la necesidad de hacerlo.

Por eso, porque me siento privilegiado (por no hablar de las ya inminentes vacaciones...), espero que en las oposiciones de mañana tengan suerte (merecidísima) quienes sé que son ya excelentes profesores (Ignacio -qué lujo haber sumado tu amistad a mi vida este año-, mi sultana -qué ganas y qué necesidad de verte pronto-, Vanessa -qué gran compañera eres-) y quienes sé, sin lugar a dudas, que van a serlo (Pal, cuánto pueden aprender de ti, cuánto mereces que mañana todo sea un éxito; Ainhoa, estoy deseando que contagies tu pasión por el teatro -por la vida- a tus futuros y afortunadísimos alumnos de la RESAD). Los institutos necesitan gente como vosotros. Y yo, desde luego, también.

Como colofón -y con permiso de su joven autor, Jorge González- aquí van algunos de los versos -un extracto de la primera parte- de esa suerte del bufón. Segismundo, estoy seguro, habría disfrutado con ellos...

Escapé de la torre para buscarte
agarrado a la noche y envuelto en locura.
Salté por los tejados, corrí las calles
y en cada hoguera fundí una luna.

Dando vueltas llegué a la playa
donde poco antes te acostaste.
Soñabas con mi llegada
y no quise despertarte
(por si acaso era yo el que soñaba...)

Lentamente se descosió la noche
y en el roto se abrió un claro.
Me agarré con fuerza a los barrotes:
He vuelto a amanecer encerrado.
J.G.

17.6.08

Amor y lujo

Amor y lujo
cuerpos de gloria
grandes historias
queremos más, queremos más...
Mónica Naranjo

Cómo no citar el nuevo futuro hit de Mónica esta semana... Y es que en el recuento contracultural -o cultural o lo que sea- semanal hay de todo eso. Y más...

1. Versiones de la Cenicienta
En su caso era un zapato de cristal. En el mío, unas sandalias. Y es que no hay calzado que más me guste (aunque el verano, como este año, se empeñe rebelde en no querer instalarse). Así que mi príncipe azul -de raya diplomática y sonrisa inconfundible- ha decidido irrumpir esta semana con uno de esos regalos que solo él sabe buscar, encontrar y, sobre todo, entregar con la misma delicadeza con la que le pusieron a la princesa del cuento el zapato perdido. En esta ocasión, se trata de las preciosas sandalias que lucieron los modelos masculinos en el último desfile de verano de Louis Vuitton. Ahora, evidentemente, no veo el momento de estrenarlas... Y, sobre todo, de estrenarlas con él.


2. Versiones del lobo feroz
Y como un lobo aterrizó, otra vez, Bosé en Madrid. Un concierto cargado de energía y, sobre todo, de empatía con el público. En realidad no se trataba más que de un gran evento karaoke con algún que otro vip -Laura Pausini, Bimba Bosé, ¿¡Sergi Arola?! y, cómo no, Alaska- para disfrutar de los temas archiconocidos del cantante y, sobre todo, para dejarse llevar por su carisma. Lástima que el artista haya decidido cultivar tripa (impresionante su abultado perfil...), aunque incluso más gordo de lo deseable siga siendo atractivo. Lo mejor del concierto, sin duda, la compañía. Mi diva, Camino, Raquel y David. Eso, como cantaría Mónica (a la que veremos en septiembre: ¿nos estallarán los tímpanos con su Sobreviviré en directo), es puro amor y lujo. En breve, más.

3. Versiones de Hansel y Gretel
Porque algo de esa ternura que roza la sensiblería es lo que esconde la película Aritmética emocional, un filme nada excepcional que se salva por las interpretaciones de su reparto (todos ellos soberbios, como siempre). El casting, un acierto. El guión, curioso a ratos, pero demasiado obvio y con pocas aportaciones a lo largo del metraje. Afortunadamente todo transcurre en un tiempo sensato (noventa minutos) y así se evitan reiteraciones o fórmulas excesivamente sensibleras. Aún así, se echan de menos más confrontaciones, más puntos de vista, más momentos climáticos. Al menos (y eso ya es un triunfo) se plantean temas tan interesantes como la secuela de la Historia -sí, de esa con mayúsculas- en la historia íntima -¿con minúsculas?- o, sobre todo, la duda entre el olvido y la memoria como formas de asumir un pasado traumático. ¿Debemos recordar? La película, y eso también hay que agradecerlo, no postula teoría alguna: no se nos da una opinión ni se defiende una tesis, tan solo se nos muestran las dos opciones y se nos deja debatir nuestra elección a la salida. Teniendo en cuenta la mediocridad aplastante de la cartelera estival -con permiso de Lumet, claro-, merece la pena dedicar hora y media a una sesión de cine, cuando menos, sensible.

4. Versiones de Blancanieves
Porque esta semana hemos asistido a una revolución lingüística de una Blancanieves cabreada -y desacertada- contra los enanitos. Así, dispuesta a ganar la batalla de la misoginia gracias a las armas de la estulticia, se nos propone el empleo de la utilísima palabra miembra y su inclusión urgente, cómo no, en el diccionario de la RAE. Solo dos consideraciones de alguien que, como humilde trabajador en esto de la lengua y la literatura, está ya pelín harto de escuchar tanta simpleza...:

a) No se puede comparar el femenino de miembro con el femenino de palabras como ministra o presidenta. En estos últimos casos el lenguaje -y no un político concreto: recordemos que la lengua nace de la sociedad y no a la inversa- generó la necesidad del femenino en cuanto la existencia del referente lo hizo preciso. Afortunadamente, la llegada de las mujeres a esos puestos de responsabilidad obligó a la lengua a flexionar el género de esos sustantivos al igual que ya se habían flexionado otras profesiones. Hay, por tanto, una relación entre referente y signo lingüístico que, en el caso de miembro, no resulta problemática ni justifica, en modo alguno, una terminación en -a.

b) Miembro es una palabra común en cuanto al género, es decir, un sustantivo de género sexual no marcado en el que esta diferencia se hace explícita a través de los determinantes y adjetivos (el miembro, la miembro). Parece necesario recordar que el masculino en español es el género no marcado (al igual que en alemán lo es el femenino en el plural: die Menschen). En el caso de miembro no tiene interés alguno marcar el femenino porque, frente a palabras cargadas de significado (como las profesiones anteriormente citadas), el sustantivo miembro solo designa a un elemento que forma parte de un conjunto. En este sentido, es una palabra connotativamente vacía, que tan pronto puede ser positiva (ser miembro de un jurado literario) como negativa (ser miembro de una asociación xenófoba).

En síntesis, miembra se suma a esa colección de aberraciones pretendidamente modernas, como el horrible uso redundante de los x y las x cada vez que se habla con un colectivo o el empleo de la @ en plurales de imposible pronunciación: ¿cómo se leen palabras como alumn@s o niñ@s? Y, por último, ¿por qué a nadie le molesta la terminación -e y sí la terminación -o? Curioso que plurales como pacientes no sean considerados machistas: ¿qué tiene la o para ser más misógina que la e? ¿Por qué nadie dice los pacientes y las pacientas? Porque, sencillamente, no es necesario (hasta que a algún lumbreras -¿lumbreros?- se le ocurra que sí lo es).

De todos modos, me alegra saber que las próximas generaciones estarán mucho más preparadas en este tipo de cuestiones gracias a medidas como las de la Comunidad de Madrid, que ha reducido el número de horas de lengua en 1º de Bachillerato de 4 a 3, en ese suma y sigue de empobrecimiento mental al que se nos quiere someter. Lógicamente, saber leer, comentar e interpretar textos es peligroso, que luego la gente se te cuela en los hospitales que estás privatizando y te protesta...

Y volviendo a miembra y similares, aquel que lea este blog con frecuencia sabrá que la discriminación -misógina, xenófoba, homófoba...- es uno de los problemas que más me indignan y preocupan. Sin embargo, no creo que pelearse con la gramática solucione nada, tan solo contribuye a empobrecer aún más el lenguaje, demuestra la incultura lingüística de la que vive preso este país y crea cortinas de humo mediáticas para no hablar de lo que de verdad interesa: conciliación de vida familiar y laboral, igualdad de sueldos, igualdad de oportunidades y demás cuestiones pendientes que no sé en qué desinencia de género acaban pero que afectan, con demasiada frecuencia, a la mujer.

13.6.08

+1

Cuesta saberte lejos. Sobre todo en días como hoy, brother, días en los que me gustaría ver esa cara tuya de emoción al abrir los regalos, al ilusionarte con cada pequeño detalle y transmitir esa ilusión que en pocas personas más he visto. Me alegra saber que hoy estás bien arropado, que tienes junto a ti a alguien que te quiere incondicionalmente y que sabe darte la dosis de juego y de sorpresa que precisas, esas dosis de fantasía que forman parte de ti, de tu (maravillosa) forma de ser. Y aún así, o quizá por eso, te echo tanto de menos. Porque me gustaría tenerte -teneros- cerca, porque este fin de semana no dejaré de pensar que podríamos estar sacando brillo a las pistas de baile -Barcelona o Madrid: da igual dónde, da igual la música- y riéndonos con esa complicidad nuestra que solo tú y yo conocemos. Esa complicidad que, hoy como tú, se hace un año mayor, un año más sólida, un año más madura.

Cuesta no reclinarse en ti en cada bache. No tener tu presencia en los ensayos -qué raro, qué duro, el teatro sin ti-, en las comidas de sábado en casa, en las salidas festivas de fin de semana, en conciertos como el de hoy de Bosé -más de un tema se me ha ido pensando en ti, en tu cumple...-, en los debates cinéfilos o en las discusiones y parodias televisivas. Cuesta, sí, pero también enorgullece ver tu crecimiento personal y profesional, tu lucha incansable, tu espíritu lleno de fuerza y de vitalismo. Y entonces es cuando la nostalgia queda abatida por las ganas de compartir -celebrar- contigo cada nuevo paso, cada nuevo trayecto.

Cuesta, brother, cuesta celebrar este 13 de junio en un Madrid sin ti. Pero a la vez es hermoso sentir con tanta intensidad este lazo que nos une y que, sin duda, es uno de los mayores y más necesarios referentes de mi vida.

Un año más, brother. Un año más que, digan lo que digan los mapas (sé por experiencia que las distancias geográficas siempre mienten cuando el sentimiento se impone), celebraremos juntos. Un año más en el que sigo siendo yo porque puedo definirme -verme- en ti.

Te quiero.

8.6.08

Apuntes alfabéticos

Intensas semanas laborales, teatrales y personales (algún día prometo dedicar un post a cómo va ser nuestro nuevo piso... design, design, design), así que hoy me limito a un breve inventario -por orden alfabético, eso sí- con algunas de las escalas culturales más (o menos) interesantes que he hecho estos días.

A, de Antes que el diablo sepa que has muerto
Interesante. Dura. Muy bien estructurada. Con un final tal vez algo atropellado en su violencia pero contundente -imponente- en su ejecución. Un reparto de (elevadísima) altura. Unas interpretaciones memorables. Silencios donde debe haberlos sin explicaciones que puerilicen al espectador. En conjunto, una suma del mejor Lumet que, con luces y sombras, sigue siendo uno de los grandes del thriller americano. Hay que verla.

E, de Elegy
Una película infumable que constituye el perfecto reverso de la anterior. Donde Lumet construye diálogos inteligentes a partir de acciones intersantes, Coixet emplea acciones absolutamente faltas de interés en las que se traban diálogos que, de puro pretenciosos, son ridículos. Un canto -más- a la paja mental de esta mujer que alterna películas dignas como La vida secreta de las palabras, con monumentos a la sensiblería y a la intelectualidad mal entendidad. Además, sale Penélope Cruz haciendo de... Penélope Cruz. Eso sí, sus tetas, estupendas. Lo mejor de esta (infame) peli.

I, de Indiana Jones
Cine comercial. De aventuras. Palomitero. Familiar. Pero cine del que marca una infancia -la mía, al menos- porque se recuerdan escenas y personajas de esos que no es fácil olvidar. La calidad, claro, discutible, pero discutir la calidad en casos como este da lugar a debates bizantinos sin demasiada validez. Por eso, y porque me había comprado la nueva y fantástica edición en dvd de la trilogía, sentí tal decepción al comprobar que este nuevo ejercicio de nostalgia era otra amenaza fantasma más. Un horrible remix de los vicios de los anteriores indianas condimentado con falta de gracia, exceso de persecuciones y nulo carisma de los intérpretes (¿quién demonios se ha empeñado en convertir a Shia-como-se-apellide en una estrella?). Cate Blanchett -cuya pasión por sobreactuar consigue sacarme de quicio y a la que le estoy tomando una intensa manía- trata de salvar una función donde todo está perdido de antemano. El desenlace, hórrido -tanto el de la trama de acción, una suerte de Expediente X bollywoodiense, como el de la trama emocional...- y los diálogos, patéticos. El intento retro, además, cansino y obvio. ¿Tantos años buscando un guión para... esto?


K, de Kylie Minogue

¿Y quién iba buscando un concierto purista esa noche? Me río de la crítica publicada en El País por el esnob de turno que, seguramente, estaba asqueado por haber tenido que acudir a semejante evento, tan lejano de los sones de la música alternativa. Y sí, muy bien, bravo por la alternativa (sobre todo desde que hace unos años, por culpa de grandes amigos como Yol, fidelio e inquilino, cada vez me gustan más ciertos grupos que ahora son imprescindibles en mi discoteca), pero Kylie Minogue no va de eso. Va de estética pop, de Gaultier, de cambios de vestuario, de puesta en escena, de baile, de sudor, de pista llena e histérica, de mundo gay rabiosamente trendy o rabiosamente a secas, de famoseo vip y, sobre todo, de fiesta colectiva y de gran espectáculo. Y sí que lo fue. Desde las nueve y media hasta las doce y media disfrutamos de la diva más simpática que recuerdo en mucho tiempo y, además, acompañado de mon frère Dave. ¿Se puede pedir más? ;-)

Z, de Zapping mileurista
Pues sí, tuvimos otra función más. Este jueves y en Alcorcón. Ellas, espléndidas. Alcorcón, pues como siempre: un lugar a investigar en cuanto a (mala) organización de eventos se refiere. Lo mejor, además de la actuación de mis chicas, saber que me volvía muy bien acompañado a casa y que podría despotricar -en su hombro, en nuestra cama- tras asistir a la vulgaridad provinciana que, lástima, no es patrimonio exclusivo alcorconero, sino mal endémico de una sociedad que se vuelve más y más chabacana por momentos.

Y ahora, en la recta final hacia mi cumple (ays, el 28 se vuelven 31...), me quedan la S, de El sexo que sucede (el 6 de julio actuamos con ella en Madrid, en la sala DT), la B de Bosé (repetimos tras la gozada de concierto-karaoke del año pasado) y la J de Juanes. Espero que los de El País manden a otro crítico a ambos, porque si no, puede que al de Kylie le dé un ataque de comercialidad. Y de eso, seguro, no hay quien se recupere...

P.S. Pregunta sin relación con lo anterior pero que no deja de preocuparme:
a) ¿Por qué todos los libros de texto de literatura para Secundaria y Bachillerato omiten el nombre de las grandes escritoras desde el siglo XVII hasta la actualidad? ¿Por qué se habla de Gracián y no de María de Zayas? ¿De Valera y no de Pardo Bazán?
b) ¿Por qué parece que Vivi Ruano y Anabel Medina no hubieran ganado el Roland Garrós? ¿Se les prestaría una atención tan limitada si fuera una pareja masculina? ¿Es justo que la esperanza de que hoy gane Nadal ocupe más líneas en prensa que la victoria femenina ya consumada?
c) ¿Realmente no quedan barreras misóginas que atravesar? Esta creo que la respondo con R de reivindicación...