30.11.08

Más/Menos

Dos películas. Una da más de lo que se podría esperar. Otra, sin embargo, ofrece mucho menos...
1. Más: Die Welle (La ola)
Película modesta -en presupuesto y en formato, no tanto en intenciones- que, sin embargo, consigue convencer o, por lo menos, revolver al espectador en su butaca. Incluso consigue superar su planteamiento didáctico -inevitable, por otro lado- y convertirse en una obra interesante y hasta emocionante en algunas escenas. El reparto adolescente funciona -buenas interpretaciones y, sobre todo, buena capacidad de observación por parte del director- y el bando adulto, algo desangelado (lástima que ni la esposa del profesor ni la directora del centro gocen de mayor relieve: la película habría ganado con más puntos de vista), se sostiene bien gracias a la más que solvente labor del protagonista.

Una reflexión que, inevitablemente, engarza con mi ámbito de preocupaciones más directo: la educación. Y que plantea, casi de soslayo (o tal vez no, tal vez como tema prácticamente central), el interrogante del poder del que dispone/mos los profesores en el aula y del empleo de ese potencial.
Una película que, en definitiva, merece ser vista y comentada porque forma parte de ese selecto grupo de filmes sobre institutos en los que -frente a lo que suele ocurrir en este subgénero- se respira verdad. Y eso, ya por sí solo, es todo un enorme punto a su favor.
2. Menos: Quantum of Solace
El guión es tan imposible de entender como su título. O peor aún: lo más terrible del guión es el momento en que comienza a entenderse a pesar del afán por el director y los autores de evitar que logremos hacerlo. Justo en ese instante, la moralina pseudoecológica -lo siento, pero el ecologismo fácil cada vez me toca más las narices- y la simpleza de la trama -la más tonta de Bond en mucho tiempo- hace que la complejidad narrativa anterior (¿por qué tanta confusión previa?) resulten hasta chistosas.

Y la confusión no nace solo del guión, en el que el diálogo -por cierto- es apenas inexistente: ¿dónde quedó el lado irónico y divertido de Bond? ¿su faceta seductora, gamberra y amoral? Y, más aún, ¿por qué todos los superhéroes de nuestro tiempo parecen sacados de una novela de Kafka, ya sea el recalcitrantemente angustiado -y sobrevalorado- Batman de Nolan -o este Bond que parece emular al mismísimo Otelo? Pero además de esta angustia vital tan de los héroes del nuevo milenio, se suma la angustia del espectador al no poder diferenciar una sola imagen con cierta nitidez. Las escenas de acción están rodadas -y montadas- con precipitación, con ganas de epatar, con una confusión absoluta en la que ya no sabemos quién da la patada, o quién da el puñetazo, o quién dispara. Y peor aún, ni siquiera nos importa.

Tampoco hay escenarios sobresalientes -mucho movimiento, sí, pero poco lucimiento de los entornos bondianos-, ni gadgets destacados, ni demasiado sexo, ni humor negro, ni nada de lo que caracteriza a una saga que necesita más glamour, más elegancia, más sofisticación, más lujo, más morbo y menos corrección política. Si a Goldfinger le hubieran dado un giro ecoñoño no sería lo que es hoy...

Por lo demás, algún momento estéticamente logrado pero excesivamente megalómano, como la escena de Tosca, donde Marc Forster se empeña en decirnos que es él -y no otro- quien rueda el filme. Personalmente, lo prefiero en Monster's Ball y en cualquier otra película donde, realmente, pueda hacer cine de autor. No estaría mal que Bond lo hicieran directores de más oficio y que retomara el ritmo narrativo y el interés de aquel Casino Royale que prometía una saga mucho menos pesada, simplona y anodina de lo que este Quantum of Solace (título ridículo donde los haya) nos ofrece. Ah, y pretender que nos conformemos con un par de planos de Daniel Craig sin camiseta después de su maravillosa escena de la tortura en la entrega anterior es, simplemente, un imposible. No se puede prometer tanto para dar tan poco...

4 comentarios:

SisterBoy dijo...

Espero ver La ola este miercoles asi que después hablamos. La de Bond no la he visto ni la veré porque, qutando algunas que tocaba verlas de niño, nunca he sido muy bondofilo.

Cinephilus dijo...

Yo no era muy bond-ófilo tampoco, Sister, pero mi chico me ha aficionado y ahora no me pierdo ni una ;-)

Queer Enquirer dijo...

Esta de Bond está decepcionado a todo el mundo, así que una que me ahorro. Por cierto, darling, me debes un recortable de Grace Kelly!!

Muakasssss

SisterBoy dijo...

Pues ala ya he visto "La ola". Puede que su condición de experimento resulte un poco cogida por los pelos (resulta dificil creer que todo eso ha sucedido en una semana) pero me ha gustado, sobre todo me parece un analisis muy interesante del germen de una ideologia totalitatria que consiste en reunir a un grupo de jovenes desideologizados y corregir mediante la identidad de grupo todas sus debilidades personales.

En esa aparte aciertan de plano, el final quizas es demasiado didactico como tú lo describes pero resulta también inevitable y necesario. De otro modo ¿habría algún motivo para no querer forma parte de La ola?