12.1.09

Oscarizables (o no)

Ahora que se acercan los Oscar (y tras saber que la mejor comedia, glups, del año según los Globos de Oro es la ramplona Vicky Cristina Barcelona), habrá que ir analizando algunos de los títulos que, supuestamente,tienen opciones. Esta semana nos quedamos con dos: Milk y Australia. Empezaremos por el cine de verdad, Milk, y luego hablaremos de lo que sea que se supone que es lo segundo...

1. Milk
No soy un gran seguidor de Gus Van Sant, que siempre me ha parecido un autor sobrevalorado y con complejo precisamente de eso, de gran autor indie. Sus películas, incluso cuando son interesantes, envejecen mal y rara vez aguantan un segundo visionado. A pesar de eso, suele conseguir provocar al espectador y, sobre todo, dejar en nosotros un poso de crítica y de reflexión que acaba dotando al filme de una dimensión que lo enriquece y que, por tanto, nos hace valorarlo de forma distinta.
Algo así sucede con este biopic en el que el rasgo más notable es su ausencia de sensiblería -habría sido muy fácil caer en ella- y de clímax obvios. Evidentemente, hay subidas de ritmo y hasta algún que otro momento culminante, pero se evitan los subrayados y se apuesta por la fórmula del falso documental con elegancia y, sobre todo, con coherencia. Quizá en eso radica su fuerza, en su capacidad para resultar verosímil y alertarnos de cuánto queda por luchar en el tema de la igualdad. Lo más escalofriante es proyectar la película hacia el futuro -mas bien, nuestro presente- y comprobar que los argumentos homófobos esgrimidos por los antagonistas ultracatólicos de los setenta son idénticos a los panfletos vergonzosos de los supuestos defensores de la familia que, día sí y día también, colonizan nuestras plazas y calles con sus lamentables manifestaciones contra todo lo que desconocen y ante lo que se sienten amenazados.
En el plano estrictamente cinematográfico, destaca el inteligente uso de la cámara por parte del director -especialmente bella, entre otras, la escena reflejada en el silbato -, pero se echa de menos un mayor desarrollo de los secundarios que habría hecho de la película un largo mucho más complejo y emocionante. Bravo por Brolin -que, por cierto, está tremendamente guapo en esta película- y por James Franco -guapo siempre-, hasta por un desolador Diego Luna -que saca petróleo de un papel escueta pero agudamente definido-; sin embargo, el equipo de los colaboradores de la campaña política se convierte en una masa de seres anónimos a los que casi no podemos dotar de identidad alguna. El peso, es obvio, cae de forma radical sobre el protagonista, un Sean Penn que pide a gritos su segundo Oscar y que lo hace tan bien -y tan sobreactuado- como suele. Personalmente, me gusta su forma de interpretar, pero puede ser estomagante para aquellos que no sean muy favorables a su método (quasi) histriónico.
Sea como sea, la película es más que digna y merece un atento visionado. Lo mejor, sin duda, el debate a la salida del cine. Y en eso, una vez más, Gus Van Sant acierta de pleno.

2. Australia
Solo hay treinta segundos de la película salvables: el momento en que Hugh Jackmann se ducha (eso sí, son tan mezquinos que ni un desnudo frontal nos regalan) ante la Kidman. Teniendo en cuenta que ese medio minuto está colgado desde hace semanas en youtube, me pregunto qué necesidad teníamos de sufrir las dos horas y casi cincuenta minutos de esta ¿película? cuyos ingredientes son algo así como:
1. Nicole Kidman profundizando en el personaje que hizo en el anuncio de Channel nº5, sí, exacto, ese anuncio que jamás nadie logró entender. Pues bien, ella hace una composición igual de absurda, errática y ñoña a lo largo de esta película, solo que sin perfume esponsorizante. Aparece un canguro en la primera media hora que le pone más intensidad dramática a su papel que doña Kidman...
2. Un niño salvaje (para colmo, narrador en off de la historia) que no sé qué pinta, cuya historia no me emociona lo más mínimo y que, por si fuera poco, es una especie de fusión aborigen entre Joselito y Harry Potter, con la capacidad de domar bestias con sus cánticos tribales. Para morirse...
3. Un brujo igualmente aborigen -viejísimo y feísimo- que se pasa toda la película en taparrabos. Me pregunto si es una broma de mal gusto del director, que -consciente de que el público femenino y gay llenaría las salas esperando ver desnudo a Hugh Jackmann- ha decidido premiar nuestra expectación con este antídoto contra toda suerte de lujuria...
4. Un malo malísimo casi más tonto que el malo malísimo de Moulin Rouge (y ya es decir...). Allí, al menos, como plagiaban La boheme hasta contaban algo, aquí como plagian 345 películas diferentes a la vez, no saben muy bien lo que cuentan y los actores hacen lo que pueden...
5. Una referencia cansina al Mago de Oz, película que odio con todas mis fuerzas (¿hay algo más cursi que esooooo?) y que no me deja muy claro si el niño aborigen salvaje en realidad no es una remezcla de Joselito, sino una especie de Zac Efron de saldo que quiere salir del armario y no le dejan...
Así podríamos seguir enumerando estupideces hasta agotar el espacio de la pantalla y la paciencia de este que ahora escribe, de modo que me limitaré a resumirlo como de uno de los mayores bodrios que he visto en los últimos meses, sin contar con los ladrillos que nos ha regalado este año el cine español (y que, la verdad, han sido unos cuantos...)

Y antes de cerrar, una última pregunta sin respuesta: ¿alguien entiende el Globo de Oro a Anna Paquin como mejor actriz en una serie dramática (por True Blood)? Si ya era poco comprensible su Oscar por El Piano (un filme excelente donde debió ganar la directora que sacó aquellas interpretaciones de todo el reparto, y no la niña repelente que se limitía a seguir las instrucciones de Jane Campion), ahora me resulta poco menos que increíble que se premie una interpretación tan simple, anodina y cansina como la que nos ofrece en True Blood, serie sexy y entretenida, sí, pero poco más. Sinceramente, no sé si estaba siquiera nominada, pero comparar su insulsez con cualquiera de los planos de la fabulosa Joan de Mad Men o con la actriz que encarna -con una sutileza brutal- a la mujer de Don Draper en esta misma serie me parece, cuando menos, un insulto. Sin comentarios...

3 comentarios:

SisterBoy dijo...

Yo creo que la endeblez de "Milk" es precisamente su carácter documental porque para documental ya tenemos el excelente "The times of Harvey Milk" que te recomiendo veas.

Coincido en lo de la acumulación de secundarios (es lo malo de un biopic, que tienes miedo de dejarte a alguien fuera) lo que se traduce en un defecto de definición.

De acuerdo en lo de Brolin y en lo de Franco, en desacuerdo con lo de Luna aunque como digo tendría que verla sin ese horrible doblaje que le han puesto.

Penn está sobreactuadillo sí pero es que el propio Milk era bastante histriónico así que en este caso está más que justificado

Vargtimen dijo...

· A mí Gus Van Sant me parece un director muy original y casi siempre interesante. He llegado a dormirme con alguna de sis películas, pero hay otras que no me canso de ver ("Mi Idaho privado", "Drugstore Cowboy", "Todo por un sueño"). Sean Penn merece el Oscar, casi tanto como ese monstruo (en todas las acepciones del término) de Mickey Rourke. Diego Luna lo hace pa matarlo, en eso opino como Sisterboy, y no es cosa del doblaje.

· "Australia" es un auténtico horror. Al niño ya me dieron ganas de estrangularlo a la segunda vez que dijo lo de "señora patrona". Y la señora patrona es para echarle de comer aparte. Un razzie para Nicole ya!

· Lo del globo de oro a Anna Paquin parece cachondeo. Estuve viendo la ceremonia y entre los asistentes estaba su hermano en la serie, al que apenas pude reconocer porque iba vestido y no se estaba tirando a ninguna de las presentes en esos momentos.

dexter dijo...

Pues fíjate que yo no soy muy de Van Sant ni muy de Sean Penn. Pero esta vez mira tú por dónde me han gustado los dos. El primero porque maneja una historia interesante y sólida, y ello le impide dar rienda suelta a su vena más delirante y que estemos ante una de sus típicas marcianadas. Sean Penn me pareció sorprendentemente contenido, o al menos todo lo contenido que su personaje requiere.
Da escalofríos pensar que en EEUU había gentes que se movilizaban en pro de los deredchos gays, aquí Paquito y sus huestes se dedicaban a darles puerta a base de electroshocks. Hay que ver como ha cambiado el cuento, no por que aquí ahora estemos para aplaudir con las orejas - todavía queda trecho por recorrer, más del que quizá nos pensamos- sino por lo mal que están allá.
Con respecto a Australia no puedo opinar porque no la he visto. Todavía me estoy plantenado si ver a Hugh Jackman con barba de tres días durante dos horas y media merece 6,40 euros de mi preciado sueldo.
Sí, soy yo, he vuelto, quién sabe si para quedarme.