10.1.09

Acoso escolar

Entre las noticias de este comienzo de año, además del caos de Barajas (toda una, ejem, novedad), ha figurado la sanción a un colegio por "permitir" el acoso a un alumno. No entraré a valorar esa sentencia, puesto que desconozco tanto el centro como las circunstancias concretas del caso; sin embargo, este hecho ha dado pie a que diversos columnistas y lectores opinasen que los centros escolares son absolutamente responsables de este tipo de hechos y que, por tanto, deben responder por ello, planteando una batalla entre padres y profesores donde los primeros son víctimas de la desidia e inoperancia de los segundos.

Desde mi punto de vista como docente, resulta alarmante la doble moral a la que debemos hacer frente los profesores e instituciones educativas, de modo que si bien los padres no suelen dudar a la hora de restarnos autoridad -ponen en duda nuestras decisiones, cuestionan nuestros métodos si no les gustan o les resultan conocidos, premian a sus hijos hagan lo que hagan con razón o sin ella...-, ahora sí desean que ejerzamos nuestra función con contundencia cuando la situación lo requiera. Sin embargo, la escasa participación de los padres en las actividades del centro, así como su más que frágil respaldo a las medidas -especialmente, sanciones- que un profesor pueda tomar con respecto a sus hijos, hace más que complicada nuestra intervención en diversas cuestiones. Asimismo, y sin querer tirar la pelota sobre tejados ajenos, tampoco es tan sencillo percibir todas y cada una de las historias que se desarrollan en una clase, donde el profesor recibe una multitud caótica de estímulos -multiplicados por los treinta alumnos de cada aula- y ha de ser capaz de decodificarlos todos en el tiempo récord de los cuarenta y cinco minutos que dura cada sesión. Bien es cierto que hay docentes que se encogen de hombros y pasan por completo de inmiscuirse en según que hechos, pero estos no son, ni mucho menos, una mayoría. Al revés. Lo curioso es que los padres, que pese a convivir con sus hijos no perciben ni se anticipan a ni uno solo de los problemas que puedan presentar sus hijos, nos exijan a los profesores una sensibilidad perceptiva de la que ellos carecen. Tal vez, si todos asumimos que la educación es un proceso mucho más complejo y, evidentemente, mucho más colectivo, seamos capaces de adelantarnos a ciertos problemas y resolverlos o, al menos, intentarlo.

No se trata -digan lo que digan las furibundas cartas al director que he leído esta semana- de hacer bandos, ni de situarnos en el lado de los buenos y el de los malos, sino de exigir una mayor colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa -incluyendo a los alumnos, por supuesto-, de modo que palabras como autoridad no estén siempre cargadas de una connotación peyorativa -sin autoridad no se puede impartir una clase, lo que no quiere decir que dicha autoridad deba ganarse de modo hosco u hostil- y otros términos, como convivencia o respeto, sean posibles, deseables y, más aún, realidades cotidianas en nuestras aulas.

4 comentarios:

coxis dijo...

lo triste es que hay alumnos tan sumamente desconocedores de los conceptos respeto o convivencia que no entienden otra cosa que el lenguaje del palo en alto.

Y cuando citas a padres, aunque seas afortunado y te den la razón y recibas buenas palabras, la mayoría de las veces se queda en eso: buenas palabras pero pocos hechos. O te salen con frases del tipo "No puedo con él" "No me hace caso". También es penoso y revelador que cuando haces reuniones generales, los padres que suelen faltar son los de los alumnos más conflictivos...

Cinephilus dijo...

De acuerdo en todo lo que dices, Coxis. Totalmente de acuerdo... Por cierto, El País dedica su editorial de hoy a este mismo asunto y, evidentemente, tampoco ahí se hace ninguna valoración crítica de la figura de los padres, sino solo de los educadores e institutos.

SisterBoy dijo...

Pues gracias por dar el punto de vista del docente algo que por cierto no suele suceder en ninguna de las tertulias que se han ocupado del caso. Según tengo entendido, y reconozco que sólo he tenido un contacto superficial con la noticia, la sentencia no es por no haber podido evitar la agresión sino por no haber hecho nada a posterioridad y eso tampoco me parece mal.

Tengo amigos maestros que me han contado que emplean los primeros veinticinco minutos de una clase de sesenta a conseguir unicamente que los alumnos se sienten y saquen el cuaderno. Evidentemente son malos tiempos para la educación y no parece que la cosa vaya a mejor

Cinephilus dijo...

Pues sí, no estaría nada mal que, de vez en cuando, y cuando se habla de educación, se nos preguntase a los que trabajamos en esto. No sé, lo mismo se nos ocurre hasta algo que decir, no? En fin... Besotes, chicos ;-)