8.3.09

Über-qué?

En su lenta, pero contudente, caída hacia la estupidez profunda, el suplemento dominical de El País nos regala esta semana un suplemento de moda y estilo masculino plagado de clichés y donde, para colmo, casi no hay un solo tío guapo que llevarse a la vista. Aparte del enorme desperdicio de papel que ello supone (que aprendan de Bikkembergs, ellos sí que saben), resulta entre ridículo y lamentable encontrarse con una doble página firmada por un autor que, en vez de esto, debería dedicarse a redactar horóscopos en el 20 minutos, donde se acumulan términos tan útiles y necesarios como ecosexual, googlesexual, fauxmosexual, vitalsexual, retrosexual, übersexual, technosexual o pomosexual, entre otras crudezas morfológicas que mi pudor de lingüista me impide transcribir aquí. No me parece mal que, de vez en cuando, aparezca algún que otro neologismo con el que intentamos bautizar realidades más o menos novedosas -aunque también esto último sea discutible-, como el ya más que conocido metrosexual, pero de ahí a reinventarnos cada dos días una nueva tipología para seguir dando culto al cliché, el estereotipo y la vacuidad creo que hay un abismo. Lo mejor es que este tipo de clasificaciones solo sirven precisamente para eso, para encasillar, jerarquizar y, desde luego, para diferenciar, así que gracias a estas memeces de dominicales conseguimos dibujar más compartimentos estancos donde seguir dándonos tribus en las que sentirnos menos perdidos, por aquello de que tener una identidad no etiquetable parece un reto de cumplimiento casi imposible. Además, hasta que no asumamos que la masculinidad puede ser tan normal, compleja, variopinta e interesante como la femineidad, seguiremos alimentando el pensamiento misógino y cavernario de unos cuantos. Y de unas cuantas. Lástima.

Y aunque no tengo muy claro en qué etiqueta -übersexual, tal vez- entraría Clint Eastwood, hoy le dedicamos el post a su última creación, Gran Torino, una fábula moral -que no moralista- en la que nos demuestra que, haga lo que haga, siempre será ya un clásico. Y no, no es perfecta, ni es su mejor filme, ni ha redescubierto el cine, ni... Simplemente se ha limitado a contar (bien) una historia, a darle una vuelta de tuerca a su estereotipo (¿es su Walt una revisión octogenaria de Harry el fuerte?) y a proponernos un final estupendo para una película que se sostiene en un clasicismo narrativo evidente y en un humor ácido, bien distribuido y políticamente (casi) incorrecto.
Y de nuevo, un tema interesante. Y sí, la parodia grotesca del entorno familiar que ya trazó en Million Dollar Baby pero que aquí, sin embargo, me cuadra mucho más. Tal vez porque hay un deje hiperbólico en el conjunto, porque el acercamiento a las otras culturas se hace planteando con humor las diferencias, porque el personaje de cascarrabias que representa en el filme es un prototipo -un über-algo- del cine y de la literatura.

Teniendo en cuenta que el Fotogramas de plata de este año a la mejor película española ha sido para el aburrimiento susurrado de Tiro en la cabeza, del sobrevalorado y pedantísimo Jaime Rosales (sí, el mismo que nos durmió dividiendo la pantalla en dos mitades -igualito que Rock Hudson y Doris Day- en La soledad), se agradece que se sigan estrenando películas donde sí pasan cosas y, oh sorpresa, hasta se habla de ellas. Películas donde no se tiene miedo a la narratividad, ni a la creación de personajes (hay algún secundario estupendo, como la joven china, el propio adolescente protagonista o hasta el sacerdote, que empezó aburriéndome y acabó interesándome), ni a fabular, ni a inventar, ni a emocionar, ni siquiera a hacer reír. Películas como las de Clint Eastwood, que es un grande desde hace años y que hasta con un guión no del todo brillante -como es el caso- hace un largo más que respetable y compone un personaje que es un homenaje -paródico y esperpéntico- de sí mismo. Además, teniendo en cuenta lo atractivo que está (¿de verdad tiene la edad que supuestamente tiene?) y la intensidad dramática de su mirada, no deja de ser triste saber que esta es, según sus palabras, su última interpretación. Aunque solo fuera por despedirlo, ya habría que verla.

Y luego, según El País, pónganle al bueno de Clint la etiqueta que prefieran. Seguro que hay algún híbrido equis-sexual de esos que le quede bien... Yo, desde luego, pienso pasar lo que queda de noche dominical buscando el mío.

5 comentarios:

coxis dijo...

anda que vaya con el suplemento... O pierdo veinte kilos o no me cabe ná de lo que venden...

Cinephilus dijo...

jajaja... ni caso, coxis; más que un suplemento sobre moda para hombres parece un especial de moda para bebés y adolescentes imberbes... en fin

SisterBoy dijo...

Menos mal que al menos hay alguien que, sin dejar de valorar la película, hace notar sus evidentes deficiencias. Creo que es la postura correcta y la que yo pienso adoptar en mi propio comentario aunque me da la impresión de que voy a ser más duro que tú.

inquilino dijo...

Reconócelo: lo que tú buscabas era una excusa para colgar las fotitos de Bikkembergs.

El EPS cada día separece más a la Nueva Vale. Sólo les queda echar a Marías y lo habrán logrado. Ánimo, ya falta menos.

Arual dijo...

Pues sí es un especial de moda para bebés me lo pillo querido Cinephilus, aisss cuánta chorrada con tanto palabrejo raro y tanto estereotipo... ¿acaso no recordamos que somos personas?

Qué ganas le tengo a GRAN TORINO, que con sus deficiencias, seguro que es otra joyita como todas las que hace mi adorado Clint!!