23.4.09

La noche de los libros

En Barcelona, Sant Jordi. En Madrid, la Noche de los libros. En todas partes -gracias a Shakespeare y a Cervantes-, el Día del libro. En consecuencia, dejo caer aquí dos de las lecturas -una textual y otra cinematográfica: ¿no es el cine otra forma de literatura?- que más me han interesado recientemente...

1. Indignación, de Philip Roth

No es una novela perfecta, ni redonda, pero sí una obra interesante y con una hábil creación de personajes. La pluma de Roth sabe taladrar la conciencia del lector y, sobre todo, conoce los secretos para contagiarnos el estado de ánimo -el desconcierto, la ira, la desolación, la búsqueda, la angustia, la ansiedad- de su protagonista, arrastrándonos a nuestra propia adolescencia y, en el fondo, a cualquier edad, pues en todas tenemos esos miedos supuestamente adolescentes, esa necesidad de seguir construyéndonos con y a pesar de los demás. Es inevitable pensar en Salinger al leer esta obra, e incluso preguntarse por qué Roth no ha sido más ambicioso en su construcción, pero sus diálogos, sus aceradas descripciones y su capacidad para convertir una anécdota en toda una tragedia compensan sus carencias. La lectura no lleva más de una tarde -un par, a lo sumo- pero tampoco deja indiferente, como los best sellers policiacos -suecos o no- que hoy inundan las librerías. Roth no necesita tejer crímenes ni alimentar falsos suspenses para que nos interesen sus palabras, a él le basta contar (bien) una historia y reflexionar (con seriedad, pero sin pedantería) sobre las emociones y las redes (sociales, familiares e institucionales) que las sustentan, dificultan o impulsan.

2. Hace mucho que te quiero
Recién editada en dvd, esta película bien merece la oportunidad que no tuvo (al menos, no del todo) en las salas. No sé por qué no la vimos en su momento -supongo que se nos acumularían los títulos- pero ha sido un placer descubrirla y acompañar a los personajes (especialmente a esas dos grandes actrices, aunque no podemos olvidar lo acertado y necesario de los secundarios masculinos) en su dolorosísimo viaje. De nuevo, en este caso, la intriga -que la hay- es lo de menos y la información no se omite para intrigarnos o para jugar con nosotros, sino porque es necesario que la trama fluya con silencios y elipsis para darnos tiempo a conocer a los personajes en toda su compleja ambigüedad. Ni siquiera el final es evidente, aunque sí ligeramente catártico. Aun así, el autor evita lo lacrimógeno, lo facilón, y nos entrega un drama seco, profundo, intimista y que no se oculta en parafernalias culturalistas -como hace el último y fallido Almodóvar- para narrar una historia auténticamente emocionante. Hace mucho que te quiero contiene en cada escena mucha más emoción que Los abrazos rotos en todo su metraje, quizá porque la primera no renuncia en ningún momento al género al que pertenece y no necesita frases grandilocuentes para narrar el amor y el desamor de los personajes. Quizá porque utiliza con inteligencia dos herrramientas en las que el discurso cinematográfico se distingue de la literatura: la elipsis y el silencio, dos armas que si bien también son y han sido literarias, rara vez -con excepciones como el paseo en coche de Madame Bovary- han encontrado una expresión tan perfecta como encuentran en el vehículo del cine. Tampoco en este caso hay que esperar una obra maestra -en realidad, esperar algo así mata a cualquier obra artística: solo pueden serlo si les damos la oportunidad de emocionarnos-, pero sí es un filme diferente, interesante y muy adulto. Otra muestra de que mientras el cine español continúa enfrascado en el topicazo -con la moralina de Mentiras y gordas o el humor de brocha gorda y totalmente sonrojante de Fuga de cerebros y similares-, hay quienes -fuera de nuestras fronteras- siguen haciendo cine de calidad. Así que, a pesar de todo, nos queda la esperanza.

2 comentarios:

inquilino dijo...

Pese a todas su imperfecciones, tengo auténtica debilidad por Roth. Me lo apunto :-)
Besitos

SisterBoy dijo...

Yo sólo he leido "The dying animal" (no recuerdo el título en España) y porque era el origen literario de una película que quería ver (Elegía, la de Coixet). No está mal pero supongo que la imagen de un sexagenario yaciendo con una veinteañera es demasiado extravagante. También me leí el relato corto "El pecho" que me gustó mucho. En cuanto a "El síndrome de Portnoy" la dejé a poco de empezar porque me estaba resultando incluso desagradable.

Aun así tomo nota de tus recomendaciones literarias y cinematográficos y me alegra ver que también eres de la opinión de que un blog debe servir, entre otras cosas, para dar a conocer películas que en su día tuvieron suerte inmerecida en la cartelera.