28.11.08

La noche y el espejo

A veces -cambiantes como el gato de Chesire de Alicia- resulta difícil encontrar el sentido que tienen -o deberían tener- algunos días. Y en esos casos, lo mejor es dejarse llevar por la noche -por su cómeme, bébeme- y darle la espalda a lo anodino para refugiarnos en sus opciones. En sus secretos. En sus miradas. Secretos a voces como la cena japonesa y cómplice de ayer -gracias, gatita- o secretos susurrados en el morbo de la intimidad, como el aterrizaje de hoy -en el aeropuerto y en nuestras sábanas. Así, desde este lado (nocturno) del espejo no hay reina de corazones capaz de cortar la cabeza de la esperanza, o del ensueño o del entusiasmo. Así se multiplican los relojes -el sexo los amortigua hasta callarlos en su eco impertinente- y se vuelven mudos los locos sombrereros. Tal vez haya algún rastro de las prisas inútiles de aquel conejo blanco, pero de eso, al menos esta noche, no quiero tener noticia alguna.

1 comentario:

mari dijo...

hoy quiero comprarme ese dibujo del conejo en el bosque d mi amiga adriana porque los conejos soy yo, porque un bunny es un bunny.