26.1.09

Otro viaje a ninguna parte

Un matrimonio. Un barrio resindencial en las afueras. Una casa que se convierte en el tercer protagonista de un triángulo invisible. París en la lejanía. Una crisis anunciada desde un brillante prólogo que, más que adelantar, resume toda la película. Y dos personajes con una enorme necesidad de escapar de sí mismos que les lleva -finalmente- a un desenlace innecesariamente previsible. Sin embargo, y a pesar de que Revolutionary Road no es la gran película que pudo haber sido (está lejos de las grandes obras de Mendes, American Beauty su otra carretera en Road to Perdition), sí se trata de un filme interesante, agudo e incluso, en alguna de sus escenas, brillante. Lástima que sus hallazgos -como la familia de una inmensa Kathy Bates o la relación (metafóricamente sugerida) con los vecinos- no sean tan explotados como las discusiones -a veces demasiado reiterativas- de la pareja protagonista. Sin embargo, el resultado final -si valoramos sus aciertos y sus fallos- es mucho más atractivo que criticable, tal vez porque sus intérpretes entregan lo mejor de sí mismos, porque Sam Mendes sigue siendo un director de puesta en escena inteligente, sofisticada y -tampoco aquí puede renegar de sus orígenes- más teatral que cinematográfica, o tal vez porque hay elementos del guión que permiten que este largometraje no sea un simple melodrama, aunque a veces dé la sensación de empeñarse en ello.
Sin duda, entre los temas que plantea, resalta la intersección de crisis y vacíos individuales que da sentido a toda la película. Los treinta de él y de ella, como edad de cambio o de autoaceptación, se convierten en el punto de partida, presentándonos dos vidas infelices, insatisfechas, llenas de resentimiento contra sí mismos y de interrogantes respecto a su futuro. La duda, el rencor por lo no logrado, el vacío y la sensación de una derrota vital ante la que su cobardía les impide reaccionar, se vuelcan en su vida de pareja hasta dinamitarles sin remedio. Resulta interesante esa visión del matrimonio -y de la paternidad- como una huida hacia adelante, tal y como resume Kate Winslet en uno de sus parlamentos más duros: "Nuestro primer hijo fue un error. Y el segundo, el modo de convencernos de que no lo fue". La crítica a la convencionalidad, al no cuestionamiento, a la mediocridad y la ramplonería vital no puede ser más evidente. Ni más sintética. No es, por tanto, una película que aborde la vida conyugal desde los planteamientos de siempre: distanciamiento por infidelidad, incompatiblidad de caracteres, falta de tiempo... Todos estos factores se convierten aquí en consecuencias más que en causas, porque el guión ahonda en los dos miembros de la pareja como individuos y así es como consigue que entendamos por qué son ellos quienes no consiguen entenderse.
El desenlace -tranquilos, no voy a dar spoilers- se alarga en demasía y poco aporta, salvo algún que otro plano realmente bello dentro de su dureza. Sin embargo, tal vez habría merecido la pena traicionar aún más la novela original a fin de conseguir una película algo más transgresora o incluso turbia. Y es que el final propuesto resulta demasiado nítido y evidente en un filme que arriesga bastante más en su narración.
En cuanto al reparto, me sorprende comprobar la capacidad de Leonardo di Caprio para llenar de matices a su personaje. Nunca me gustó (siempre le he visto cara de adolescente y maneras profundamente insípidas) y, sin embargo, ya en Infiltrados tuve que reconocer que hacía una buena composición. En este caso, y aunque Sam Mendes se encarga de que su mujer lidere la función regalándole los mejores planos, es di Caprio quien más me interesa, construyendo un personaje complejo a la vez que cercano, muy próximo al Don Draper de Mad Men.
Desde luego que no es una película redonda, pero al menos es una aproximación interesante a las relaciones de pareja. Y, de nuevo, en un año de cine más que mediocre -por no hablar del bodrio general que ha sido el cine español, en el que no he visto una sola película con un diálogo de pareja creíble-, este intento merece, cuando menos, el esfuerzo de acercarse al cine a verlo. Algunas de sus líneas de diálogo -y muchas de las miradas de sus actores- hacen que dicho esfuerzo se vea, por momentos, recompensado.

9 comentarios:

coxis dijo...

Reconozco que hace tanto tiempo que no me removía (las últimas veces que he ido al cine me he removido producto del aburrimiento) a ratos en la butaca al escuchar ciertas cosas y contemplar ciertas miradas... No sé si será obra maestra, buena o regular, pero desde luego que recomiendo su visionado

Cinephilus dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Coxis. A mí también me removió, me inquietó y me hizo pensar. Solo por eso ya merece la pena ver esta película.

3'14 dijo...

No quise comentar nada ayer pues, precisamente tenía previsto verla esa misma noche.

Cuando dices:
"No es, por tanto, una película que aborde la vida conyugal desde los planteamientos de siempre: distanciamiento por infidelidad, incompatiblidad de caracteres, falta de tiempo... Todos estos factores se convierten aquí en consecuencias más que en causas, porque el guión ahonda en los dos miembros de la pareja como individuos y así es como consigue que entendamos por qué son ellos quienes no consiguen entenderse." No puedo estar más de acuerdo. Siempre he pensado que todos estos factores no son más que consecuencias en la gran mayoría de las veces y no causas como se pretende anunciar tras una crisis, o separación de pareja.
El principal problema que veo y por el cual surgen este tipo de infelicidades vitales es que, desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados a preferir mantener una vida insatisfactoria y vacía por comodidad que luchar por lo que realmente queremos (eso en el caso de habernos detenido a pensar en lo que queremos) En una de las escenas en las que discuten, ella le recrimina a él que empieza a creer que no quiere cambiar su forma de vida por miedo a fracasar. Ahí me dolió particularmente. Porque tantas veces he manifestado mi opinión como la del personaje supuestamente enajenado, cual más lucido entre todos ellos, y sin embargo, he obrado como la más cobarde.

Aunque debo decir también que en su conjunto la película me ha dejado más bien tibia. Previsible, cargada de estereotipos y con esa crítica, como comentas, hacia las relaciones convencionales la cual me ha molestado en alguna ocasión, como si por el hecho de aspirar a tener una apacible (en la medida de lo posible) vida de pareja con un trabajo que te permite vivir desahogadamente y formar una familia, fuera de lo más despreciable. Habrá quienes pongan toda su ambición en ello y no por ello deben ser menospreciados. ¿Me estaré haciendo mayor? Porque, la película me transmite la sensación de que nadie puede ser feliz con un tipo de vida así y no creo que sea justo. Los protagonistas porque se ven más especiales que los demás, la pareja de amigos viviendo una farsa jugando a la feliz familia, los vecinos... ese gesto final de desconexión total para no oir... Un panorama nada esperanzador, francamente.

En mi opinión, nadie tiene una vida al 100% satisfactoria, pero eso no impide que se puedan tener momentos de felicidad, porque de no ser así, la tasa de suicidios aumentaría considerablemente. O me engaño, como apuntaba en un principio por comodidad, por supervivencia... no se...

dexter dijo...

A mí la película me parece sumamente interesante, no me dejó nada tibio y sospecho que no es unq película que deje tibio ni indiferente y a juzgar por los comentarios que voy oyendo por aquí y allá.
Mi opinión personal es que April Wheeler no iba a ser feliz ni en París ni en ningún lado. Sostengo la tesis, bueno no sé si es mi tesis pero se trata de crear un poco de cizaña al fin y al cabo ¿no?, bueno pues eso, que mi tesis es que el personaje de Kate es el de una fracasada y el viaje a Paris no es más que una huida hacia adelante para escapar de una existencia que prevee fracasada de antemano. Menudo pifostio le organiza al pobre Leo nada más empezar la película en el coche echándole las culpas de su fracaso como actriz. La insatisfacción es algo previo a la infelicidad. Por eso, Kate nunca podría ser feliz ni en París ni en Tombuctu ni en ningún lado. Siempre querría más.
La película no me parece en absoluto un viaje a ninguna parte, podemos seguir girando y girando en torno a ella. Por cierto, todo el mundo alaba el trabajo de Winslet pero a mí me gusto mucho más Leo. A ella la veo pelín sobreactuada a veces. Y a él muy guapetón.

Cinephilus dijo...

Interesantísimos vuestros comentarios. Solo añadiré un detalle: cuando lo titulé "viaje hacia ninguna parte" me refería precisamente a ese intento de huida frustrado que señala Dexter. Y es que, como él, yo también creo que los personajes no encontrarían su felicidad ni en París ni en ningún otro sitio, puesto que ellos mismos -y su fracaso individual- son la causa de su infelicidad.

SisterBoy dijo...

Cinephilus estamos de acuerdo en casi todo con la excepción de que yo soy un detractor de las dos primeras peliculas de Mendes.

De resto, ya te digo, estamos de acuerdo en todo, desde ese prólogo-resumen(de hecho opino que en realidad todo lo que había que contaqar se contaba en esos tres minutos)hasta ese final alargado y sobrecargado.

SPOILER


No sé si estaras de acuerdo conmigo en haber terminado la pelicula con esa escena del desayuno en la que ella parece por fin aceptar el modo de vida en el que ambos estan ya metidos hasta el cuello. ¡Ay esas adpataciones fieles!

Cinephilus dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo, Sisterboy. Mi chico y yo comentamos EXACTAMENTE LO MISMO al salir del cine. Qué pena que el final no hubiera sido ese en lugar del que realmente es... Eso sí, me dejas intrigado: ¿por qué no te gustaron sus dos primeras pelis? Me lo tienes que contar, please

SisterBoy dijo...

Bueno algo de eso avanzo en mi propio comentario pero vamos las encuentro demasiado teatrales en el peor sentido de la palabra

Anónimo dijo...

Hamlet, después de todo este tiempo, no puede dejar de dudar. Será porque es lo único que le permite respirar.