17.6.08

Amor y lujo

Amor y lujo
cuerpos de gloria
grandes historias
queremos más, queremos más...
Mónica Naranjo

Cómo no citar el nuevo futuro hit de Mónica esta semana... Y es que en el recuento contracultural -o cultural o lo que sea- semanal hay de todo eso. Y más...

1. Versiones de la Cenicienta
En su caso era un zapato de cristal. En el mío, unas sandalias. Y es que no hay calzado que más me guste (aunque el verano, como este año, se empeñe rebelde en no querer instalarse). Así que mi príncipe azul -de raya diplomática y sonrisa inconfundible- ha decidido irrumpir esta semana con uno de esos regalos que solo él sabe buscar, encontrar y, sobre todo, entregar con la misma delicadeza con la que le pusieron a la princesa del cuento el zapato perdido. En esta ocasión, se trata de las preciosas sandalias que lucieron los modelos masculinos en el último desfile de verano de Louis Vuitton. Ahora, evidentemente, no veo el momento de estrenarlas... Y, sobre todo, de estrenarlas con él.


2. Versiones del lobo feroz
Y como un lobo aterrizó, otra vez, Bosé en Madrid. Un concierto cargado de energía y, sobre todo, de empatía con el público. En realidad no se trataba más que de un gran evento karaoke con algún que otro vip -Laura Pausini, Bimba Bosé, ¿¡Sergi Arola?! y, cómo no, Alaska- para disfrutar de los temas archiconocidos del cantante y, sobre todo, para dejarse llevar por su carisma. Lástima que el artista haya decidido cultivar tripa (impresionante su abultado perfil...), aunque incluso más gordo de lo deseable siga siendo atractivo. Lo mejor del concierto, sin duda, la compañía. Mi diva, Camino, Raquel y David. Eso, como cantaría Mónica (a la que veremos en septiembre: ¿nos estallarán los tímpanos con su Sobreviviré en directo), es puro amor y lujo. En breve, más.

3. Versiones de Hansel y Gretel
Porque algo de esa ternura que roza la sensiblería es lo que esconde la película Aritmética emocional, un filme nada excepcional que se salva por las interpretaciones de su reparto (todos ellos soberbios, como siempre). El casting, un acierto. El guión, curioso a ratos, pero demasiado obvio y con pocas aportaciones a lo largo del metraje. Afortunadamente todo transcurre en un tiempo sensato (noventa minutos) y así se evitan reiteraciones o fórmulas excesivamente sensibleras. Aún así, se echan de menos más confrontaciones, más puntos de vista, más momentos climáticos. Al menos (y eso ya es un triunfo) se plantean temas tan interesantes como la secuela de la Historia -sí, de esa con mayúsculas- en la historia íntima -¿con minúsculas?- o, sobre todo, la duda entre el olvido y la memoria como formas de asumir un pasado traumático. ¿Debemos recordar? La película, y eso también hay que agradecerlo, no postula teoría alguna: no se nos da una opinión ni se defiende una tesis, tan solo se nos muestran las dos opciones y se nos deja debatir nuestra elección a la salida. Teniendo en cuenta la mediocridad aplastante de la cartelera estival -con permiso de Lumet, claro-, merece la pena dedicar hora y media a una sesión de cine, cuando menos, sensible.

4. Versiones de Blancanieves
Porque esta semana hemos asistido a una revolución lingüística de una Blancanieves cabreada -y desacertada- contra los enanitos. Así, dispuesta a ganar la batalla de la misoginia gracias a las armas de la estulticia, se nos propone el empleo de la utilísima palabra miembra y su inclusión urgente, cómo no, en el diccionario de la RAE. Solo dos consideraciones de alguien que, como humilde trabajador en esto de la lengua y la literatura, está ya pelín harto de escuchar tanta simpleza...:

a) No se puede comparar el femenino de miembro con el femenino de palabras como ministra o presidenta. En estos últimos casos el lenguaje -y no un político concreto: recordemos que la lengua nace de la sociedad y no a la inversa- generó la necesidad del femenino en cuanto la existencia del referente lo hizo preciso. Afortunadamente, la llegada de las mujeres a esos puestos de responsabilidad obligó a la lengua a flexionar el género de esos sustantivos al igual que ya se habían flexionado otras profesiones. Hay, por tanto, una relación entre referente y signo lingüístico que, en el caso de miembro, no resulta problemática ni justifica, en modo alguno, una terminación en -a.

b) Miembro es una palabra común en cuanto al género, es decir, un sustantivo de género sexual no marcado en el que esta diferencia se hace explícita a través de los determinantes y adjetivos (el miembro, la miembro). Parece necesario recordar que el masculino en español es el género no marcado (al igual que en alemán lo es el femenino en el plural: die Menschen). En el caso de miembro no tiene interés alguno marcar el femenino porque, frente a palabras cargadas de significado (como las profesiones anteriormente citadas), el sustantivo miembro solo designa a un elemento que forma parte de un conjunto. En este sentido, es una palabra connotativamente vacía, que tan pronto puede ser positiva (ser miembro de un jurado literario) como negativa (ser miembro de una asociación xenófoba).

En síntesis, miembra se suma a esa colección de aberraciones pretendidamente modernas, como el horrible uso redundante de los x y las x cada vez que se habla con un colectivo o el empleo de la @ en plurales de imposible pronunciación: ¿cómo se leen palabras como alumn@s o niñ@s? Y, por último, ¿por qué a nadie le molesta la terminación -e y sí la terminación -o? Curioso que plurales como pacientes no sean considerados machistas: ¿qué tiene la o para ser más misógina que la e? ¿Por qué nadie dice los pacientes y las pacientas? Porque, sencillamente, no es necesario (hasta que a algún lumbreras -¿lumbreros?- se le ocurra que sí lo es).

De todos modos, me alegra saber que las próximas generaciones estarán mucho más preparadas en este tipo de cuestiones gracias a medidas como las de la Comunidad de Madrid, que ha reducido el número de horas de lengua en 1º de Bachillerato de 4 a 3, en ese suma y sigue de empobrecimiento mental al que se nos quiere someter. Lógicamente, saber leer, comentar e interpretar textos es peligroso, que luego la gente se te cuela en los hospitales que estás privatizando y te protesta...

Y volviendo a miembra y similares, aquel que lea este blog con frecuencia sabrá que la discriminación -misógina, xenófoba, homófoba...- es uno de los problemas que más me indignan y preocupan. Sin embargo, no creo que pelearse con la gramática solucione nada, tan solo contribuye a empobrecer aún más el lenguaje, demuestra la incultura lingüística de la que vive preso este país y crea cortinas de humo mediáticas para no hablar de lo que de verdad interesa: conciliación de vida familiar y laboral, igualdad de sueldos, igualdad de oportunidades y demás cuestiones pendientes que no sé en qué desinencia de género acaban pero que afectan, con demasiada frecuencia, a la mujer.

7 comentarios:

NaT dijo...

Sólo se dan 3 horas de lengua semanales en el instituto???
Pues me parecen poquísimas para un lenguaje tan rico como el nuestro, el cual no utilizamos ni al 50% (y me incluyo en la mala utilización)Si no recuerdo mal yo tenía todos los días lengua y matemáticas y luego ya se iban cuadrando los horarios con las ciencias sociales, la pretecnología (se llamaba así?)las ciencias naturales, la gimnasia...
No me extraña entonces que el lenguaje de los jóvenes se reduzca al "jo, tio", "que pasa tío"...
Desde hoy te admiro un poquito más ;)por intentar enseñar lo que se está perdiendo.
Un beso

Anónimo dijo...

Primero: Qué es eso de reducir horas de lengua? Es sólo en primero o en segundo también??

Segundo: Estupideces como la de "miembra" hacen que la lucha contra la misoginia actual se haga más cuesta arriba.

Que tengas buen verano :D

Cinephilus dijo...

Hombre... Las estupideces hay que ponerlas en su contexto y no convertirlas, a su vez, en argumento ni contra la mujer, ni contra el hombre, ni contra nadie en concreto. Son tan solo un argumento contra la necedad de quien las pronuncia, sea del sexo que sea.

Por lo demás, con o sin estupideces ajenas, la misogina siempre hay que combatirla. Con todas las armas y con toda la convicción del mundo. No hay que confundir ambas cuestiones.
Saludos ;-)

Anónimo dijo...

Respecto a lo de Sergi Arola, solo decir que durante bastante tiempo fue el guitarrista de un grupo mod que se llamaba Los Canguros y que no tocaban nada mal. Yo los vi en el 92 teloneando a Los Flechazos y a los memorables Brighton 64, la banda de los hermanos de Ariadna Gil. Fue un concierto genial y Arola lo hizo realmente bien. Espero que estuviera a la altura el otro día.
Por otra parte, totalmente de acuerdo con tu postura sobre el "miembra". A mi me indignó bastante la doble página que le dedicó El País a la ministra en la que aparecía a lo Giselle Bündchen (ejem) y en la que se explicaba por qué quizás se debería abrir un debate (doble ejem). Con lo fácil que es pedir disculpas cuando te equivocas. O bueno, a lo mejor no es tan fácil...
Me dejas de piedra con lo de la Lengua en el Bachillerato. ¿Es para todos los itinerarios? ¿Seremos los próximos?

Muchos besos y ganas de verte con tus zapis nuevas

Sinclair

Cinephilus dijo...

No sabía lo de Arola! Gracias por la info, Sinclair ;-)
Y sí, lo del reportaje de El País también a mí me dejó de piedra...
Mis zapis y yo estamos deseando verte muuuuuy pronto. Mua, guapísima!

dexter dijo...

Cuando oí lo de "miembras" juro que pensé que la mujer lo había hecho a propósito, porque además como que lo recalcó haciendo una pausa y poniendo enfasis en el "los y LAS" La frase está además pronunciada en un contexto ideal, revalorizar la igualdad frente al sexismo. Con lo fácil que hubiese sido escaparse del marrón diciendo que lo de miembras era una concesión a la ironía.
¿Arola tocando la guitarra? Ummm ¿ Y Santamaría que opina de todo esto?

SisterBoy dijo...

A partir de ahora si vuelve a surgir el tema en alqgun otro lugar citaré este post (con indicación del autor original por supuesto)