10.3.09

Tienen razón (Sobre la educación I)

Dos son los (¿nuevos?) debates que, sobre la educación, parecen haberse desatado estos últimos días. En su aparición ha influido enormemente tanto el enorme tacto de personajillos como Esperanza Aguirre, siempre dispuestos a aportar su granito de arena al desprestigio de los servicios públicos, como la tarea de ciertos medios de comunicación supuestamente concienciados y a los que, de repente, todo parece importarles un bledo (como El País, incansable en su ataque a los profesores y centros escolares en estos últimos meses). El primero de los debates tiene que ver con las excelentes e inmerecidas condiciones laborales de los docentes. El segundo, se centra en la conveniencia de separar a chicos y chicas dentro de las aulas. Hoy nos dedicaremos solo al primero de ellos. Y en el siguiente post, haremos lo propio con el segundo...

En lo que se refiere a los profesores y su trabajo, el debate es sencillo y más bien breve. Y lo resumiremos así: ellos tienen razón. Sí, tienen razón en que -y voy a hablar de las condiciones de quienes somos funcionarios de la enseñanza pública: en la concertada y en la privada esto empeora- trabajamos solo dieciocho horas a la semana. Además, son dieciocho horas en las que nos limitamos a leer el libro de texto mientras treinta (o más) alumnos por clase -desde los doce hasta los dieciocho años- nos miran atentos, en silencio y embobados ante nuestro saber. Tienen razón en que dar esas clases no exige preparación en nuestra casa, en que no nos documentamos, en que no buscamos métodos pedagógicos para impartir esos conocimientos, en que no hacemos nada más allá de esas dieciocho horas donde nos limitamos a leer lo ya escrito por otros. Tienen razón en que no hacemos exámenes, ni corregimos, ni nos reunimos para evaluar a los alumnos: ponemos las notas aleatoria y arbitrariamente, como debe ser. También tienen razón en que es un trabajo cómodo, sin presión -ni de alumnos, ni de padres, ni de la sociedad-, donde no nos jugamos nada -qué importa educar bien o mal en los institutos, tan solo estamos hablando de los adultos del mañana- y donde todo son parabienes para el profesor, tan bien visto y valorado socialmente. Sí, es obvio, tienen razón en que es un trabajo que no nos llevamos a casa, que no nos persigue, porque no contemplamos problemas sociales, ni situaciones familiares diversas, ni nos afectan nuestros alumnos, a los que vemos como si fueran marcianos y con quienes no se establece lazo afectivo alguno. Además, tienen razón en que tampoco ejercemos como tutores, ni debemos atender a los padres, ni dedicamos más horas de las que pone nuestro horario a tratar de sacar nuestra tutoría adelante. Tampoco dirigimos grupos de teatro escolares, ni coordinamos revistas o periódicos del instituto, ni nos llevamos a los chicos de excursión, ni viajamos con ellos arriesgándonos al asumir tanta responsabilidad, ni coordinamos departamentos, ni hacemos nada que no entre dentro de esas famosas dieciocho horas. Y sí, tienen razón, el curso debería acabar más tarde y empezar antes, porque en julio los alumnos rendirían mucho más, ya que el calor, como todo el mundo sabe, es muy beneficioso para la concentración académica; además, quién necesita los primeros días de septiembre para corregir exámenes extraordinarios y preparar el siguiente curso: leer el libro de texto no requiere preparación, así pues, empecemos el mismo día 1 e improvisemos. Y por último, también tienen razón en que nuestras condiciones son muy cómodas, porque no hemos tenido que superar unas oposiciones, ni hacer exámenes larguísimos durante tres días, ni superar unas pruebas tanto de conocimiento como de capacidad didáctica, ni sufrir unas interinidades, ni debemos seguir haciendo cursos obligatoriamente para reciclarnos y no anquilosarnos, ni nos envían a trabajar a pueblos, ciudades e incluso provincias diferentes a la nuestra, ni tenemos que buscar los medios para conciliar vida social y familiar, ni nos inquieta esa continua movilidad y los kilómetros de carretera que nos hacemos en según qué destinos.

Así pues, y lejos de querer quitarles una razón que, por derecho propio, les pertenece, solo me limito a aconsejar a todos los que piensan así que dejen de quejarse de una vez y se dediquen a la docencia, esa panacea universal que ellos mismos ponderan y envidian. Que opositen y ejerzan como profesores de Secundaria y Bachillerato para que entiendan cuánta razón llevaban y comprueben cómo este trabajo no requiere ni un ápice de vocación, ni de entrega, ni de entusiasmo casi quijotesco. En realidad no es más que pura -y sencillísima- burocracia.

8 comentarios:

Arual dijo...

Ahí lo has dicho, los que tan bonito lo ven todo que se metan ellos en el fregado. Mira cuando acabé mi licenciatura en económicas pensé momentáneamente en opositar para profesora de secundaria y algo me frenó. Imaginé el trabajo diario frente a 30 adolescentes, tratando que me escuchen, perdiendo la paciencia, y entonces lo ví claro, no tenía vocación pedagógica, y sabes estudié esta carrera porque me gustaban el mundo empresarial y las matemáticas, no para explicar quien era Keynes en una clase abarrotada de jóvenes. Así que decliné la opción. Nunca puedes decir de este agua no beberé, claro está, pero hoy por hoy ni me lo planteo. Admiro el trabajo que realizáis a diario y ahora que tengo un hijo aún lo admiro más. Me ha encantado tu post. Ah! Y prometo presentar oficialmente a mi peque en breve. Besitos!!

coxis dijo...

No se puede decir más claro...

Alba dijo...

Hablo como alumna de un instituto. Y sinceramente veo el sarcásmo y la ironía que hay escrita en este post. (al menos así he querido leerlo) Creo saber cómo funciona un instituto (a medias) muchos son distintos. He tenido la oportunidad (dichosa oportunidad) de estar tres años en un colegio concertado y, la verdad, han sido los más apoteósicos de mi vida. Tal vez sean ellos a los que no les importa la enseñanza, los que no crean vínculos con los alumnos, los que no se leen el libro de texto, ni dirigen departamentos y tampoco llevan grupos de teatro ni tan siquiera crean periódicos para el instituto. A algunos les toca más que a otros. Pero, con el corazón en la mano lo digo, todas las niñas soñamos de pequeñas con ser profesoras y dedicarnos a enseñar niños. Y el sueño se está virtiendo en un cementerio. El cementerio de los sueños... A lo mejor los más `pequeños son más manejables pero hoy en día apenas hay profesores que quieran dedicarse a los alumnos de la e.s.o. Jamás (hablo irónicamente) un alumno ha agredido a un profesor... ni verbal ni físicamente. Tal vez a un jefe de estudios si lo han tirado por las escaleras. Pero ¿cuándo le ha tirado un alumno a un profesor un estuche al ojo? ¡¡NUNCA!!
Pooor favor. Sobre todo... la educación es sólo para los más listos (osea, los que tienen pasta) ¿Quién tiene pasta hoy en día? No hablo por la crisis. Pero creo que pretenden crear un mundo de analfabetos. Por si ya faltara poco...
En fin...
Ahora... quisiera hablar del tema segundo. claro que es necesario separar a las niñas de los niños y no en aulas distintas, ¡¡¡en colegios distintos!! ¿Porsperidad? Claro... como en los tiempos de Franco. Ahora las niñas debemos llevar un burka como los marroquíes y no enseñar ni la zuela de los zapatos.

Un beso!

SisterBoy dijo...

No se si te he contado que tengo un amigo profesor de secundaria (o como carajo se llame ahora) que me contó que de los sesenta minutos que dura cada clase debe invertir al menos quince unicamente para que sus alumnos entren en el aula, se sienten y saquen el cuaderno. Y así todos los días.

No creo que haya dinero para pagar eso.

Cinephilus dijo...

Seguro que Coxis también nos puede contar alguna anécdota del gremio, Sisterboy. Yo te puedo asegurar que algunos de mis compañeros se conforman con, de esos 60 minutos, poder dar 15 -como mucho- de clase. El resto consiste en otro tipo de tareas entre policiales y parentales, porque se ve que eso de que los padres ejerzan de padres ya no se lleva...

3'14 dijo...

El de profesor/a es un trabajo que requiere absoluta vocación. Y aun con esas, muchos son los que pese a su inicial entusiasmo terminan por tirar la toalla en el intento (lo se por personas cercanas a mí que se dedican a este oficio). Es muy duro enfrentarse día a día a la batalla que suponen las aulas. Y no hablo con ironía.
Y es cierto, los padres somos los principales responsables (y CULPABLES)de esta situación. El primer pilar de la educación, lo he dicho siempre, reside en el seno familiar. La escuela debe ser un refuerzo, básicamente de adquisición de conocimientos y por supuesto educacional, pero como complemento porque durante las horas de estudio forman parte de una comunidad en donde como en todo lugar se rige por unas normas, pero la base debería provenir de casa y aplicarla en la convivencia escolar. Eso facilitaría la labor de los docentes, dedicándose principalmente a sus tareas. Si fuera así (cosa que duda mucho que jamás vaya a suceder) entonces podríamos hablar de lo privilegiados que son los maestros.

Un beso y mi apoyo incondicional a los muchos profesionales de tu gremio que hacen un estupendo trabajo.

Anónimo dijo...

Suscribo cada palabra.
Cinephilus, ¿sería muy problemático (laboralmente hablando) que, con los retoques necesarios, enviases este post como Carta al Director al diario El País? CReo que es fundamental una reivindicación, un manifiesto, un grito al aire... Yo firmaría también si lo ves necesario.
Un beso enorme y gracias

Sinclair

Anónimo dijo...

Ay profe, aunque seamos alumnos muchos nos damos cuenta de estas cosas y aunque parezca que no, muchos valoramos lo que hacéis.