18.2.09

Leer el cine


Domingo. Cines Verdi. Siguen siendo mis -nuestros- favoritos. La sesión de las ocho y media está llena. La gente se amontona ante Slummdog millionaire (ya hablaremos de ella en otro post) y The reader. Dos propuestas diferentes pero interesantes. Divergentes pero necesarias. Resulta algo angustioso encontrar la butaca en la sala. Sentarse. Encontrar la calma para ver el filme de Stephen Daldry a pesar del agobio pre-oscar. Son tiempos difíciles para quienes amamos ir al cine con o sin alfombra dorada. Pero es natural que la cercanía del tío Oscar atraiga a más público del habitual. Las filas se mezclan, se colapsan, se agolpan... Y la magia del cine, una vez más, detiene el bullicio en un ejercicio de buen cine.

No es una película recomendable sin más. Es una película especial, absolutamente artificial, evidentemente poética. Y, por supuesto, con todos los subrayados -estructurales, formales, visuales- a los que nos tiene acostumbrados su director. Así pues, detractores de Daldry, mejor no vayan. Tampoco es una película de acciones emocionantes, ni siquiera el misterio se sostiene con la eficacia con que lo hace en la novela. Sin embargo, es una gran película de sentimientos, de culpa, de pasión y, sobre todo, de atmósfera.

Pocos largometrajes he visto recientemente con tanta capacidad sensual como este, donde la primera mitad es una hermosísima historia de amor y sexo contada con tanto lirismo como falta de pudor, con tanta verdad como poesía. Y no resulta fácil arriesgar y fundir el erotismo con la buena literatura cinematográfica, porque el salto a lo cursi o a lo vacuo se puede dar con excesiva facilidad. Los actores, espléndidos, incluso aunque el maquillaje esté a años luz de lo que uno espera de esta producción (¿es el mismo pésimo maquillador de Las horas?). Pero eso poco importa, el romance es envolvente, inquietante, confusamente reconocible. Los silencios -el diálogo escasea en el filme: se agradece- lo dicen todo.

Y después de esta primera mitad, irrumpe el tema de la duda, de la culpa, del remordimiento. Del tiempo que pisa los talones de los actores y los condena a mirarse en espejos que, como si fueran émulos tardíos de Dorian Gray, los deforman y les devuelven sus miserias, sus pasados, sus cicatrices. El tiempo no parece curarles, tan solo les da nuevas perspectivas que, como ocurre en la excelente escena entre el personaje de Ralph Fiennes y la superviviente judía, no desembocan jamás en una catarsis. Lástima: por eso la Historia -y la historia, la personal- es tan dolorosa.

No hay momentos -salvo alguna excepción- de la intensidad de Las Horas. Resulta difícil repetir el milagro de una de las películas que más me han gustado jamás (Julianne Moore siempre está en mi memoria desde aquel personaje), pero sí que se respira ese mismo aire de intensidad poética que funde el barroquismo con la sensorialidad modernista. Y, por si fuera poco, el juego intelectual (los libros -Odiseo y Circe- omnipresentes en todo el filme) consigue sumarle más y más capas semánticas -y semióticas- que harán las delicias de quienes disfruten con estos juegos de artificio.

Y no, no es una película que ni siquiera se esfuerce por ser del todo verosímil. Pero no se trata de eso. Así que si van a verla tendrán que dejarse llevar por su atmósfera. En el fondo, hay en ella tanto retorcimiento formal y argumental como en el Benjamin Button de David Fincher. Pero ambas respiran verdad y emoción. Y ambas forman parte del primer conjunto de películas americanas que, en bastantes años, realmente merecían su nominación al Oscar. Personalmente, no podría elegir... Que lo hagan, si pueden, los académicos.

5 comentarios:

SisterBoy dijo...

Jajajaja Cinephilus yo también estoy bajo el sindrome de stress pre Oscars. Todavía me quedan tres por ver.

Estoy de acuerdo en tu comentario, la película es impecable y yo me quedo sobre todo con el primer tercio (yo en vez de en dos, la he dividido en tres)que me parece el cine en estado puro, sin más explicaciones. Explicaciones que la película sí pide más tarde pero que lamentablemente no se dan

Cinephilus dijo...

Jajaja, pues ya somos unos cuantos los estresados, Sisterboy, por mi hermano, mi pareja y yo andamos como locos viendo pelis oscarizables ;-) Este año la velada de los Oscar se presenta dura. Cuánto buen cine, ¿verdad? :-)

3'14 dijo...

Pues The Reader no la he visto, pero vamos, con lo visto hasta el momento, espero que esa frase tuya final del anterior comentario sea pura ironía ;)

Espero tu post sobre Slumdog millionaire, ayer la vi y siento una profunda decepción...

Anónimo dijo...

Ya he visto las cinco nominadas y quizá me quede con The reader (y para mi sorpresa, Kate Winslet está estupenda). En realidad, ninguna de las cinco me ha parecido redonda al 100% pero las cinco me han parecido interesantes. Sigo creyendo que la mejor del año es El caballero oscuro... A ver qué deciden mañana. Besotes cinéfilos

P. Parker

Cinephilus dijo...

Hmmmm... Me temo, Peter y 3,14, que esta vez disiento. Personalmente sí que me han gustado mucho algunas de las películas que optan al Oscar como esta The reader, por ejemplo. Y en cuanto a El caballero oscuro, querido Peter, aun gustándome mucho el trabajo de Nolan, me parecen mucho más redondas e interesantes las películas de Boyle (Slumdog), Vas Sant (Milk) y Fincher (Benjamin Button). Sobre todo porque la primera no creo que resista tan bien el paso del tiempo como estas últimas... Aun así, habrá que debatirlo ;-)
En el próximo post hablamos de Slumdog... Y de los Oscar, claro.