14.7.08

Centros de bienvenida

Julio se inicia, en lo personal, intenso. Radiante. Viajero. Lleno de motivos para sentirme bien y lanzarme en breve -nunca faltan- a nuevos proyectos. Y así, en la maleta de estos primeros quince días del mes, cuelo una estupenda función de El sexo que sucede el pasado 6 de julio en DT (bravo, chicas). Y un viaje espléndido a Cádiz, donde nos hemos dejado broncear por ese sol andaluz tan vivo y tan especial. Y una escapada a Mérida, con unas intensas Troyanas en las que Mario Gas ha sabido dotar a Eurípides -nadie escarbó en la miseria moral del ser humano como él- de todo el contradictorio patetismo que requiere su dramaturgia. Y ahora, tras la playa y el teatro, una visita a Jaén, a los orígenes, a la familia y al calor de un segundo hogar que visito -me temo- menos de lo que quisiera y debería (Cronos, siempre es Cronos). Y así, arropado por tanta buena estrella, hasta retornan las ganas de escribir, de ponerme con nuevos textos. Algo de teatro. Algo de prosa. El año, en lo teatral, ha sido mejor de lo esperado, realmente muy bueno. Muchas funciones. Diversos espectáculos. Y sobre todo, muchos públicos y muy distintos entre sí. Con estas premisas es normal el entusiasmo que me atraviesa este julio. En lo personal, claro.

Y es que en lo colectivo, en lo social, en ese yo que no puede evitar leer el periódico, el optimismo se diluye ante la barbarie cotidiana. Y, sobre todo, ese yo se aburre ante el cateto paletismo de este país donde cualquiera enarbola un trapo con ínfulas de bandera para asegurarse el seguimiento folklórico y acrítico de su peculiar caterva de egoístas y desalmados. Me da igual el nacionalismo, todos me resultan igual de rancios, paletos y anacrónicos, ya se escuden tras la bandera española, tras la catalana, tras la vasca o tras la del dichoso toro de Osborne, que además de una horterez me parece un signo, cuando menos, inquietante.

Así, protegidos por esa extraña aura de prestigio que poseen los nacionalismos (¿por qué no se puede criticar lo evidentemente criticable? ¿por qué solo parece que haya un Els Joglars suelto dispuesto a dar caña a tanta estupidez?), se proclaman medidas como la inauguración oficial del Apartheid educativo en Cataluña (seguro que doña Espe, igualmente progresista, está deseando copiar el modelo en Madrid). En un hermoso homenaje al eufemismo, las autoridades catalanas han denominado centros de bienvenida a los ghettos donde destinarán a los alumnos inmigrantes, para que no estorben en el sistema y no desvirtúen a los alumnos de verdad, que son los nuestrosm (o los suyos, vaya usted a saber). El lenguaje, una vez más, es el problema. La realidad, no, claro. La realidad es fantástica y solo los que nos empeñamos en no entender el maravilloso concepto de centros de bienvenida somos quienes estropeamos ese mundo ideal donde se segrega a los inmigrantes y se echan por tierra todas las teorías educativas que inciden en la importancia del contexto para formar al individuo.

Lamentablemente, no temenos un monte Táigeto ni un buen ejército de espartanos capaz de despeñar a esos alumnos que ni siquieran merezcan centros de bienvenida. Porque, si empezamos a segregar, también podemos sacar del sistema a los alumnos con discapacidades, a los alumnos con una orientación sexual que no nos parezca conveniente y, por qué no, a alumnos que simplemente nos caigan mal o que piensen distinto o que, simple y llanamente, no nos apetezca tener en nuestro centro. Una vez aprobada una medida pro-marginación como esta, ¿quién pone los límites a las demás?

Lo más desalentador es que el ministro Corbacho -un señor con nombre de humorista: por una vez, el apellido acierta en su esencia connotativa- ha respaldado la medida y le ha parecido muy valiente (sic). Imagino que casi tan valiente como correr borracho delante de los toros en los san Fermines, otra hermosa tradición popular -no sé si nacionalista o no, pero cateta y salvaje es un rato- de esas que tenemos los que hemos nacido aquí y que los inmigrantes deberán aprender en sus centros de bienvenida si quieren dejar de serlo de una vez. O se corre delante del toro y se maltrata de paso al pobre animal o no se es de la tierra. Luego, una vez corrido (de vergüenza, en su sentido del Siglo de Oro), se pasa uno a enrollar en la bandera que más le convenga y en el nacionalismo que mejor le vista. Además, se les puede exigir que aprendan a bailar el chotis en un ladrillo, a preparar una paella valenciana o a hacer una torre de castellets. Solo cuando tengan suficiente bagaje en cada uno de nuestros ritos -y, por supuesto, hayan olvidado los suyos: aquí para qué los queremos, con lo cómodos que estamos en nuestra miniburbuja- podrán ser ciudadanos de verdad. O tal vez ni eso. Tal vez haya ciudades de bienvenida para que tampoco se mezclen con los ciudadanos reales, o sea, los que ya estamos.

No sé, siguiendo con la semántica y sus dificultades, si hay crisis económica o si solo nos la estamos imaginando -¿seremos como don Quijote, que confundimos el sueldo con la inflación?-, pero lo que sí hay es, sin duda, una crisis de sensatez, de respeto, de inteligencia. Y, sobre todo, de modernidad. A ver si algún día me levanto y este no es el país de la alpargata, los toros y la barretina. A ver si algún día este es solo un lugar -sin tanta banderita ni tanta gilipollez- en ese otro espacio llamado mundo donde nos preocupe más la integración que la segregación.

5 comentarios:

coxis dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con la concepción de los nacionalismos que ofreces (a mí también me inquieta en grado sumo las banderas con el torito de los c******)
En cuanto a lo de las aulas de segregación (que así las ha llamado "El País") pues el nombre asusta pero es indudable que, basándome en mi propia experiencia, la solución de las aulas de acogida que hay en los institutos no es fructífera. Los chiquillos de otro país que no tienen ni idea de español o de inglés y te los dejan caer en el aula -porque yo no sé cómo tengo tan mala suerte pero las horas que salen al aula de acogida nunca coinciden con mis horas de clase- sin ningún material de apoyo y teniendo tú la sensación clarísima de que no lo estás atendiendo como se merece, y que la criatura no se integra.
Los críos -salvo poquitas excepciones- forman grupos cerradísimos y ves por un lado a los sudamericanos, por otro a los ucranianos, por otro a los árabes, por otro a los chinos y por otro a los africanos... Y no es que sea malo, es que se sienten más cómodos con los de su misma cultura.
Problemón problemón tenemos con la tan traída "atención a la diversidad"...

Y también besos estivales para ti, amigo de Letras

Anónimo dijo...

Hola guapo!
Me encanta lo que cuentas sobre las vacaciones, el único problemilla es que ¡¿cuándo te veremos por aquí?!, ¿coincidiremos algún día? Espero que sí y pronto.

En cambio discrepo totalmente con lo de las Aulas de Bienvenida. De hecho en la Comunidad de Madrid ya existen, son las llamadas Aulas de Enlace y personalmente creo que hacen una gran labor.
El asunto es que los chavales que llegan de Hispanoamérica en general tienes menos problemas para integrarse, es cierto que se les mete en el aula con un nivel desfasado con su edad, pero el conocer la lengua es sencillamente primordial. En cambio, a los alumnos llegados del Magreb, África subsahariana, China, Este de Europa, etc, cuando se les mete directamente en el aula hacemos todo lo contrario de integrar. Imagínate la situación, les traen a un país que frecuentemente no saben ubicar exáctamente en el mapa, ya que en el país de procedencia la escolarización es desgraciadamente escasa y en ocasiones nula y además son críos de 13 o 14 años. Los padres no hablan la lengua y como mucho, la habla el padre (sobre todo en el caso de los magrebíes) ya que la madre apenas sale del hogar. Les meten al aula en el que ya hay creado un círculo vicioso de alumnos que han pasado por lo mismo y han creado ghettos y actitudes hostiles, como mecanismo de defensa contra la situación. Después de años de escolarización dudosa en muchos casos, les pides que estén mano sobre mano (porque material en su lengua no existe y, si existe, la mayoría somos incapaces de entenderlo o conseguirlo) durante 6 horas todos los días a la semana, como si el lenguaje fuese a entrar por sus oídos de forma mágica al igual que los conocimientos, como si fueran bebés... Luego, además, queremos que se integren con los otros compañeros y no que se junten solo con los que se pueden entender y tienen experiencias comunes.
Esta forma de integración es prácticamente imposible, y de todo lo que he dicho, lo único que, según mi experiencia, ayuda a la integración con los compañeros es el lenguaje universal del fútbol. Ahí sí se entienden todos y juegan juntos sin problemas. Cuando juegan da gusto verles, ya ves. Las chicas, como muchas otras veces, lo tenemos más crudo porque sin interacción lingüística las otras chicas no dan mucha opción.
En las aulas de enlace de aquí están solo el primer año y aprenden rudimentos de la lengua. Tampoco los profesores de dichas aulas, que a mi me parecen casi héroes, pueden hacer mucho más. Suelen estar integradas en institutos (creo que en Cataluña también va a ser así, aunque estén en pabellones separados, entiendo que están en recinto escolar). También se da apoyo diferenciado según la lengua: vienen profesores del Servicio de Atención al Inmigrante semanalmente y los de la misma nacionalidad salen con ellos 1 o 2 horas semanales como complemento. Se les dan también nociones de geografía, un poco de historia y algo de aritmética dirigida sobre todo al manejo de euros.
Con todo esto, cuando al año siguiente entran en el aula, la situación no es tan dramática como si no han ido, ni para el profesor (que a veces solo les podemos pedir que dibujen contornos de objetos o de sus manos y después intentar enseñarles la palabra asociada, mientras el resto hace otra cosa, metodología que choca un poquito con el aula interactiva e integradora que todos queremos), ni para los compañeros, que no saben cómo enfrentarse al asunto y que aunque tengan buena voluntad, como ocurre muchas veces, no tienen la madurez ni las estrategias para integrar a alguien al que no comprenden en ningún sentido, ni tampoco para el alumno, que de pura y lógica frustración tiende a acumular mucha agresividad contra él mismo o el resto, dependiendo de su carácter. En ambos casos nefasto.

En Cataluña el debate es el tiempo que debe estar el alumno en el Aula de Bienvenida, creo que están pensando entre un mes y un año.
Aquí en la CAM no es obligatorio, se da a las familias la oportunidad de decidir si quieren que sus hijos acudan o no al Aula de Enlace. Lo habitual es que digan que sí, con la ventaja de que allí conocen a chavales que han pasado por la dura situación en la que ellos están, también de distintas nacionalidades y con los que habitualmente congenian, ya que aprenden todos la lengua más o menos a la vez. Algunos de estos luego cuando se integra en el aula de referencia, por lo menos conoce el centro, conoce a algunos compañeros del patio y entiende como para hacer su propio material mientras el resto trabaja en los contenidos del curso. Es frecuente también que a estos alumnos se les pueda luego derivar a un programa de cualificación profesional y que por lo menos puedan obtener a la larga un título de auxiliar que les ayude a encontrar algún trabajo. Los alumnos que no acuden (ya que algunas familias no dan su consentimiento por cosas tan peregrinas como que su hija no pierda la virginidad ¿...? o que quieren que su hijo esté en el mismo patio de recreo que su hermano para que le controle...)suelen estar completamente desenganchados durante al menos dos años, hasta que aprenden algo del lenguaje por sus propios medios ( no te cuento lo que aprenden primero) y prácticamente se les pasa la edad para la derivación, porque igualmente esas familias no quieren que vayan después a otro centro, ni para que obtengan un título profesional.

Esta es mi experiencia, podría contar sobre decenas de casos y creo que la mayoría del profesorado te contaría cosas parecidas, pero este no es mi blog y creo que bastante lo he invadido ya. Muchas gracias por tocar el tema porque me parecía que en los medios se estaba tratando con algo de superficialidad y promoviendo ideas que no tienen que ver con la realidad del día a dia.

Un besazo

Sinclair

Frère aîné dijo...

Qué acertadas siempre tus palabras, q suerte tienen tus pupilos, y q afortunado soy por sentirte siempre ahí, tan cerca.

Los cristales están waiting for us.

kisses

Reality Bit dijo...

qué profundo te has puesto!
y qué digo yo después de la declaración de principios de Sinclair? Pues nada, que estoy de acuerdo contigo y que, sobre todo, creo que la crisis no es sólo económica, pero eso es algo que vemos tú y yo, pero el resto de la gente parece anclada en lo mismo mes tras mes. Muy triste.
Saluditos apretados!

Cinephilus dijo...

hola a todos desde jaén ;-)
en primer lugar, gracias por vuestros comentarios, creo que la educación merece, al menos, debate y opinión, sobre todo de quienes nos preocupamos por ello
en segundo lugar, solo una aclaracion:
a) totalmente de acuerdo contigo, sinclair, en las aulas de enlace y en su estupenda y necesaria labor
b) lo que me alarma de la propuesta de la Generalitat es que se plantean, no aulas sino centros separados del sistema (al menos, eso es lo que proponen en sus primeros borradores) y con tiempo no limitado, de modo que se puede consolidar el gueto educativo hasta que ellos consideren oportuno. Tampoco se hace alusión a qué problemas se tendrán en cuenta a la hora de seleccionar a los alumnos, sino que se deja a las autoridades educativas absoluta potestad -y por tanto, impunidad- para ello.
La diferencia, pues, con las aulas de enlace reside, bajo mi punto de vista, en la segregación del sistema oficial (¿cómo podrán reintegrarse después?) y en la no fijación de un plazo razonable que permita su integración.
Un beso, enorme y estival, para todos