29.9.08

Teatro y poder...

El binomio del teatro y la política está, sin duda, condenado al fracaso. Y es que no debe resultar nada fácil aplaudir ni, mucho menos, apoyar una forma artística que estimula el pensamiento libre, la creatividad y el sentido crítico. Quizá por ello, por el espíritu independiente de los grupos que somos precisamente eso: independientes, y por nuestro escaso interés por mostrarnos sumisos a quienes mandan (esos que, curiosamente, dan las subvenciones a quienes mejor les caen), el teatro es un arte siempre en crisis (siempre vivo), siempre en guerra con la banalidad y con la estupidez de los que rigen eso que se llama cultura y que consiste en que Nacho Cano componga una simpleza y estrene los rimbombantes teatros del Canal, por ejemplo.

En esta línea de estímulo a la creación y de ayuda continua a los nuevos autores, directores y autores, el Ayuntamiento de cierto pueblo madrileño al que ya prefiero obviar va a cometer -de forma inminente- un nuevo despropósito que sumar a su lista: cerrarán la Escuela Municipal de Teatro. Y con ella, también las salas de ensayo y los almacenes de los grupos -independientes, sí, independientes y por eso luchadores a la par que pobres- que allí trabajamos. En nuestro caso, Armando no me llama lleva ya más de diez años (once, si somos exactos), dejándose la piel fin de semana tras fin de semana, trabajando por el mero placer de aportar algo en escena -de contar algo- y colaborando con el Ayuntamiento en cuestión cada vez que ha sido preciso y que nos lo han propuesto: hemos llenado sus carpas en la Feria del Libro, hemos llevado nuestros montajes a su día de la mujer y hemos movilizado público en cada actuación para la que se nos ha requerido.

Ahora, once años después, nos quedamos sin lugar de ensayo y sin almacén justo en un momento en el que, por suerte -y por trabajo-, nos va bien. Tenemos nuestro público, nuestras salas y, mejor aún, nuestro lenguaje propio. Ahora que todo eso se suma sin problemas -pero con mucho esfuerzo- la política vuelve a dar muestras de que no se apoya nada que sea cultura, al menos, si esa cultura no es vistosa, ni lucida, ni consigue más votos para un futuro próximo y muy cercano. Luego resulta fácil y cómodo lanzar campañas antipiratería y hablar de que la gente debe ir al cine, al teatro, a la ópera. Sí, por supuesto, pero para ello hay que abrir puertas a la creación y no dar portazos a iniciativas que vayan más allá de ver cómo los de Sé lo que hicisteis se suben a un escenario para, como tantos otros famosos, destrozar textos ya de por sí mediocres que se recrean en el eterno vodevil. Eso, desde luego, da dinero y no provoca mucho a las neuronas. Seguramente sea tan interesante como el musical de Nacho Cano. Y seguramente a cualquier político le guste más.

El cierre de la Escuela de Teatro es una muestra de ese desinterés por la cultura de base, la que realmente nos hace evolucionar, avanzar y crecerr. Y sí, seguramente esa escuela trasladen, o la muden, o la cambien a un nuevo edificio (¿cuándo, por cierto?), pero la dejadez y la desidia que se está mostrando -y que se ha mostrado desde hace tiempo al respecto- son una falta de respeto al trabajo y el esfuerzo de todos y cada uno los que luchamos por esto del teatro. Todos y cada uno de los que, por ingenuos o por testarudos, seguiremos haciéndolo.

P.S. Por apuntar un dato tonto frivolón y algo más alegre, la Asociación de Autores de Teatro ha modernizado los perfiles de los Autores (en la sección de Asociados - Quiénes somos). Si pincháis en Fernando J. López (sí, figuro por la L, para los despistados), veréis que luzco estupendo y monísimo en la foto ;-) Lo que se ve al fondo de la imagen (bueno, se intuye más bien) es Capri.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Por favor, que el pueblo ese que obvias no sea Alcorcón...

No sé qué ha pasado, pero hasta hoy no me han salido en pantalla los tres últimos post.
Ánimo con la mudanza, ya hablamos. Un beso enorme

Sinclair

Cinephilus dijo...

Me temo que sí, querida Sinclair... Es Alcorcón.
Muchos besos, guapísima

SisterBoy dijo...

Vaya precisamente entraba para persuadirte de que dijeras el nombre del Ayuntamiento en cuestión

inquilino dijo...

"Entre una puta, una portera y un ministro no hay demasiada diferencia de gusto en lo que a pinturas se refiere" (Trópico de cáncer). Que conste que no lo digo yo, que lo dice Henry Miller. Las putas y las porteras tienen muchísimo mejor gusto. Dónde va a parar.

Menos mal que aclaras lo de Capri, porque al ver ese pino pensé que era uno de los árboles del C de Filología :-P