24.10.08

Un dios salvaje

Empezaré siendo un snob (lo siento, pero es inevitable). Hace solo unos meses vimos esta obra en su estreno parisino (he aquí su reseña en este mismo blog), con una excelente Isabelle Huppert en el papel de la madre del niño agredido. No sin miedo hemos repetido y, sinceramente, nos hemos sorprendido con una adaptación digna, divertida, inteligente y respetuosa -con cambios comprensibles- con la propuesta original. Nada que envidiar tiene el fabuloso trabajo de Aitana Sánchez-Gijón a la interpretación de la Huppert y eso que, lo confieso, no soy especialmente aitanófilo. Sin embargo, el cuarteto de actores de la función asume sus roles con tantas ganas como talento y consigue regalarnos una función ágil, ácida, cómica, dura y, en esencia, profundamente trágica, aunque las carcajadas no cesen durante la hora y media de espectáculo.

Que Yasmina Reza es un nombre imprescindible en el teatro actual es un hecho, pero que desde Arte no había vuelto a acertar con contundencia también parecía serlo. Ahora, de nuevo, recuperamos su esencia: obras entre intelectuales y sencillas donde, de modo nada pretencioso, se plantean temas cercanos y, a su vez, interesantes. Personalmente, coincido con ella como autor y como director en criterios como el uso de una escenografía mínim, la supresión de frases vacuas y pedantes (qué harto estoy del teatro que solo trata de escucharse a sí mismo a través del altavoz de la pedantería) y de la potenciación del actor en un espacio casi desnudo, donde la palabra (sí, la palabra, eso que también obvian ciertos teatros modernos que, en realidad, juegan a destiempo a imitar al teatro experimental de los 70) juega un papel esencial. No es un teatro físico, sino verbal, y por ello mismo las acciones cobran, por su rotundidad y escasez, un gran significado dentro del montaje y alcanzan, asimismo, un enorme impacto y efecto sobre los espectadores. Entre sus habilidades como dramaturga destacaría, en esta obra, su capacidad para hilvanar los pequeños detalles hasta configurar un universo escénico escueto y, sin embargo, interesante y compacto, donde todo cobra sentido. El empleo del detalle aparentemente superficial y su posterior recuperación a lo largo de la obra -como el motivo del hámster, por ejemplo, o el fármaco en el que trabaja Alex- forma parte de las técnicas más queridas por la Reza, con las que sabe llevar al público por el camino que se propone.

En definitiva, este sí es un montaje recomendable. Unas actuaciones soberbias -Aitana, de diez; la Verdú saca un lado cómico que ya echábamos de menos y demuestra que ahora también sabe enfrentarse al teatro, tras sus algo fallidas Después de la lluvia y Te quiero, muñeca; Molero cumple a la perfección con su rol cómico y Pere Ponce se quita la sotana -¡por fin!- para sacar al actorazo que lleva dentro y que descubrimos en la deliciosa Amo tu cama rica. En resumen, una hora y media estupenda en la que reírse sin complejos a la vez que se lleva uno a casa la inquietante pregunta de: ¿cuánto tiempo al día consigo encerrar yo a mi dios salvaje...? Tengan cuidado, por si acaso...

2 comentarios:

inquilino dijo...

Me la apunto. La verdad, tenía mis dudas. No por Aitana -que me espanta en cine pero en general me ha gustado mucho en teatro-. Tampoco por Pere -capaz de salvar por sí solo cualquier comedieta de medio pelo- o por la Verdú -que, aunque irregular, a menudo resulta más que digna-. Pero claro, con el Fiti por ahí danzando...
En fin, que me le apunto después de leerle, Mr. Ci.
Mimitos

Anónimo dijo...

Magnífica tu crítica, Cinephilus, que suscribo en todos sus puntos. Debemos de estar en la semana de la coincidencia o algo por el estilo ;-)

De la obra me llamó particularmente la atención la transición en los registros de los personajes. En hora y media, y casi sin darte cuenta, pasan de una crispante corrección política a la exhibición de lo más primario y chabacano. Yo tampoco era aitanófila –es más, me parecía en general bastante ñoña- y creo que su personaje es el que realiza el cambio más brutal entre el principio y el fin; por eso, su trabajo me parece tan soberbio, porque tiene un control del texto y de la expresión que hace que el cambio se convierta a ojos del espectador –los míos, al menos- en una pendiente en la que se desliza –y te arrastra- sutilmente, aunque el trayecto esté plagado de momentos de catarsis hilarantes.

En cuanto a Pere Ponce es otro de mis actores favoritos desde "Amo tu cama rica". ¡Otra coincidencia! ¿No te irás a Asturias este finde, no? Ya sería el colmo que nos viésemos por allí.

Besos y buen fin de semana,

PAL